Las sagas de los huevos de oro

Las nuevas entregas de los videojuegos que se van anunciando para lo largo de este año llevan a hacerse una pregunta que parece viene de lejos: ¿Se está perdiendo la innovación que había antaño en los videojuegos a favor de explotar determinadas sagas para conseguir beneficios?

Las sagas de los huevos de oro
Las sagas de los huevos de oro

Hace apenas un mes, la compañía nipona Capcom nos obsequió con el primer tráiler oficial de Resident Evil 6, probablemente y junto a Street Fighter y Megaman,  su saga más reconocida. En sus aproximados 3:20 de vídeo nos muestra las pautas generales de lo que será la última entrega (por ahora) de la saga. Pautas que intentan combinar algunos elementos originales de la saga como la mítica ciudad de Racoon City y los enemigos en forma de zombi, pero mantiene intactos aspectos de sus últimas entregas, es decir, la acción en favor de la exploración y de un miedo más visceral que psicológico.

Los comentarios por parte de los “jugones” no se hicieron esperar, y aquellos más fieles a la saga mantienen una cierta esperanza de volver a encontrarse con aquellas sensaciones que llevó a la saga RE a ser lo que es hoy en día. Sin embargo y como opiniones contrapuestas están los que argumentan que Capcom va a seguir explotando la fórmula iniciada con RE 4 que tan rentable le ha salido hasta hoy en día. Del debate entre estas dos ideas surge una cuestión que se lleva planteando desde hace ya algún tiempo en el mundo de los videojuegos: ¿Se están explotando demasiado ciertas sagas sólo para obtener beneficios? ¿Se está perdiendo aquella originalidad que hacía que cada juego tuviera vida propia y fuera completamente diferente a otro?

 

 

Los datos no se pueden obviar, y lógicamente las compañías son las últimas que lo van a hacer ya que miran por sus beneficios. Pero se está poniendo de moda la tendencia de que cada juego que obtiene una cierta buena crítica y sobretodo un volumen de ingresos considerable, sus creadores se ven con la “obligación” de aprovecharlo, en algunos casos hasta la saciedad sacando incluso entregas anuales o como mínimo, cada dos años. También se dan los casos de sagas que han cambiado radicalmente los planteamientos de juegos anteriores (en algunos casos los que dieron nombre a dicha saga) para amoldarse mejor a los gustos de los jugadores de hoy en día, que son básicamente juegos de acción. Obviamente, y por lo expuesto al principio, Resident Evil 6 se podría catalogar como una de estas sagas que está perdiendo su esencia propia.

Pero los casos que más irritan a los jugadores, son aquellos donde la originalidad brilla por su ausencia y los desarrolladores lanzan juegos y juegos de la misma saga muy parecidos entre ellos donde apenas se ven mejoras ni novedades de uno para otro y que dan la sensación de estar pagando un precio muy elevado por un juego que se podría considerar como una simple expansión, donde lo único que se cambia es la historia. Principalmente esto se lleva dando desde hace poco con dos sagas, Assassins Creed y Call of Duty, pero otras se están uniendo a la  también a la peligrosa moda.

 

 

La saga Call of Duty lleva lanzanda desde el año 2007 (contando desde Modern Warfare, el cuarto Call of Duty que abriría una” subsaga” dentro de la misma) juegos anualmente. Si bien es cierto que se han ido intercambiando entre un año y otro la desarrolladoras, siendo Infinity Ward la encargada de Modern Warfare 1, 2 y 3 mientras que Treyarch ha desarrollado World At War y Black Ops. Cabe decir a su favor que el nivel mostrado con la primera entrega de Modern Warfare fue tan alto que ha sido muy difícil superarlo en todos los siguientes, por lo que se aprecian pocas diferencias entre los 5 juegos. Esto unido a la corta duración de su modo campaña para un jugador (unas 6 horas) han hecho que las críticas se dirijan a recomendar que en lugar de lanzar juegos tan poco separados de tiempo, se centren más en intentar alargar su duración. Sin embargo por lo que son tan ampliamente vendidos (la saga más vendida de la nueva generación) es por sus modos , que unido a la popularidad de dicha saga, hacen que se pasen por alto los aspectos negativos de la poca evolución y se compren masivamente.

El otro caso ampliamente sonado es el de la saga Assassins Creed. Su primera entrega fue lanzada a finales de 2007, recibiendo buenas críticas. La segunda parte (que compartiría protagonista junto a las dos siguientes) se hizo esperar hasta el 2009, donde las críticas mejoraron. Pero el punto de inflexión llegó con la entrega de “La Hermandad” lanzada en 2010 y donde se dijo que reunía todas las cualidades de los dos juegos anteriores, con notas de sobresaliente. Sin embargo con su último juego, “Revelations” lanzado a finales del último año, sus notas hacen ver una cierta bajada de calidad. Bajada que se puede achacar a la falta de frescura debido a tres juegos en apenas 3 años y mostrando que se debe dar un cierto respiro a la saga. Sin embargo Ubisoft (la encargada de la saga) no se muestra por la labor y próximamente anunciarán la entrega que llegará a final de año.

Con estos dos ejemplos se pueden ver dos sagas que aun teniendo juegos notables, la explotación que sufren por parte de los desarrolladores para intentar sacar el máximo beneficio a su costa provocan una sensación de “más de lo mismo” que se transmite entrega a entrega. Así se pierde una cierta frescura que si se tenía antaño y que provocaban que cada entrega fuera esperada  y se convirtiera en todo un acontecimiento (aunque siempre haya habido compañías interesadas en explotar al máximo sus creaciones).  Como ejemplo  basta en pensar en las grandes sagas de los últimos 15 años: Super Mario, Metal Gear Solid, Zelda, Silent Hill, Final Fantasy, GTA o cualquier entrega de Team Ico. El tiempo medio de salida entre una entrega y otra no bajaba de los tres años debido a que sus creadores mimaban hasta el más mínimo detalle para que cada juego fuera perfecto, dando igual plazos centrándose en ofrecer la mejor calidad posible. También era de elogiar que aunque no se dieran unos beneficios previstos, las compañías arriesgaban y con esfuerzo si el juego había obtenido el respaldo de la crítica y de los jugadores, lanzaban una segunda parte, cosa que ahora sería inviable.  Pero ahora esto se ha perdido, ya que se sabe a ciencia cierta si un juego tendrá secuela o no, basta con mirar sus ventas, perdiéndose secuelas de grandes juegos que no han obtenido ventas suficientes, y estando saturados de sagas que lo único que tienen son beneficios.

Sin embargo para no generalizar también hay sagas de “nueva creación” que cuentan con una calidad sobresaliente y que con cada entrega superan a la anterior innovando en elementos que intentan hacerles diferentes. Un ejemplo de ellos es la saga Uncharted de Naughty, que con tres entregas en el mercado se puede decir que se ha convertido en una referencia en cuanto a los juegos de aventura y acción. Lógicamente la presencia de Naughty Dog, creadores de sagas como Crash Bandicoot y Jak and Daxter y ya curtidos en mil batallas de generaciones anteriores de consolas ha tenido algo que ver. O también los aclamados Gears of War, que aun variando escasamente su planteamiento con cada entrega demuestran una dedicación de más de dos años de trabajo mínimo.

 

 

Todo ello parece responder afirmativamente a que se esté viendo este mundo más como un negocio, cosa que en realidad siempre fue pero en ocasiones se ha mitificado tanto que se miraba casi desde una perspectiva artística y parecía que las compañías obraban altruistamente. Sin embargo mientras queden sagas y entregas que provoquen en sus jugadores las mismas reacciones, sensaciones y emociones que provocaban hace 10, 15 o 20 años videojuegos ya míticos, esta industria está justificada.