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Brian Clough, Old Big 'Ead

Ésta es una historia de egos y pasiones, el fútbol británico en su más pura esencia. La filosofía y leyenda de un loco genial que llegó a decir: "Si Dios hubiera querido que jugáramos al fútbol en el cielo, le habría puesto césped". Genio y figura hasta la sepultura, sobre su túmulo funerario un no epitafio flota en el aire: "No quiero epitafios de frases profundas ni nada de ese rollo. He aportado algo. Espero que eso sea lo que digan de mí, y ojalá le haya gustado a alguien".

Brian Clough, Old Big 'Ead
Brian Clough, Old Big 'Ead

Paseando por Nottingham cobro consciencia de que por sus calles el presente armoniza con el pasado de tal forma que muestra a habitantes y visitantes un colorido y mágico pasado rodeado de leyendas, castillos y cuevas. En algún momento, el silbido de una flecha escenificará el instante previo al impacto sobre nuestro corazón de la ciudad de las leyendas. Entonces quedaremos atrapados por ellas y creeremos ver a Robin Hood saliendo de Sherwood, creeremos también reconocer en el tintineo de la lluvia sobre los cristales de sus viviendas victorianas, la inspiración y el sonido de un poema de Lord Byron. Y con el sonido de aquel poema nos toparemos con el perfil de bronce de un hombre que aprieta sus puños alzados por encima de su rizada cabeza.

Será entonces cuando el viejo paseante que observa nuestro interés por aquel insigne personaje nos comente: “el mítico y excéntrico entrenador se comió al irrepetible goleador, por ello está representado vestido de chándal, elevando sus puños al aire en señal de agradecimiento, unión y alegría compartida con la ciudad de las leyendas y un equipo legendario: Nottingham Forest”

Aquel paseante sacará entonces una foto de su cartera y nos contará la historia y leyenda de Brian Howard Clough, la historia de Old Big 'Ead:

Nacido en 1935 en el número 11 de Valley Road, Grove Hill, en Middlesbrough, tan solo un año después de la muerte de Herbert Chapman, su infancia transcurrió entre los dulces de su padre Joseph y la afición por el fútbol y el Boro. El Great Broughton Juniors, Billingham Synthonia F. C. y el equipo amateur del Middlesbrough F. C. le sirvieron para mitigar sus ansias de golear. Unas ansias y el inmenso ego de un goleador que entre la década de los 50 y 60 entre sus etapas en el Middlesbrough y el Sunderland anotó 251 goles en 274 encuentros. La desbordante e imparable cascada goleadora de un futbolista al que un 26 de diciembre de 1962 una inoportuna lesión de rodilla puso fin a su prometedora carrera. Cuentan que aquel contratiempo modeló su ya complicada personalidad, aquel día Clough mató al futbolista para crear al entrenador. A partir de ese instante no cesó en su empeño de seguir marcando las diferencias que marcó cuando fue un gran goleador, aunque haciéndolo desde los banquillos.  

Una  aventura a la que dio comienzo en las inferiores del Sunderland para luego asumir la dirección técnica del modestísimo Hartlepool United de la cuarta división, donde encontró en la figura de Peter Taylor al mejor ayudante y consejero, la persona idónea para apaciguar un poco su explosiva personalidad. Dos años más tarde, firmó por el Derby County y al frente de los carneros dejó patente su talento como técnico. En las cuatro temporadas que estuvo al frente del Derby (entre 1967 y 1973) consiguió que un equipo que coqueteaba peligrosamente con el abismo por la parte baja de la Segunda División, lograra el ascenso y el posterior campeonato de Liga. County Ground fue testigo del primer título de la historia del club, un éxito sin precedentes en la historia del club. En referencia a esta etapa de su carrera existe un libro llamado Clough's War en el que se explica en detalle su paso por el Derby, la condición de un hombre, un entrenador que rompió moldes y convivió permanentemente con la polémica y el escándalo.

Tras haber brillado con los carneros hizo un pequeño receso en el modesto Brighton & Hove Albion de la Tercera División, se alejó por un momento de los focos de la popularidad pero no cesó en su cruzada contra Don Revie (técnico de Leeds), uno de los más prestigiosos entrenadores de la época. Sus duelos dialécticos con Revie siguieron alimentando y sembrando de polémica los titulares de los tabloides deportivos ingleses. Cloughy acostumbraba a soltar profundas andanadas a Revie refiriéndose al juego duro del Leeds. Por ello, cuando en 1974 el Leeds pensó en su figura para suceder a Revie (que se había marchado para ser seleccionador), el vestuario de los “Whites” le recibió con bastante recelo y mucha negatividad. Especialmente desde el momento en el que Clough pisó aquel vestuario pro Revie por primera vez para aleccionarles con esta frase: “Hasta donde yo sé, podéis tirar todas esas medallas que habéis ganado estos años a la basura, ya que las ganasteis todas robando”.

A partir de ese momento Clough vivió siete semanas en el cargo al borde del motín y con una bomba de relojería en manos de uno de los técnicos más talentosos, pero posiblemente más polémicos de la historia del fútbol. Siete semanas de película que saltaron al celuloide de la mano de Tom Hooper, que a través de “The Damned United”, llevó al cine la novela homónima de David Peace, en la que se narra con humor negro los fatales 44 días que estuvo al frente del Leeds. Sus encontronazos con Johnny Giles, al que llegó a decir: “Dios no te ha dado seis tacos para que los claves en la pierna de un rival”. La historia de un epitafio cinematográfico al que Clough se encargó de poner fin el día de su cese con una de sus célebres frases: “hoy es un día espantoso... para el Leeds United”

A ojos de la opinión pública el prometedor Clough había perdido la gran oportunidad de entrar en la elite, muchos pensaron entonces que su momento había pasado, pero Clough aún se guardaba un as en su manga. Célebre fue su enfrentamiento televisivo con Revie, en el que conminó a este a encontrarse unos años después para ver dónde estaría uno y otro. En aquel momento y en el contexto de aquella frase su prepotencia pareció no tener límites pero el tiempo acabó dándole la razón

Y es que aquel as tenía color, nombre y escudo: Nottingham Forest, conjunto al que llegó en 1975 para sacar del olvido y el descenso en sus primeros meses. En Nottingham su perfil excéntrico y socarrón resurgió con mayor fuerza si cabe, pero este convivió con el talento de un gran técnico que se reencontró con Peter Taylor (que había roto con él cuando firmó por el Leeds) para marcar una época en la historia del fútbol británico. Clough lo controlaba todo, la economía, los fichajes, las relaciones con la prensa…

El polémico entrenador aprovechó su autoridad suprema para confeccionar una plantilla muy competitiva con futbolistas de primer nivel, de la talla de Peter Shilton, que marcó época bajo palos, Viv Anderson (primer jugador de color de la selección inglesa), John McGovern, Trevor Francis, Martin O´Neill, y los escoceses John Robertson, Archie Gemmill y Kenny Burns.  Unos futbolistas que se acoplaron de inmediato a sus ideas resultadistas y la búsqueda de las debilidades del rival para escenificar el apoteósico éxito del Forest de los setenta. Una máquina que cada fin de semana ponía patas arriba el ya mítico City Ground.  

Así fueron campeones por delante de un mítico Liverpool e hicieron historia en la Copa de Europa 1978/79, en la que tumbaron al todopoderoso cuadro Red en la primera ronda y luego dieron buena cuenta del AEK de Atenas, Grasshopper, Colonia y ya en la final del Malmo sueco, conjunto al que venció con gol de Trevor Francis, el futbolista del millón de libras. Aquel al que  Clough se solía referir como el chico de las, 999.999 libras "Para restarle presión al chico". Una gesta reeditada al año siguiente con la consecución de su segunda Copa de Europa en el Bernabéu,  ante un Hamburgo con cierto sabor británico pues ni el mismísimo Kevin Keegan pudo frenar la incontinencia futbolística de aquel legendario equipo y la incontinencia verbal de su entrenador, que levitó lingüísticamente entre la genialidad y la prepotencia.

Frases para la leyenda y polémica del inimitable Old Big 'Ead, que se expresó en estos términos recordando sus éxitos con el Forest: "El río Trent es precioso. Lo sé muy bien porque he caminado sobre sus aguas durante 18 años". "Roma no se levantó en un día, pero sólo porque yo no tuve nada que ver en el asunto". Ese mismo que dijo lo siguiente sobre el mayor error de su vida: "Le comuniqué al mundo entero y parte del otro lo buen entrenador que era. Yo sabía que era el mejor, pero si no hubiera abierto la boca, no habría tenido que aguantar tanta presión. Se habrían dado cuenta de todas formas".

Un tipo genial, prácticamente innegociable en su concepción del fútbol y la vida, que solía tener a sus capitanes comiendo de su mano y a sus estrellas absolutamente de su lado, aquel que tenía salidas para todo: "Si discutiera con un jugador, nos sentaríamos juntos unos veinte minutos, hablaríamos del asunto y al final decidiríamos que yo tengo razón". En su compleja personalidad el corolario de un acertijo inabarcable al que le salieron malos imitadores constantemente. Capaz de hacer alusión a los defectos físicos de un jugador para ensalzar sus virtudes futbolísticas, tal y como hizo con John Robertson: "John Robertson era un joven muy poco atractivo. Si algún día me daba la impresión de que me había levantado así como con mala cara, me sentaba a su lado. Comparado con él, me sentía de golpe como el Errol Flynn ese de las narices. ¡Ahora!, en cuanto le cedían un metro de césped, John era un artista. El Picasso de nuestro deporte".

La suya, la filosofía de un genio loco que llegó a decir: "Si Dios hubiera querido que jugáramos al fútbol en el cielo, le habría puesto césped". Su grandeza queda reflejada en el hecho de que dos clubes rivales como el Derby County y el Nottingham encuentran su más sólido nexo de unión en su figura, al punto de que el tramo de la carretera A52 que une Derby y Nottingham se conozca como la Brian Clough Way, o que en los partidos en los que se enfrentan estos dos equipos se entregue al ganador el Trofeo Brian Clough.

Genio y figura hasta la sepultura, sobre su túmulo funerario un no epitafio flota en el aire:  "No quiero epitafios de frases profundas ni nada de ese rollo. He aportado algo. Espero que eso sea lo que digan de mí, y ojalá le haya gustado a alguien".

Un hombre sin epitafio y un técnico de eternas frases, inimitable, querido, odiado e inmortalizado en bronce en tres ciudades: en Albert Park de Middlesbrough, el Pride Park Stadium de Derby y el centro de la ciudad de las leyendas, donde un viejo paseante guarda de nuevo y emocionado en su cartera la foto del Nottingham Forest de los años setenta.

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