Dios sin Olimpo

Dios sin Olimpo
Dios sin Olimpo

Vive agazapado a la orilla de una sombra aparentemente auspiciadora, aunque limitado por el destello que esta penumbra, paradójicamente, rebosa. No exclama, ni exige, ni tampoco apuesta su supervivencia a la mediatización de su práctica. Disfruta en silencio sin que la corrompida acción de la envidia o la codicia perturben su continuidad. Es el deporte más practicado en España y, probablemente, en el resto del mundo. Entonces, ¿por qué el fútbol sala no es un deporte olímpico?

Es fácil acusar desde el anonimato y desenvainar la lengua ante la falta de conocimiento, sólo propulsados por el ímpetu que nos transmite esta actividad. Pero existe una serie de reglas o, más bien, requisitos, recogidos en la denominada Carta Olímpica a través de la cual el Comité Olímpico Internacional (COI) se basa para adoptar la normativa de los Juegos Olímpicos y, en una lectura más profunda, designar qué deportes serán inscritos en ellos.

En primer lugar, el deporte que desee ingresar en el programa olímpico debe tener una amplia afición en el planeta y que, al menos, se practique en un mínimo de 75 países (de cuatro continentes) en hombres y 40 países (de tres continentes) en mujeres. Conforme se siguen devorando líneas del manifiesto, se observan dos nuevos condiciones para apellidarse olímpico. Una de ellas, que la disciplina haya adoptado –y aplique- el Código Antidopaje Mundial, y, la restante, que sean presentados siete años antes de su debut en unos JJOO (por lo que, si el fútbol sala fuera aprobado inmediatamente, no podría ser competido olímpicamente hasta el año 2020).

¿Por qué el fútbol sala no es un deporte olímpico?

Por un lado, existen estos inconvenientes burocráticos que ralentizan la elección, lo que se conoce vulgarmente como papeleo, pero, en otros terrenos, la lógica se manifiesta en términos de tiempo y espacio. Me explico: una de las últimas decisiones del COI fue limitar la presencia de 28 deportes como prácticas olímpicas en un total de 300 pruebas con 10.500 competidores. En Londres 2012, el cupo está compuesto por 26 prácticas (39 disciplinas) desarrolladas en 302 pruebas y con un número de participantes estimado conforme a lo impuesto por el Comité Internacional. Dos deportes presentes en Pekín 2008 se han caído de la parrilla (béisbol y sóftbol) y, por primera vez, se ha incluido el boxeo femenino.

Es ahí donde surgen nuevos problemas para negociar la inclusión de una nueva actividad que, sumados al desembolso y la complejidad que requiere un evento de tal magnitud, frena cualquier tentativa de modificar el programa olímpico ya estipulado. En otros términos, la introducción de un nuevo deporte olímpico condicionaría a la organización a buscar alternativas para su práctica, lo que, en ocasiones, podría desembocar en la construcción de instalaciones específicas para su exclusivo desarrollo. El temor, pues, radica en calibrar la amortización que supondría tal gasto y, en consecuencia, la aceptación que ocasionaría en la afición allí presente.

La debilidad de unos es la fortaleza de otros. Casualmente, lo que se atisba como traba en otras disciplinas, se convierte en aliado si hablamos de fútbol sala. Punto por punto, observamos que cumple con los requisitos demandados por la ya citada Carta Olímpica (siendo en España el segundo deporte más practicado entre los escolares por detrás del fútbol según un estudio del Consejo Superior de Deportes) y que no ofrece impedimentos para su competición (utilizaría os pabellones que se vienen desarrollando para baloncesto o balonmano). Sin embargo, no se toman iniciativas para llevar a cabo su reconocimiento.

Al ahorro del espacio se le añadiría la duración de los encuentros (apenas 90 minutos entre las dos partes, las interrupciones y el descanso), una facilidad para el agobiante transcurso de la competición. La disponibilidad en la Villa Olímpica suele ser otro de los quebraderos de cabeza para los organizadores llegando a alojar a varios participantes miembros de un mismo equipo: 23 deportistas en fútbol, 16 en hockey, 14 en balonmano ó 13 en waterpolo. El fútbol sala sólo dispondría de 12 integrantes (cinco en juego y siete suplentes).

El Olimpismo, siempre abanderado del juego limpio y la deportividad, se antoja imprescindible para la aprobación de una nueva práctica, más cuando el desnivel de la balanza puede quedar sentenciado por esta razón de peso. Para comprobar su rendimiento en futsal, no habrá más que comprobar el compañerismo existente en la cancha cuando rueda el balón. Nulo desprecio al rival.

Evidentemente, el brillo del altar también adquiere polvo. Los inconvenientes del deporte se atribuyen a las licencias federativas, las cuales deben reunir un número determinado mínimo (que en el fútbol sala femenino está muy alejado) para su reconocimiento olímpico. Así, encontramos el delicado divorcio que separa a FIFA y COI para dar el paso definitivo. Pero, hagan un ejercicio imaginativo e intenten recordar alguna plaza donde no hayan visto recorrer un balón, algún colegio que no disponga de canchas por donde circule la bola o, más fácil, alguna población que no disponga de su particular “Maratón 12/24 horas de fútbol sala”. Hecho. Esfuerzo no reconocido.

Rogge rechazó el fútbol sala para Río 2016

Hace unos días, Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional, dictaminó que el fútbol sala tampoco participaría en las Olimpiadas de Río de Janeiro en 2016 alegando que “no hay posibilidad de aumentar el número de deportes para 2016”. No mintió. Dentro de cuatro años, el rugby (en su distinción con siete jugadores) y el golf pasarán a formar parte del programa olímpico, por lo que completarían la nómina de 28 deportes (máximo establecido) para unos Juegos Olímpicos.

Al menos, dejó entrever un halo de luz en su mensaje: “Hay negociaciones en curso con la FIFA, pero todavía estamos llevando a cabo estudios. Es algo para el futuro”, en declaraciones a la agencia de noticias china Xinhua. ¿Quizá para 2020?

¿Deportes? olímpicos

No sólo es un empeño de los aficionados, sino de altos cargos de la escena deportiva en España. Como Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español (COE), quien también aseguró que “el fútbol sala lo tiene todo para ser deporte olímpico”. Estrategia o no, lo cierto es que Blanco es una voz autorizada en lo que a deporte español se refiere, pero reconoce que es una competencia que pertenece a la FIFA y al COI.

"El fútbol sala lo tiene todo para ser deporte olímpico", Alejandro Blanco

Pero, ¿qué tienen otros deportes olímpicos de lo que el fútbol sala carece? En principio, un “deporte”, para ser considerado como tal, debe consistir en una actividad física que precise entrenamiento y que esté sujeta a normas. Es por ello que, sin desprestigiar a modalidades como la doma o el tiro olímpico, la exclusión del fútbol sala goce de incoherencia a los ojos del aficionado. Se entiende que no se encuentre cabida para todos los deportes, pero otros, que sí son olímpicos, despiertan recelos por mantener su posición a causa de tradición.

Sea como fuere, la caprichosa aguja que señala las decisiones olímpicas sigue sin cruzar la mirada con la fe futsalística tras años de éxitos desde el inicio de competiciones internacionales allá por el año 1965. El COI, sustentada por los designios históricos, no contempla hasta la fecha la introducción de un deporte relativamente nuevo que sustituya a uno de los ya presentes. El Dios que gobierna sobre la cotidianeidad es incapaz de encontrar el Olimpo que le corresponde. Se cierra la celestial entrada.