Samia Yusuf, la olímpica que murió en una patera

Medios italianos han dado a conocer la muerte de Samia Yusuf, una atleta somalí que cayó en el olvido después de que su carrera en Pekín en las Olimpiadas diese la vuelta al mundo. Pero no fue por un tiempo estratosférico, sino porque llegó la última 10 segundos más tarde en una carrera de 200 metros. Eso fue lo de menos. Al parecer, Samia quería viajar a Italia con el firme propósito de encontrar un entrenador que le devolviese a los Juegos Olímpicos, un sueño que nunca dejó de perseguir y derribó todo inconveniente para alcanzarlo.Tan solo el mar pudo acabar con su sueño, pero su leyenda de espíritu Olímpico perdurará para siempre.

Samia Yusuf, la olímpica que murió en una patera
FOTO: Reuters. Samia Yusuf durante su participación en los Juegos de Beijing.

"Lo importante no es ganar, sino participar", decía el barón Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos, en referencia al espíritu Olímpico. Algo que parece que ha caído en el olvido, siendo relegado por el triunfo y la victoria, premiado con medallas. Parece un tópico, si es que no lo es, pero no hay frase que mejor defina a Samia Yasif, la atleta somalí que ha muerto ahogada después de una travesía turbulenta. Pero no se trataba de ningún barco que se hubiese hundido, ni tampoco de un trasantlántico que hubiese chocado contra un iceberg: la atleta iba en una patera. Se dirigía a Italia, con el fin de seguir progresando en su carrera. Pero no consiguió llegar a la meta.

Buscaba una vía diferente para mejorar como atleta debido a las incapacidades somalíes de proporcionar instalaciones, Samia Yasif se dirigía, en una patera cargada de inmigrantes remolcada en Libia a las costas de Italia. Con el sueño de un futuro mejor para mejorar su estilo de vida, pero también para seguir compitiendo.

Los 200 más lentos de la historia de los Juegos Olímpicos modernos

Era mundialmente conocida por su participación en los Juegos Olímpicos de Beijing, representando a su país, a Somalia. Así de orgullosa se mostraba tras ser la abanderada con tan solo 17 años de un país convulso conocido por una cruenta guerra: "Ha sido una experiencia bellísima, he portado la bandera de mi país, he desfilado con miles de atletas del mundo".

Era la primera ronda, pero el sueño de Samia ya estaba cumplido: representar a su país en unos Juegos Olímpicos. Llegó casi 10 segundos más tarde que el resto en una carrera de 200 metros, haciendo un 32.16. El público que se encontraba dicho día en el Nido la aplaudió a su llegada. Estaba satisfecha. Aún así, antes de la carrera ya demostraba su espíritu luchador: "Vamos a intentar acercanos al resto. Entendemos que estamos muy lejos del nivel de competición de las demás atletas, lo entendemos muy bien. Pero más que eso queremos representar con dignidad a nuestro país, a nuestra bandera". La federación somalí la incluyó en la carrera de los 200 por empeño de que serviría para "que aprendiese y mejorase". Pero no era su especialidad.

Duran Farah ya lo decía por aquel entonces. El que fuera vicepresidente del comité olímpico somalí aclaraba que los deportes "no son prioridad en Somalia". "No hay dinero para facilitar el entrenamiento. Ni instalaciones. Las guerras, las dificultades para poder comer...". Abdi, mediofondista somalí, explicó cuál fue su recibimiento al llegar de China tras participar en los Juegos: "No creo que los rebeldes estén contentos. Cuando volvimos a casa después de los Juegos Olímpicos, los rebeldes nos rodearon y nos dijeron que como lo hiciesemos otra vez nos matarían. Algunos de mis amigos dejaron el deporte. Recibí muchas llamadas, me decían que si no dejaba el deporte me iban a asesinar".

Era la mayor de seis hermanos. Su padre murió en un altercado de guerrillas

Pero a partir de ahí, para Samia Yusuf, la realidad la volvería a azotar en la cara. Volvería a vivir en una pequeña casa de Mogadiscio de dos habitaciones junto con seis hermanos y su madre, una vendedora de frutas. Su padre había fallecido en uno de los muchos conflictos que residen en el país. Ésta vez un proyectil del bando rebelde acabó con la vida del progenitor de la mayor de los Yusuf, además de acabar también con la vida de su tío y su tía. Se olvidó poco a poco del atletismo tras llegar de China, e incluso llegó a negar que era un atleta por miedo a la muerte. En 2009 vivió en un campamento de refugiados. El panorama por aquel entonces no era ni mucho menos el más cómodo. El ministro de deportes fue asesinado y toda aportación femenina por parte de Somalia había caído en el olvido.

Viajó a Etiopía, buscando las oportunidades en Addis Abeba, con el firme objetivo de encontrar las que no encontró en Mogadiscio. Allí conoció a varios atletas. Uno de ellos era Mohamed Suleiman, el primer atleta en conseguir una medalla para Qatar en la historia de los Juegos Olímpicos. Buscaba desesperadamente un entrenador para poder intentar participar de nuevo en los Juegos Olímpicos: su objetivo era Londres.

Se fue a Etiopía con el fin de seguir entrenando intentando evitar el machismo existente en su país

Comienza a entrenar, cogiendo autobuses por las mañanas durante horas para poder practicar junto a otros atletas a las afueras de Addis Abeba. Pocos confiaban en ella. El no ser una etíope y ser una corredora mediofondista auguraba un mal futuro. Pero ella se empeñó en acallar cualquier resquicio de duda. Al menos había encontrado un lugar seguro donde entrenar, a pesar de las carencias de las instalaciones. Tuvo que pedir a la embajada de su país un permiso especial para poder entrenar. Cogía el autobús a las seis de la mañana para llegar al comienzo de los entrenamientos (7:30h).

Se embarcó en una patera para intentar conseguir un entrenador en Italia para los Juegos de Londres 

Fuentes de Al Jaazera dicen que se embarcó en una patera en abril de 2012, con el objetivo de encontrar un entrenador que le preparase para los Juegos Olímpicos de Londres, persiguiendo un sueño que sonaba a quimera. Ella se resistió, buscando cualquier vía que le mostrase el camino para competir. Uno de los entrenadores del equipo somalí lo confirmaba: "Los supervivientes de ese viaje comunicaron la lista de las personas que habían fallecido durante la travesía y allí estaba su nombre. Nos quedamos helados. Sabíamos que el viaje hacia Occidente es peligroso, pero no nos podíamos imaginar que ella sería una de sus víctimas", declaró compungido.

Luchó contracorriente. Primero frente a la dificultad de ayudar a su madre a cuidar a sus hermanos, desprovistos y viviendo con lo justo. Más tarde, frente al machismo instalado en el país, el cual instaba a Samia a dejar el atletismo ya que los más radicales no piensan en las mujeres musulmanes como una opción para los Juegos Olímpicos. Pero ganó la batalla del machismo. Y la de la dificultad. Y siguió luchando hasta la extenuación. Tan solo la fiereza del mar pudo con el espíritu Olímpico. Ahora yace sumergida en el mar Meditarráneo. El esfuerzo que hizo su madre -vendió parte de sus tierras para que la mayor de sus hijas embarcase en dicha patera- queda de forma inocua en el olvido, pero la historia de superación de una atleta que soñaba con los Juegos Olímpicos quedará en la retina. Quedará salvaguardada en la historia de la mayor competición deportiva a nivel mundial.