Ganó la calidad, perdió la humildad

La historia sigue deparando nuevos horizontes al CDB Manzanares Fútbol Sala, un club que continúa escribiendo las páginas más brillantes y hermosas de su existencia. Cuarto clasificado en la Segunda División de la Liga Nacional de Fútbol Sala, el conjunto dirigido por Raúl Aceña dijo adiós a la Copa del Rey con elegancia y peleando hasta final. Todo un ejemplo de humildad y superación.

Ganó la calidad, perdió la humildad
Los jugadores del conjunto manchego tras eliminar al Puertollano en los dieciseisavos de final de la Copa del Rey / Foto: Roque Jesús Cuesta

El veintinueve de diciembre será imposible de olvidar. Es ya un día grabado en las retinas y en los corazones de tantos aficionados que han sufrido, vencido y fracasado con este equipo a lo largo de todos estos años. Unas setecientas cincuenta almas poblaron el Pabellón de la Calle Maestro Villatoro para ver el encuentro de octavos de final de la Copa del Rey ante los segovianos. Los aficionados animaron, disfrutaron y sufrieron, pero ante todo se sintieron orgullosos de una plantilla que está luchando contra las adversidades de estos tiempos raros, apabullados y debilitados por las dificultades económicas. Tal fue la expectación, que faltaron butacas y espacio material para albergar tanta demanda de ilusión y de entusiasmo. La cita era obligada. Tocaba disfrutar de una noche de fútbol sala única y especial, presenciar un partido que en Manzanares jamás se había vivido. Las emociones se palpaban, estaban a flor de piel. 

Hubo tensión y concentración. Un encuentro de alto voltaje, de ida y vuelta que obligó a estar en alerta a ambos equipos. La posesión de balón del Caja Segovia contrastaba con el orden y la fortaleza defensiva de los manchegos. Sin embargo, a los cinco minutos, De la Cuerda marcó un gol que servía para adelantar a los locales en el electrónico (1-0) y dar un toque de atención a los castellanos. Los manzanareños eran rápidos a la contra y aguantaban el tipo cuando les tocaba apretar los dientes. Pero aun así el conjunto dirigido por Jesús Velasco era el que controlaba el esférico, el que llevaba el timón de mando en un encuentro que no permitía despistes ni errores. El Caja Segovia no logró perforar la portería local hasta que Antoñito marcó el empate (1-1) justo antes del descanso. Era un resultado que dejaba a los manchegos con aire y esperanza y a los visitantes metidos de lleno en el encuentro. 
 
En la segunda mitad, los nervios fueron menos visibles en el conjunto segoviano. Fue el que llevó las riendas, quizás porque estaban más frescos. El ritmo de juego seguía siendo trepidante y los visitantes ponían cerco a la portería de un `Pepote´ excepcional y salvador, una vez más. El cancerbero estuvo seguro bajo los palos, a la altura de un encuentro que pedía mucho esfuerzo y estar continuamente en alerta. Mientras, la fe seguía siendo notable en los manzanareños. El tiempo avanzaba, pero los de casa se resistían a caer derrotados. Estaban vendiendo muy cara la victoria y más cuando Juanillo tuvo su oportunidad ante `Cidao´. A ocho del final, Borja conseguía adelantar al Caja Segovia (1-2). Quedaban minutos, margen para lograr un gol épico que permitiera seguir soñando despiertos a los locales. Con el alma en vilo y el ímpetu final, el portero brasileño tuvo que volver a aparecer para un tanto en la misma línea de gol que podría haber sido el empate. Era la última oportunidad para el Manzanares, una opción que se fugaba ante uno de los mejores guardametas del mundo.
 
Una derrota jamás te deja un sabor dulce, una grata impresión. Pero como bien decía Jorge Luis Borges "la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce". La afición despidió a sus jugadores en pie, con sonrisas e incluso lágrimas de emoción. Cantando y clamando a una plantilla que están regalando una realidad deportiva sin precedentes a una ciudad que apenas llega a los veinte mil habitantes. Algo único, inesperado, valioso. La quimera continúa.