USA enciende la mecha

La final del baloncesto masculino en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 terminó siendo para los Estados Unidos, que ganaron por 107 a 100 al combinado español. Los de Scariolo brillaron pese a la derrota, demostrando carácter y valía para doblegar a cualquier rival que se prestase. Uno de los grandes protagonistas del encuentro terminó siendo Juan Carlos Navarro 'La Bomba', que con sus diecinueve puntos en la primera parte y su gran acierto en el tiro exterior, acabó lanzando a su equipo hacia la gesta en una cita única para la historia del baloncesto.

USA enciende la mecha
(Imagen: Men'sHealth)

Hay ciertas ocasiones, momentos donde la derrota supone algo más. Momentos en los que el rendimiento basta, significa todo y desoja el resultado como un factor secundario. España ha perdido en la final, de nuevo ante los Estados Unidos de Kobe Bryant y Lebron James. Ante un combinado donde brilla la luz guía del endiosado Durant, del polivalente Anthony o del escurridizo Paul. USA es un país referente en muchas cosas, también en baloncesto. Una nación indivisible como bien dice "La Declaración de Independencia" y que refleja “The Star-Spangled Banner”, aún más cuando juega el equipo nacional, la selección de los mejores jugadores del mundo y también de la NBA.

Sin embargo, España también alza el grito desde el otro lado del charco, amparando connotaciones únicas y célebres en el Continente Europeo, llevando en volandas el nombre de este país y reclutando una generación de oro única y sumamente complicada de repetir. Un grupo capitaneado por un legendario que perdurará siempre. Juan Carlos Navarro ha sido uno de los grandes referentes, de los principales eslabones en el gran porvenir de este colectivo vestido de rojo y amarillo. ‘La Bomba’ supone todo, el relevo de Jiménez y la profecía cumplida. Siempre satisface. No había aparecido en la cita olímpica de Londres pero si llegó a tiempo para disputar el último lance, el compromiso final para la conmemoración idónea.

El oro bañado por el escepticismo general podría guindar el resto de éxitos que ha dejado este equipo a lo largo de la década. Una medalla que derrocase el grito popular con un hecho escrito para el recuerdo, para la historia. Navarro regresó, se resarció con coraje y casta para lograr diecinueve puntos en la primera mitad y ser la gran alternativa en el tiro exterior. El catalán terminó contagiando a todos sus compañeros en la final de todas las finales olímpicas, la tercera española ante los Norteamericanos. España contó con un ‘renovado’ dirigente en el juego ofensivo, en los planteamientos tácticos que gritaba el técnico Scariolo desde el banquillo y que siempre le tendrían como protagonista.

Colosal ante la adversidad e insólito para encontrar el pase y el momento clave. Persistente como pocos. ‘La Pleureuse’ será recordado por muchas cosas cuando termine su carrera deportiva. Seguramente su inteligencia en el juego, su estilo atrevido y su arrojo e intrepidez le marquen como un deportista atípico y exclusivo por y para siempre. Bien acompañado por un grupo imponente, legendario. Con algunos nombres que no quedan desapercibidos como los de Pau Gasol, Marc Gasol, Felipe Reyes, Serge Ibaka o José Calderón. Todos ellos despertaron, cambiaron el perfil desolador de partidos atrás para demostrar que siempre se puede cambiar la crónica. Tuvo que ser precisamente el mejor equipo del mundo el que evocase el gran potencial español, el gran estilo de juego que había cambiado la vorágine perniciosa de anales remotos.

España podía, siempre fue así y ellos lo sabían. Sin acongojarse ante el rival y con la misma apetencia que la de un grupo de jugadores bisoños. Exprimiendo todo lo posible sin pensar en el mañana, mentalizándose unidos por un éxito común. Ese ha sido siempre el espíritu de este equipo, de esa selección que aún brilla. España lo había descuidado, omitiendo el gran timón de juego que suma ya siete títulos en nueve años. Bastó para que Estados Unidos encendiese de nuevo la mecha de una bomba llena de brío y estilo. Idiosincrasia y temperamento para sobreponerse a cualquier adversario.

Navarro lideró a su equipo, apareció en el momento clave y en el sitio ideal para predominar junto al resto de sus compañeros. Todos se vieron reforzados por el ímpetu del de San Feliú de Llobregat. La magia de un líder nato que sigue asombrando desde que debutase con el primer equipo del F.C. Barcelona en la temporada 1999/2000, de la mano de Aíto García Reneses con diecinueve años. Juan Carlos Navarro ha hecho historia en Londres, ya que suma un nuevo título con la Selección Española, el décimo en total desde que logró su primera medalla de oro en el Eurobasket Junior de Varna (1998). Estilo, clase, liderazgo y corazón en un jugador de leyenda.