Radioshack, fusiones que matan

Radioshack, fusiones que matan
Algunos integrantes de Radioshack, entrenando por Holanda antes de los Mundiales. Foto: Radioshack-Nissan-Trek.

La temporada 2012 baja el telón, definitivamente, el próximo sábado, tras disputarse la última etapa del Tour de Pekín. Hasta enero no volverá la actividad al pelotón profesional, pero los fichajes, las altas, las bajas, los traspasos, las licencias World Tour y las concentraciones de pretemporada siguen avivando la llama que mantiene el ‘mono’ de ciclismo durante el anodino otoño y el frío invierno.

Todo ese vaivén burocrático y mercantilista siempre nos suele traer, a primera línea de actualidad, algunos movimientos rocambolescos, u otros casos dignos de folletín. Si el invierno pasado el asunto ‘Geox’ copó gran parte de los titulares de la prensa ciclista, este año son los chicos de Radioshack los que adquieren el ‘dudoso’ honor de calentar las vacaciones. Rencillas irreconciliables, ausencia de jerarquías, desorden, actitudes anárquicas, rebeliones internas, impago de nóminas y escándalos de dopaje. La entente Radioshack-Leopard es la historia de un amor imposible. Y esto no ha hecho nada más que empezar o, por el contrario, ¿es el principio del fin? Nada es absolutamente seguro dentro de una de las estructuras más potentes y a la vez más surrealistas del profesionalismo.

Indisciplina, desorden y anarquía son algunas de las sensaciones que deja el equipo

Para empezar, Radioshack continúa la colaboración con sus socios de Leopard, capitaneados por el magnate luxemburgués Flavio Becca, hasta finales de 2014, año límite del acuerdo. No existe ninguna información que afirme lo contrario, pero las espantadas de Nygaard y Andersen (directores deportivos de Leopard) antes del Tour, unido a la falta de resultados de espesor y a la huida de uno de los patrocinadores, Enovos, tras el positivo de Frank Schleck, hacen prever una posible desunión antes de esa fecha. Por si esto fuera poco, los rumores aparecidos en la prensa danesa, antes del Tour, sobre los problemas financieros de la sociedad de Becca, que pueden estar relacionados con el retraso en el cobro de las nóminas de algunos corredores, no hicieron sino echar más leña al turbulento fuego.

Dejando de lado la estructura económica, el segundo punto de conflicto recae en el mánager general del equipo, Johan Bruyneel. El belga no asistió como director deportivo al pasado Tour de Francia, debido a su imputación en el contencioso USADA-Armstrong, junto a varios médicos del US Postal. No sólo no dirigió desde el coche a sus pupilos en la ronda francesa, que posteriormente ganarían la clasificación por equipos de manera insólita, sino que desde entonces ha dejado de ejercer sus funciones en el resto de carreras. Y aún queda lo peor. Bruyneel será llamado a declarar antes de final de año y deberá preparar su defensa para salir como pueda del atolladero. En esta tesitura, será muy difícil seguir gestionando con eficacia un bloque deportivo sediento de victorias, con dos líderes muy contrastados (Cancellara y Andy Schleck). Radioshack puede adolecer, en la próxima campaña, de la misma o peor falta de mando que se ha podido percibir hasta ahora.

El bloque apenas se ha reforzado para el próximo año

Todo ello repercutirá, a buen seguro, en la preparación de los ciclistas para el próximo ejercicio. La planificación de los calendarios, el establecimiento de jerarquías o las concentraciones invernales tienen visos de ser cualquier cosa menos algo ordenado y profesional. Mientras que Sky, Omega Pharma o Astana están conformando estructuras muy compactas, Radioshack apenas ha fichado corredores contrastados. Kiserlovski es su gran novedad, algo, que atendiendo al presupuesto y a la naturaleza de este equipo, está un punto por debajo de las expectativas. Devolver, despechado de Vacansoleil por su falta de rendimiento, es otra de las incorporaciones.

Con Frank Schleck esperando el veredicto sobre su positivo en el pasado Tour, tras la marcha de Fuglsang lanzando sus correspondientes dardos; después de irse Zaugg, Bennati y con Kloden, Voigt, Horner o Zubeldia al borde de la retirada, el panorama se presenta muy negro. Y lo peor ni siquiera está ahí. La clave de la continuidad o no de la fusión para 2014 dependerá de la inspiración de sus dos líderes, que por diversas razones, no están en su momento de gracia, teniendo que sudar de lo lindo para presentarse en febrero en buena forma.

Comencemos con Andy Schleck, la punta de lanza del proyecto. Tras un 2012 nefasto en todos los frentes, el talento luxemburgués quiere volver a empezar, otra vez, de cero. Muchas decepciones, muchos puestos grises, muchas dudas y una imagen poco edificante. El pequeño de los hermanos parece seguir la estela de otros talentos que perdieron su potencial en el camino, por muy diferentes razones. Andy va camino de convertirse en un ‘Jan Ullrich’ aumentado de manera exponencial. Al menos el alemán ganó un Tour, entre otros logros.

Con una plantilla anquilosada, la salvación parece estar en los golpes de efecto de Andy o Cancellara

La falta de competitividad es manifiesta, llevando, desde el Tour de 2011 (en total, unos quince meses) fuera de los escenarios de máxima exigencia. Todo esto, unido a la ausencia de una planificación deportiva coherente y al estado anímico mostrado en las últimas semanas, tras perderse el Tour por una lesión de pelvis, no invita a esperar de él algo mínimamente decente con el cambio de año. El positivo de la otra parte del tándem, el de su hermano Frank, que codea seriamente con la sombra, es la guinda del insípido pastel.

Todos recordamos la explosión precoz de Andy en 2007, augurando el advenimiento de un ‘supertalento’ nunca antes visto, capaz de ganar en multitud de terrenos (grandes rondas, clásicas o vueltas de una semana). Pero su gráfica evolutiva no hace sino descender a tumba abierta conforme pasan los años. Andy ha de cambiar su preparación de cara al Tour. Aparte de que tenga un equipo adecuado o no, está obligado a competir el doble de lo que hace habitualmente, si quiere llevarse al ducado un amarillo ganado en buena lid. Por otro lado, la competencia aumenta, cristalizando cada vez más, y él se queda atrás, avanzando a paso de ermitaño.

Algo más halagüeño se presenta el futuro de Fabian Cancellara, pero sin librarse del halo de pesimismo que rodea a su estructura. Al contrario que Andy, es un trabajador nato. Ama la bicicleta por encima de todo. Es metódico y obsesivo, tanto que eso le ha traído más de un disgusto. El suizo ha fallado de manera sistemática en sus dos principales objetivos del año: el Tour de Flandes y los Juegos Olímpicos de Londres. Y lo peor de todo, ha sufrido, tanto física como mentalmente. Esto último lo ha lastrado hasta tal punto que, tras los Juegos, Espartaco ha desaparecido del mapa, se refugió en el calor del hogar, intentando olvidar una temporada peor incluso que la anterior. El equipo no ha sido, ni mucho menos, su tabla de salvación. En estas últimas semanas, la comidilla periodística lo situaba en Saxo Bank, pero la imposibilidad de revocar con garantías su contrato con Radioshack (que termina en 2014) obliga al helvético a resignarse y preparar como pueda, sin unos gregarios de garantías, la temporada de clásicas, su principal objetivo.

La madeja se hace cada vez más y más grande. Radioshack tiene motivos suficientes para coger la aguja y deshilar, a base de ciclismo, la fatalidad de una unión condenada al ostracismo. El problema está en saber (o poder) volver a hilar fino.