Sin país por el que competir

Diversos motivos, normalmente de carácter político, han hecho que muchos participantes en Juegos a lo largo de la historia no pudieran defender la bandera de ningún país. En Londres 2012 hay cuatro, que compiten bajo el pabellón de los cinco aros y la denominación “Atletas Olímpicos Independientes”. Repasamos estos y otros casos ocurridos en las Olimpiadas modernas.

Sin país por el que competir
Los "Atletas Independientes" durante la ceremonia de inauguración de Londres 2012

Guor Marial será uno de los corredores que, el domingo a las 10 de la mañana (hora española peninsular), tomen la salida en la más dura de las carreras de resistencia: la maratón. Sus tiempos oscilan en torno a las dos horas y cuarto, por lo que no parece probable que pueda luchar por las medallas: los grandes favoritos, los keniatas como el vigente campeón Samuel Wanjiru, bajan con facilidad de 2h 10’. Estar entre los 20 primeros sería un resultado satisfactorio, si bien el hecho de estar aquí ya es todo un éxito para él.

Marial, de 28 años, nació en Pariang, localidad perteneciente al antiguo estado sudanés del Nilo Superior, en la parte meridional del país. Tuvo sus primeros contactos con el atletismo a los 8 años, aunque no de una manera demasiado divertida: se fugó, a la carrera, del campo de trabajos forzados donde el ejército sudanés había confinado a él y a tantos otros de su tribu sureña tras asesinar a 28 miembros de su familia (incluyendo ocho de sus hermanos), en el marco de una de tantas guerras olvidadas en el corazón de África. Consiguió escapar por la frontera de Egipto y, de ahí, salió hacia los Estados Unidos, donde reside con estatus de refugiado.

Guor Marial, de Sudán del Sur, correrá bajo bandera olímpicaEn Norteamérica encontró paz y tranquilidad tras una vida tan ajetreada y, además, un profesor de Educación Física que se dio cuenta de su capacidad como corredor infatigable. Se entrenó duro, tanto que el año pasado sorprendió a medio mundo al conseguir en octubre de 2011 la marca necesaria para clasificarse para los presentes juegos. El problema es que su lugar de nacimiento es la recién independizada República de Sudán del Sur, que de momento tiene cosas mejores de que preocuparse que de la creación de un Comité Olímpico. Al no tener ciudadanía norteamericana, no podía competir bajo la bandera de las barras y las estrellas, pese a llevar más de una década viviendo allí. Sudán, el norte, el antiguo opresor, le propuso correr para ellos, a lo que se negó categóricamente: habría sido una traición para su pueblo y su familia.

¿Qué se podía hacer? La senadora estadounidense Jeanne Shaheen intercedió por él ante el Comité Olímpico Internacional, quien decidió aplicar una medida extraordinaria: se le permitía competir como independiente, bajo la bandera olímpica. Así, lleno de alegría, desfiló Guor Marial en la ceremonia de inauguración. Pero no estaba solo. Otros tres deportistas se encontraron con un problema similar, aunque menos dramático.

El Reino de los Países Bajos tuvo un extenso imperio colonial que incluía territorios como los actuales Indonesia y Surinam. De todo ello, hoy sólo quedan bajo soberanía de la Reina Beatriz unas cuantas islas de pequeño tamaño en el mar Caribe. Durante muchas décadas se ha conocido a estas islas como Antillas Neerlandesas; sobre el papel, eran colonias europeas, aunque en la práctica tenían tanta autonomía que hasta se permitían el lujo de organizar su propio Comité Olímpico. Pero en los últimos años una serie de debates y referendos (bastante pacíficos, no se asusten) han llevado a la desaparición de esta entidad. Desde el 10 de octubre de 2010, Aruba va por su lado, Curazao por el suyo, San Martín también, y el resto de islotes igualmente por su cuenta: ahora son todos ellos “países constituyentes del Reino de los Países Bajos”. Toda esta burocracia ha supuesto la desaparición de muchas instituciones, incluyendo las deportivas.

Así, los atletas de esta extinta nacionalidad tenían tres posibilidades. O bien competir con el color naranja de los Países Bajos, como ha hecho el velocista Churandy Martina, o bien pasarse a Aruba, aprovechando que todos tienen pasaporte neerlandés… o bien, a falta de otra cosa, integrarse en el equipo de los independientes. Que es la vía por la que han optado el velocista Liemarvin Bonivacia, el judoca Reginald de Windt y la regatista Philipine van Aanholt. El más llamativo es el caso de esta última, natural de Utrecht pero crecida en Curazao, a la que ya defendió su padre en los Juegos de Sydney 2000; tanto cariño le tiene a su isla que ha sido capaz de renunciar por ella a su Europa natal.

Unificados e independientes

Esta edición de los Juegos no es la primera en contar con “apátridas”. Todos tenemos en la memoria, por ejemplo, el Equipo Unificado que agrupó en Barcelona ’92 a los deportistas de las antiguas repúblicas soviéticas (la URSS se desintegró apenas medio año de empezar la competición) excepto los de los países bálticos. Aquella amalgama estaba desprovista de los símbolos comunistas, pero su antiguo poderío todavía se dejó ver, hasta el punto de que terminaron primeros en el medallero con hasta 45 oros y un total de 112 preseas. Cuando subían al podio, si era una competición individual, sonaba el himno de su nuevo país; si luchaban por equipos, se oía el viejo himno Olímpico compuesto por Spirou Samara en 1896.

Más complicado fue el caso de Yugoslavia. La nación balcánica también se había deshecho, pero el proceso fue mucho más doloroso, con varias guerras de por medio que se prolongaron durante años. Oficialmente, en 1992 Eslovenia, Croacia y Bosnia ya eran independientes. Y como tales participaron, en algunos casos con notable éxito: Croacia, por ejemplo, fue subcampeona en baloncesto masculino, sólo por detrás del mítico Dream Team. Macedonia también era independiente, pero una disputa con Grecia por el nombre oficial del país (los helénicos alegan que “Macedonia” se refiere a una región de su territorio y exigen que la zona eslava lleve la coletilla de “antigua yugoslava”) imposibilitó que su Comité fuera reconocido. Y Serbia y Montenegro, territorios que conformaban lo que quedaba de Yugoslavia, estaban sancionados por las Naciones Unidas debido a las guerras, lo que impidió que enviaran equipos. Un pacto de emergencia entre la propia ONU y el COI permitió a algunos atletas de estas tres repúblicas acudir a título individual bajo la denominación “Participantes Olímpicos Independientes”. Consiguieron sólo tres medallas, dos platas y un bronce. Todas ellas, en tiro con pistola. Saquen sus propias conclusiones.

En Sydney 2000 también hubo que recurrir a un equipo de “atletas independientes”. La isla de Timor, en el océano Índico, está dividida en dos mitades. La occidental fue colonizada por los Países Bajos y, como tal, pasó a pertenecer a Indonesia cuando ésta se independizó en 1949. La oriental, sin embargo, era portuguesa, y bajo dominio lusitano se quedó hasta que la caída de la dictadura salazarista, en 1974, aceleró el proceso de descolonización. Formalmente Timor Oriental pasó a ser independiente en 1975, pero inmediatamente Indonesia invadió el pequeño territorio y lo sojuzgó hasta que, tras mil y un combates, la situación se tensó tanto que en 1999 la ONU intervino mandando un contingente militar. Casi libres del yugo indonesio y con la ansiada independencia a la vuelta de la esquina (aún tardó dos años), el COI tuvo el detalle de invitar a cuatro deportistas timorenses a participar en aquellos Juegos. Pero como su país no era aún soberano, hubo que recurrir de nuevo a la denominación imparcial y a la bandera de los cinco aros. El que más lejos llegó fue Martinho de Araújo, 20º (antepenúltimo) en halterofilia, categoría menos de 53 kilos.

Líos desde el principio

Si echamos la vista mucho más atrás vemos que en los primeros tiempos de los Juegos Modernos, entre 1896 y 1904, aparecen medallistas del “Equipo Mixto”. Si bien la situación geopolítica también era un tanto confusa (por poner un ejemplo, Austria y Hungría formaban un solo país pero competían por separado), en estas ocasiones la explicación es más sencilla: el reglamento no era tan riguroso como ahora y, en las competiciones por equipos o parejas, permitía que participaran juntos atletas de distintas nacionalidades. Ocurrió por ejemplo en Atenas 1896, donde el oro en la competición de dobles de tenis fue para el británico John Boland y su compañero el alemán Friedrich Traun. La categoría “equipo mixto” no se usaba entonces; la creó años más tarde el COI con fines únicamente clasificatorios.

También ha ocurrido que regiones que hoy  no constituyen estados independientes han llegado a enviar delegaciones a los Juegos; el ejemplo más famoso es el Sarre, franja de tierra entre Alemania y Francia que hoy pertenece a la Bundesrepublik pero que, en 1952, debido al extraño mapa que se dibujó en Europa tras la Guerra, era independiente. Otras veces se crearon engendros raros, como el equipo de “Australasia” que agrupaba a Australia y Nueva Zelanda en 1908 y 1912. Los dos Yemenes, las dos Alemanias y los dos Vietnames llegaron a competir por separado antes de su unificación actual, algo que no ha conseguido aún Corea.

Si uno consigue que no le estalle la cabeza con tanto cambio, repasar la evolución de las Olimpiadas puede ser una forma bastante entretenida de estudiar Geografía e Historia. E incluso puede venir bien para las clases de Educación Física, que al paso que vamos, lo mismo un día de estos se convierte en asignatura teórica. Pero luego no nos vengan con quejas, que no garantizamos que funcione en el próximo examen.