Johan Cruyff, el genio de Betondorp

Todo modelo, toda partitura de juego necesita de la presencia e inspiración de un director de orquesta e intérprete que le otorgue su verdadero sentido y para el Fútbol Total, para los aficionados a este deporte, Johan Cruyff constituyó una aparición casi mística, pues el holandés fue el futbolista más influyente de su época e icono de un generación que antes de su estelar irrupción no había visto algo similar al fútbol que llevaba en sus botas el genio de Betondorp.

Johan Cruyff, el genio de Betondorp
Johan Cruyff, el genio de Betondorp

Todo comenzó a la una de la tarde de un 25 de abril de 1947, cuando en el hospital Burgerziekenhuis de Linnaeustraa de Ámsterdam, nació Hendrik Johannes Cruyff. Hijo de Hermanus Cornelis Cruyff  y Petronella Bernarda Draaijer, su infancia discurrió en Betondorp (Villa Hormigón), pueblo de clase obrera de Ámsterdam, dependiente de una fábrica de hormigón. En aquel escenario de cemento y hormigón, la ávida necesidad de un chico por divertirse, sembró las calles y paredes de su barrio con la acción poética de unos pies que transmitían y expresaban la personalidad de un creativo incurable de la pelota. Una pelota que rodó por el número 32 de Akkerstraat, primer domicilio del que por entonces era conocido como Jopie, aquel del que hoy día no queda rastro alguno, tan solo la memoria de los ancianos del lugar, que aun preservan en sus recuerdos la fascinación causada por los destellos de un pequeño, que retando a su hermano mayor Henny con una pelota, eligió el fútbol como pincel para hacer su genial aproximación al arte.

Jopie tejió su infancia en Betondorp, donde su familia tenía una tienda de frutas y verduras y vivió entre 1947 y 1968. En aquel pueblo experimentó la alegría y el dolor de la vida, la satisfacción de jugar al fútbol sin cesar hasta la caída de la noche, de cruzar dos calles y encontrarse al otro lado de Middenweg (Camino del Medio), donde el mítico estadio De Meer del Ajax, hacía vibrar a los aficionados. La tristeza de vivir en 1959 el fallecimiento de Manus, su padre, que no pudo ver a Jopie convertirse en De Kruyff, nombre con el que le citó la crónica el día de su debut con el Ajax a al edad de 17 años.

Aquel debut, un 15 de noviembre de 1964, con el 8 a la espalda ante el JVAV Gröningen, de la mano de Vic Buckingham (su gran valedor), constituyó el comienzo de una historia inolvidable que culminó una infancia marcada por una serie de condicionantes que moldearon su personalidad. Especialmente el fallecimiento de su padre, momento en el que se mudó a otra casa vecina, en Weidestraat, donde fue testigo de la lucha de Petronella para sacar a sus hijos adelante. La búsqueda incesante de una figura referencial, un arquetipo que encontró tanto en el cuidador del césped de De Meer, como en aquellas estrellas a las que idolatraba. A aquel hombre que cuidaba De Meer lo conocía desde que aprendió a andar y le profesaba el aprecio que se le puede tener a un padre. No en vano era el encargado de cuidar la moqueta en la que sembró sus mayores ilusiones y fabricó sus mejores sueños. En cambio en Faas Wilkes, legendario jugador holandés encontró al ídolo al que imitar, un modelo que igualmente encontró en la figura de Alfredo Di Stéfano, en el que descubrió a un futbolista genial que en gran medida poseía el concepto de fútbol y juego que Johan admiraba. Y es que Don Alfredo que había bebido del concepto total de la Máquina de River, del Charro Moreno y Pedernera, era de aquellos futbolistas que pese a llevar el 9 a la espalda eran capaces de bajar y pedírsela al portero para construir la jugada, buscando la pared y apoyándose en el compañero, oteando el horizonte del fútbol y el movimiento de sus rivales y compañeros.

En definitiva formaba parte del hilo histórico del Fútbol Total, aquel que Johan había mamado en De Meer, donde el Ajax dio vida y forma al citado estilo de la mano de entrenadores como Rinus Michels, Jack Reynolds y Stefan Kovacs. Una partitura de juego que necesitó de la presencia e inspiración de un director de orquesta e intérprete que le otorgó su verdadero sentido: Johan Cruyff, el jugador total.

El Cruyff jugador formó junto a su hermano Henny en 1964 el que es recordado como mejor equipo juvenil del Ajax de toda su historia, donde Vic Buckingham quedó deslumbrado por el talento y la personalidad de aquel flaco. Y digo flaco porque Johan necesitó de una maduración táctica y física que, alcanzó en gran medida gracias al apoyo de entrenadores como Rinus Michels y Stefan Kovacs. Especialmente del primero, que trazó un plan físico específico para Cruyff, que logró fusionar su talento natural con la preparación física, dando como resultado un futbolista nunca visto, extraordinario técnicamente y dotado de un cambio de ritmo demoledor. De su etapa juvenil rescató el dorsal 14, y con él comenzó a gobernar, a flotar en la ingravidez de un nuevo universo del fútbol llamado Ajax. Un equipo en el que el extremo izquierdo no podía dormirse cuando el entrenador hablaba sobre el lateral derecho porque en alguna fase del partido sus posiciones podían ser intercambiadas. Fútbol Total en su más pura esencia, con Johan ejecutando la obra maestra y los polifuncionales Krol, Suurbier, Neeskens, Keizer, Rep… haciendo un majestuoso acompañamiento musical y posicional.

En los viejos ladrillos de De Meer, el grafiti del F-Side, de los hinchas más famosos del Ajax, vendidos a 10 florines la pieza, dicen que reside un pedazo del alma rebelde de Johan, también en las viejas sillas rojas del mítico estadio perdido. Aquellos son los únicos rastros físicos que quedan del escenario de los sueños. Hoy un complejo de 700 viviendas llamado Park De Meer, al que se llega por el puente Johan Cruyff, un barrio en el que  la memoria de la gente preserva la visión del mejor Ajax de la historia. En él podemos pasear entre jugadores que ganaron hasta tres Copas de Europa en 1971, 1972 y 1973 y bautizan los puentes del lugar. Puentes que huelen a historia del fútbol y colindan con la leyenda de Delle Alpi, Santiago Bernabeu, Anfield, Wembley, Colombes y Prater, seis calles nombradas en honor de los estadios de las seis finales europeas jugadas por el Ajax. Especialmente significativa la conquistada en 1972, cuando el Ajax superó al Inter 2-0 con lección y dos goles de Cruyff, pese al marcaje individual de Oriali. Una final que supuso la victoria de un nuevo estilo sobre el tradicional estilo italiano. El triunfo del fútbol ofensivo de un futbolista total, dotado de una inteligencia táctica y un carácter único, además de un cambio de ritmo nunca visto hasta esa época. El Ajax de Johan, que a su marcha acumuló 8 Ligas, 8 Copas de Holanda, 3 Copas de Europa, 1 Copa Intercontinental y una Supercopa de Europa.

Cruyff siempre fue muy consciente de su poder, gobernaba el partido por encima de la influencia de sus entrenadores. Era un genio rebelde habituado a chocar constantemente con el poder establecido, con la dirigencia de los clubes de fútbol. A Johan no se le llevaba la contraria, quizás por ello cuando tuvo conocimiento de que el club negociaba a sus espaldas con el Madrid, decidió rebelarse y firmar por el Barcelona por 60 millones de pesetas. Cuando fichó por el Barcelona en la temporada 73/74, ya acumulaba en su palmarés tres Copas de Europa y la afición azulgrana vio en el crack holandés a la figura idónea para sacar a flote a un equipo que llevaba 14 temporadas sin ganar el título de Liga. Y en gran medida fue así, puesto que el Barça liderado por el holandés hizo saltar en pedazos la historia conquistando el título y dejando para el recuerdo un contundente 0-5 en el Bernabéu con un festival de juego ofensivo.

 Johan perfiló imágenes y acciones que aún siguen manteniendo vigencia emocional e histórica para los culés, como aquel gol imposible a Reina en el Camp Nou, acción por la que fue bautizado como el holandés volador. Cruyff fue la estrella indiscutible del campeonato y para muchos niños españoles un referente estético y una motivación para llegar a desplegar algún día ese fútbol de cambio de ritmo infernal que les dejó extasiados. Todos querían ser aquel Cruyff que ganó su tercer Balón de oro, un futbolista que vistió durante tres años la camiseta azulgrana, pero que solo sumó a su palmarés una Copa del Rey más. Aunque a Cruyff le quedaba mucho fútbol, la dolorosa derrota del Mundial de 1974 le dejó tocado, como dijo Sadurní: “Cuando llegó era un fenómeno y al segundo y tercer año ya no quiso entrenarse. Se estiraba en la sala de masaje y que lo hiciesen los otros”, “Fumaba Camel sin filtro en la media parte de los partidos”.

Y es que Cruyff era un tipo aparte, un genio como futbolista pero también un personaje de armas tomar, existen varias instantáneas fotográficas en las que quedó plasmada su tumultuosa relación con los árbitros en el fútbol español. Johan salió en más de una ocasión de la mano de los grises al no querer abandonar el terreno de juego tras una expulsión. Como cuenta Valdano, se sabía el mejor, sobre el campo era el que mandaba y si osabas discutir te arriesgabas a recibir una respuesta como esta: ”A Johan Cruyff con veintiún años se le trata de usted”

Y tenía razón porque Johan era poco menos que un dios, un tipo que había liderado física e ideológicamente a un equipo y una selección que grabó su fuego naranja en la memoria del fútbol. Una Naranja Mecánica que no precisó del triunfo final para eternizarse entre los recuerdos de una generación de aficionados al fútbol que gozó viéndoles jugar. Dicen que uno no puede pensar que algo es imposible si antes no intenta conquistar un sueño y, en esta historia el sueño estuvo representado por aquel tulipán naranja que lució y vistió a un grupo de jugadores con una concepción moderna y profunda del fútbol, polivalentes y dispuestos a rendir con calidad en cualquier situación y posición del terreno de juego. Cruyff fue la Flor Nacional de ese sueño que murió en la orilla, cuyo epitafio fue escrito el 7 de julio de 1974 en el Olímpico de Munich, en la final de la Copa del Mundo ante Alemania, en la que sucumbieron por dos goles a uno. El eléctrico nº14 de aquella selección llegó a la cita con algunas décimas de fiebre, pero sabía que ese era su partido, por ello a los setenta segundos de juego “agarró” la pelota e hizo una jugada de genio arrancando desde su campo y pisando al área rival, donde Vogts solo pudo pararle haciéndole un claro penalti. Aquella jugada, la más clara definición del todocampista, del futbolista total, del genio. Una pena máxima que anotó Neeskens y paradójicamente se convirtió en arma de doble filo para los holandeses, que se vieron campeones antes de tiempo. Luego los alemanes que tenían un soberbio y pragmático equipo liderado por Franz Beckenbauer, hicieron de alemanes y en treinta minutos reventaron la final con torpedos de Gerd Müller. Tras aquella derrota nada volvió a ser tan perfecto, Johan rehusó participar en el Campeonato del Mundo de Argentina de 1978, donde se especuló hasta la saciedad sobre su polémica decisión, que no explicó detalladamente hasta unos treinta años después, cuando reveló unas amenazas de secuestro a sus hijos que la precipitaron.  Jamás sabremos si la presencia de Johan en aquel Mundial habría modificado el resultado de la épica final ante Argentina en el Monumental.

Aunque en sus dos últimas temporadas como jugador azulgrana no se vio al Cruyff del Ajax, su bajo rendimiento no pesó en la admiración que se le profesaba, mucho menos en la huella que dejó en el club, sin duda muy profunda. Su intensa relación con el Barça quedó simplemente en un standby de admiración. Johan siguió su camino y retomó su carrera en la NASL, donde jugó en Los Angeles Aztecs y los Washington Diplomats. Posteriormente vivió una breve aventura en la Segunda División española en las filas del Levante, para luego regresar a su país, donde siguió impartiendo cátedra en el Ajax, ganando dos Ligas más y una Copa. En aquella etapa de su vida falleció aquel cuidador de De Meer que había sido como su segundo padre, hecho que le afectó a nivel personal. Un bajón anímico y deportivo que hizo dudar a los dirigentes del Ajax por su bajo rendimiento, pero que espoleó el carácter rebelde de Cruyff, que se marchó al máximo rival, el Feyenoord, para hacerlo a lo grande y conquistar su último título de Liga y Copa en 1984, a la edad de 37 años. Un genio del fútbol, un rebelde con causa colgaba las botas para dejarlas al filo de nuestros imborrables recuerdos, pero ni mucho menos abandonaba su idea de seguir peleando por el modelo de fútbol que había dignificado como jugador más influyente de su generación.

Johan no tardó en trasladar su concepto del fútbol a los banquillos, en la temporada 84/85 ya formaba parte del organigrama técnico del Ajax que lideraba Leo Beenhakker. Y pronto, en 1985, dio el salto definitivo al banquillo como primer entrenador. Con las ideas que había interpretado y aprendido desde niño, se hizo cargo del Ajax por un espacio que se prolongó durante dos temporadas y media en las que logró una Recopa y dos Copas de Holanda. Una etapa en la que entre otros aleccionó a un joven genio llamado Marco van Basten y logró situar su nombre entre los mejores entrenadores del mundo.

En 1988 el Barcelona estaba roto y Núñez fichó al mito para elevar el estado anímico de los socios y los jugadores, pero no sabía que haciéndolo cambiaría por segunda vez y para siempre la historia del club. Johan llegó con una idea, un estilo con el que había crecido como jugador y un hilo de juego que conectaba con los albores del fútbol de ataque. Cruyff creó el Dream Team, cuyo Fútbol Total hizo modificar en gran medida los conceptos de juego en la historia de la Liga española y asentó las bases de un modelo, que más de veinte años después sigue vigente. Johan tomó el mando del club y le dejó claro a Núñez que solo él tomaba las decisiones.

El holandés llegó con el Fútbol Total en su cabeza, dispuesto a cambiar el fútbol aportando sus propios matices. Entre muchas de sus variantes puso a dos extremos que intercambiaban constantemente su perfil, eliminó la figura del delantero centro (algo similar a lo que hizo Hungría en Wembley con Hidegkuti) y situó como hombre más retrasado a un centrocampista. Apostó por un 3-4-3 en el que solo creía el propio Cruyff, un concepto que logró transmitir a su plantilla tras numerosas charlas y partidos en aquella histórica pretemporada en Holanda. Unas ideas que fueron asimilando progresivamente sus futbolistas, pues su arranque como entrenador azulgrana no fue brillante, llegando incluso a correr peligro su cabeza. No en vano Cruyff estaba revolucionando el fútbol, implantando un modelo ya existente, vigente en Holanda y la historia del juego durante muchos años, pero cuyos matices, estilo personal, eran propios y, cuestionados seriamente para una Liga como la española.

Aquella locura futbolística en la que pocos creían explotó en la tercera temporada, el Dream Team estaba preparado para competir, para hacer disfrutar y sobre todo para ganar. Vivió su momento más álgido con la conquista de la primera Copa de Europa en 1992. Cruyff y el ‘cruyffismo’ convirtió a un equipo acostumbrado a ganar algo cada cinco años, en un equipo capaz de ganar cuatro ligas consecutivas. “En un momento dado” como Johan solía decir, demostró que su idea, su modelo, además de atractivo era eficaz, que el fútbol siempre que estuviera en manos de los profesionales estaría salvaguardado de las aspiraciones de grandeza de los directivos, a los que en todo momento mantuvo a raya y dejó claro que no debían inmiscuirse en las decisiones deportivas. Johan llevó al límite su idea y viviendo en aquel límite, el lógico desgaste surgió entres sus futbolistas, el sueño acabó y el Barça de Cruyff vivió su fin. Un epitafio futbolístico escenificado en la final de la Copa de Europa de 1994, con un doloroso 4-0 ante el Milan, que luego vivió un traumático epílogo hasta que se produjo su salida en 1996. Triste epílogo a un gran sueño hecho realidad, pero no a una idea, un modelo, una semilla iniciática sembrada en los campos de La Masía, que tras una etapa de transición, sobrevivió y floreció de forma maravillosa.

Y dejando aquel legado, el futbolista, el entrenador, escribió la historia de un hombre que como niño no concibió el fútbol de otra manera que para disfrutar. Que aun sabiendo que este deporte posee un 60% de sombras, ese valioso 40% restante residía en el nº número 32 de la calle Akkerstraat, donde encaraba a su hermano Henny para hacerle un túnel al borde de la acera de los sueños. Aquel que por encima de los títulos, de su jodida manera de controlar, de gobernar la pelota y todos los condicionantes que orbitan en derredor a ella, hizo disfrutar a los aficionados enriqueciendo el paisaje del fútbol mundial, creando hábitos de fútbol ofensivo a nuevas hornadas de jugadores y entrenadores que mantienen vigentes y acercan a la perfección sus ideas. Las ideas de un flaco y holandés volador, que en un momento dado legó al juego los valiosos conceptos del Fútbol Total interpretados desde la óptica del genio de Betondorp.