Atenas 2004: una odisea olímpica vista desde las lágrimas de Paula Radcliffe

“Nunca había preparado un maratón como este”. Atenas no tuvo piedad con una estrella del deporte del Reino Unido. El sol, una temperatura infernal y una situación de nerviosismo se interpusieron en la prueba en la que Paula Radcliffe soñaba con colgarse una medalla de oro. Una decepción que derrumbaba su mito. Sus lágrimas no sirvieron para no consumar un nuevo desastre cinco días después.

Atenas 2004: una odisea olímpica vista desde las lágrimas de Paula Radcliffe
Atenas 2004: una odisea olímpica vista desde las lágrimas de Paula Radcliffe

El azar es la vía con la que el ser humano encuentra marcado su camino vital. La suerte se muestra como el destino que baraja las cartas y decide si recompensarte o no. Muchos vinculan ese signo con el karma, capaz de distinguirte en función de tus acciones. Sin embargo, la cualidad más notable de la suerte es mucho más espontánea que todas esas teorías: o es buena o es mala. La ecuación es sencilla: quien busca suerte no la encontrara, pues es ella la que te debe de encontrar. El nombre de Paula Radcliffe (Northwich, diciembre 1973) no ha estado nunca ligado con el concepto de la suerte.

Es considerada como una de las atletas más prestigiosas del Reino Unido. Si hablamos de atletismo en Inglaterra, Radcliffe es de los primeros en salir a relucir con su especialidad en carreras de fondo. Mientras estudiaba la licenciatura de Economía en Loughborough, ampliaba fronteras estudiando francés y alemán. Aún le quedaba tiempo para entrenarse con el humilde equipo de su ciudad, el Bedford Athletic Club. La afición le venía de lejos. Su padre había conseguido que su pequeña Paula se interesara por el atletismo. A pesar de padecer asma y anemia, comenzó a practicarlo a los siete años.

Con 19 comenzó a ejercer el atletismo profesional. Sus esfuerzos no tenían las consecuencias finales esperadas. Marcaba grandes resultados pero en el momento de la verdad se diluía. La suerte le era esquiva. Ni en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 ni en los campeonatos del mundo de 1997 pudo demostrar su valía. En Sevilla 1999 ganó la medalla de plata de los 10.000 m, haciendo su mejor marca personal, 30:27.13.

De fondo a maratón

Paula era la representación exacta de lo que significa hoy una estrella del deporte: publicidad, dinero, portadas, fama y presión, según la describió Santiago Segurola Su leyenda se fue agrandando año tras año. En su haber contaba con 2 Juegos Olímpicos pero sin ninguna medalla, a pesar de ser la esperanza de Gran Bretaña. Era la representación exacta de lo que significa hoy una estrella del deporte: publicidad, dinero, portadas, fama, presión, según describía de ella Santiago Segurola. Dejó las pruebas en pista para centrarse en preparar una nueva modalidad, las pruebas de maratón. No pudo decidir mejor.

En noviembre de 2003, Radcliffe se entrenaba en Clare, un condado de la República de Irlanda. En aquel bosque repleto de robles, preparaba la rutina de entrenamiento enfocado hacia los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004. La habían colocado la vitola de favorita, la esperanza de Gran Bretaña en el país heleno. No es para menos. A pesar de no conocer el éxito en su mayor esplendor, era envidiable la forma en la que afrontaba las adversidades. “En el trato que he tenido con 43 medallistas olímpicos nunca he visto a nadie controlar mejor el estrés que Paula”, decía Hartmann, su fisio. Las condiciones de Paula eran impropias de un humano. Una capacidad física imparable y unas condiciones mentales indestructibles. Era una bestia humana hasta en sus hábitos de dormir, capaz de estar 14 horas seguidas.

El calor superó las expectativas de la esperanza británica

“¿Por qué me levanto todas las mañanas de la cama y me siento cansada?. Trato de relajarme pero pierdo la batalla. Noche tras noche me levanto para ir al baño más veces de lo normal”, confesaba Radcliffe en su biografía. Controlaba la situaciones de estrés como nadie pero Atenas pudo con ella Llegaba en la mejor forma posible a Atenas. Los Juegos Olímpicos eran su asignatura pendiente y optaba a matrícula de honor en ellos. El año había sido redondo en cuanto a preparación. Venía con la mente vacía, sin problemas personales y con las condiciones físicas óptimas para competir y barrer en la modalidad de maratón. En Londres se coronó con la victoria en su debut en maratón y más tarde la BBC la eligió como personalidad del deporte del año. La primera medalla olímpica esperaba con su nombre en la meta de línea.

El azar es caprichoso y esquivó a Paula en su trayectoria en Atenas. Parecía dormir con él día a día, pero una noche se marchó. La atleta no estaba a gusto en la ciudad. La chica que era capaz de dormir 14 horas no pegaba ojo en Atenas. Se levantaba constantemente al baño. La atleta que manejaba de manera extraordinaria las situaciones de estrés no podía controlar sus nervios por la noche. Era presa del pánico.

“¿Por qué me levanto todas las mañanas de la cama y me siento cansada?”, se preguntaba en su posterior biografía recordando aquel momento. “Trato de relajarme pero pierdo la batalla. Noche tras noche me levanto para ir al baño muchas veces más de lo normal”. No lograba dar una explicación concreta a su estado.

El sollozo de Paula

Los pensamientos no la dejaban descansar. Mucho menos preparar la maratón. El 22 de agosto se citaba con la prueba. Todo lo que ganó en un año en Irlanda lo perdía en apenas unas semanas. Los factores fueron bien diversos. Atenas registraba 35º de temperatura y Radcliffe no se terminaba de aclimatar a la zona. Tampoco a la humedad, que registraba un 31%, una cifra bastante elevada. Fue el  día más caluroso en la capital griega durante la acogida de los Juegos Olímpicas.

Lo que ella describía en su biografía como “el día más grande de mi carrera”,  se convirtió en una auténtica pesadilla difícil de olvidar. Horas antes del maratón, Radcliffe no podía salir del baño. Se encontraba indispuesta. Su marido y entrenador, Gary, consiguió animarla y mentalizarla para, por fin, alzarse con el oro que tanto había preparado en 2003.

Paula Radcliffe siguió las pautas que acostumbraba a llevar en sus carreras. Agresiva, dominante e impulsiva. Durante los primeros quince kilómetros lideraba el grupo en cabeza. Pero los nervios se cebaban con ella. Sentía que algo no iba bien. No estaba contenta con su timing e iba a disgusto con su cuerpo. Con el paso de los kilómetros, el estómago no le daba tregua y se manifestaba con tremendos dolores. Aún así, Paula mantenía el tipo y no se rendía.

Las adversidades físicas minaban su moral. No tenía la mente en la carrera, sino unos centímetros más debajo de su cabeza, en el estómago. Tenía la necesidad de volver al baño, los calambres hacían mella en ella. A mitad de carrera Noguchi le ganaba terreno y la adelantó. Un nuevo obstáculo en su mentalidad, la sensación de continuar se hacía cada vez más pesada. A los 36 kilómetros, las piernas eran losas de plomo. No coordinaba. No podía poner un pie delante del otro. Y en ese mismo instante, se detenía. Las lágrimas empezaron a empapar sus mejillas. En el vocabulario del atleta, la palabra rendirse no existe. El rugido del público desde el estadio al ver como Paula intentaba reanudar la carrera la llenaron de motivos para seguir en pie. Por ella, por el mito.  Pero la seca hierba cobijaba la caída de la leyenda. Se acabó el maratón para Paula Radcliffe, la chica que logró instalar la pregunta sobre si alguna vez en la historia una mujer correría más rápido que un hombre. El maratón había acabado para ella.

El bazo, culpable

¿Qué ocurrió? Paula Radcliffe no fue la única que se sintió indispuesta. El horario de la carrera (18.00 horas) agravaba la ola de calor. Muchas de las competidoras padecieron lipotimias y un estado leve de deshidratación. “Nunca había preparado un maratón como este”, decía Radcliffe en una entrevista a The Guardian en agosto del 2008. ¿Qué pasó con ella?

Se negaba a pensar que la causa de su abandono se debía a la mala hidratación. "El calor no me había afectado. Yo estaba hidratada. Había corrido más de 22 kilómetros de un maratón y mi orina era todavía clara. Lo que me pasó no tenía nada que ver con la deshidratación o el calor”, relataba en sus memorias.

De vuelta de la competición, el estomago de Paula se fue hinchando producto de las pastillas anti-inflamatorias que ingería las dos semanas antes del maratón para tratarse de una lesión en los tendones de la pierna izquierda.

En la furgoneta médica, Paula fue evaluada por los ATS mientras la envolvían en una manta. Fue trasladada al Bruce Hamilton donde la diagnosticaron un incremento del bazo y graves problemas en el estómago, mientras lloraba desconsoladamente sobre la cama al mismo tiempo que su pareja y sus padres intentaban calmar su llanto con el goteo del suero como música de fondo.

La prensa derrumbó a la leyenda

Durante la vida el ser humano está condenado a los aciertos y a los errores. Todo acto conlleva una consecuencia. En algunas ocasiones más acertada. En otras menos. Pero la injusta lección que deja esta filosofía es que un único error será siempre más recordado que un millón de aciertos. De eso se encargo la prensa, que no dudó en criticar a la misma persona que estuvo encumbrando antes del maratón. Los diarios tildaron su carrera de decepcionante y la pedían explicaciones por tal deshonra hacia su país.

La presión en las expectativas desmoronaba a Radcliffe. Había sido demasiado y aguantó mucho más. No fue la única decepción que causó. En el estadio Panathinaiko aguardaban su llegada. Los espectadores habían pagado cerca de diez euros para ver como Radcliffe se colgaba la medalla de oro a su cuello. No pudieron verla.

Se repite la pesadilla

Cinco días más tarde y aún terminándose de recuperar, Radcliffe quiso quitarse la espina del corazón participando en la final de 10.000 metros para demostrar su capacidad y acallar los rumores que la decían no querer a su país. ¿Era una oportunidad? ¿O se estaba cavando su propia tumba? No era muy lógico competir cinco días después de padecer una inflamación del bazo. Mucho menos aún cuando no había cumplido los plazos de recuperación y descanso característicos en la rutina de un atleta. La oportunidad de redimirse de su pesadilla se convirtió en un acto de penitencia a su figura. 

La familia aseguraba que físicamente estaba recuperada. ¿Y emocionalmente? El poder de la mente en los deportistas juega el 50% de las posibilidades, y más en una atleta, que compite sola y en contra de muchas adversidades. Su estado emocional era un galimatías.

Repitió fórmula en la prueba de 10.000 metros. Agresiva y luchadora. Se pudo colocar en el grupo que iba en cabeza, e incluso hubo una vuelta que marcó el mejor ritmo de carrera. Pero el agotamiento, la mala preparación y los nervios jugaron en su contra.  Superados los 3.000 metros, las atletas de origen africano comenzaban a destacar. Atrás se quedaba una Paula Radcliffe que no se rendía pero que tampoco metía la sexta marcha necesaria. Esa excesiva relajación se tradujo en que atletas con menor nivel la dejaban atrás. Paula no aguantó más emocionalmente. Se veía desbordada, superada por cualquiera. Superados los 6.000 metros dijo adiós y abandonó por segunda vez en cinco días la carrera.

Fue un triste final para lo que parecía que estaba destinado a ser una historia feliz y que pasaría de generación en generación. Radcliffe llamaba a hacer historia en Atenas, pero la capital helena no recogió su llamado. El éxito no enseña nada. Son los fallos las lecciones de las que hay que aprender. Y es que los genios no cometen errores a lo baladí, sino que siempre son hechos de forma voluntaria para recibir una lección de ellos. No es fácil olvidar  la pesadilla de Atenas. Uno de los mayores miedos de un deportista es la palabra fracaso. Radcliffe se sentía que había fracasado para con su público y con la prensa nacional. La reválida se consumó en Helsinki. Con un día fresco, las nubes sobre el cielo de la capital finlandesa y algo de lluvia, Radcliffe hacía olvidar las llamas del sol de Atenas y recuperarse de ese fracaso con un oro en la maratón de Helsinki 2005. Radcliffe elevaba nuevamente el mito de su leyenda.