Paulo Roberto, el verdadero Capitán Maravilla

La vislumbre del recuerdo se precipita hoy sobre mis sentidos para experimentar de forma y manera vívida, las sensaciones que generó en aquellos que seguíamos el fútbol sala en los años 90 un hispano-brasileño que cambió para siempre el concepto existente en España de esta asombrosa miniatura de salón.

Paulo Roberto, el verdadero Capitán Maravilla
Paulo Roberto, el verdadero Capitán Maravilla

Sus regates afilan el delirio de las gradas, arman los sueños de aquellos que están dispuestos a pagar una entrada para transmitir memoria a memoria, boca a boca, las evoluciones de un jugador maravilla. De su osadía brota poesía, de su talento la duda del oponente, que sucumbe al libre albedrio de su juego. De fondo se eleva primorosa la bola, que obedece al envolvente dominio de Paulo Roberto Marques Roris. El fútbol sala ha dejado de ser un juego para convertirse en espectáculo ante la magia de Paulo Roberto 'Maravilla'.

Nacido un 12 de agosto de 1967 en Rio de Janeiro, Brasil creció soñando ser Dinamita y emular a Roberto, aquel ídolo de Vasco que copó sus ansias por ser futbolista. Unas ansias y un sueño que no pudo cumplir, pero mitigó en los cortos e intensos espacios del fútbol de salón, espacio creativo en el que desde los doce años encontró salida para aquellas miniaturas de genialidad que emanaban de su concepción del juego.

Pasó por equipos como el Grajau, el Flamengo, el Enxuta, el Tigre o el Braco, en los que el primor se suele vestir de espectáculo para identificar a Brasil como cuna de un deporte en el que el 'ginga' se viste de corto para dar al fútbol nombres como Manoel Tobías o Falcao, pero también como Paulo Roberto. Aquel futbolista de salón y corbata cuya aparición marcó un antes y un después en el fútbol sala español. Con él, el fútbol sala se convirtió en espectáculo y la cada vez más intensa profesionalización de sus jugadores propiciaron que fuera rentable y sumamente gratificante pagar el precio de una entrada.

Han sido muchos los que han grabado en nuestra memoria instantes mágicos de fútbol pequeño. Pequeño de dimensión física pero grande en leyenda, que se extiende en pinceladas geniales que dibujan a jugadores como Chico Lins, Marabu, Pato, Ferreira, Celso, Lenisio, Schumacher, Eremenko, Falçao, Javi Rodriguez, Mauro, Manoel Tobias, Vinicius, Fininho, Javi Limones, Kike, Lorente, Julio Cesar, Fabinho, Carosini, Daniel, Vicentín... pero hoy el perfil de Paulo traza surcos de magia por mis recuerdos y párrafos en los que la nostalgia añora sus jugadas.

Una evoluciones mágicas que pudimos disfrutar gracias a una curiosa llamada: Robson, que era compañero suyo estaba tratando su pase al el Pennzoil Marsanz de Torrejón, pero acabó firmando por otro conjunto brasileño, por lo que al recibir la comunicación telefónica del directivo del conjunto de Torrejón, le pasó el teléfono a Paulo que estaba libre y supo venderse como lo que era en realidad: un crack.

Y aquel crack era Paulo Roberto, un mago que envolvió lentamente el mapa geográfico del fútbol sala español y a su paso asombró al aficionado, que se convirtió en mudo espectador de la maravilla, en coro melodioso que estalló en aplausos ante los trinos primorosos de su obra majestuosa. Llegó de la mano de Julián Herrero, corría el año 1989 y en el Marsanz no había un solo jugador profesional. Ese mismo año ganaron la Copa a Interviú siendo elegido Paulo mejor jugador del Torneo. Torrejón de Ardoz se rindió entonces a su magia, los 4.000 espectadores que acudían al Polideportivo Joaquín Blume, asistieron a la explosión creativa de un jugador que convertía el juego en puro espectáculo.

El duelo entre Interviú y Marsanz Torrejón, resultaba apasionante y la temporada 90/91 fue buen ejemplo de ello con tres partidos inolvidables (7-8, 7-6 y 6-4), en los que Interviú acabó saliendo campeón. Además  los duelos directos entre el paraguayo Dr.Ramón Carosini y Paulo Roberto forman parte de lo mejor de la historia de LNFS. En esa misma campaña un error suyo marcó el devenir de la final de Copa ante el Caja Toledo. Paulo atravesó un duro momento en su carrera, pero tenía reservada la revancha, que llevó a efecto en la temporada 91/92. Una campaña en la que el Marsanz, considerado como equipo del pueblo y afín al espectáculo, anudó su éxito a la anarquía de su juego para ganar la final de Copa. Una final celebrada en Cáceres, y conquistada ante el Sego Zaragoza, al que vencieron 7-6. El brasileño, que jugó su último partido como jugador de Pennzoil Marsanz tras haber fichado por el ‘eterno rival’ Redislogar, marcó el cuarto gol de su equipo de chilena en una espectacular e inolvidable acción.

En 1992 se marchó a Coslada para enrolarse en las filas del Redislogar y en 1994 dio el salto definitivo a ElPozo Murcia, de donde no se movió hasta su retirada, once años después. El mágico dorsal nº7 del pívot hispano-brasileño convirtió a un humilde en un referente del fútbol sala español. El Pozo sin miedo a perder la maravilla de Paulo conquistó una Liga Nacional de Fútbol Sala en la temporada 1997-98 (primera liga tras ocho años persiguiendo el objetivo), dos Copas de España (1995 y 2003), una Supercopa de España (1995) el bronce en el Europeo de Clubes de 1999 en Moscú y una Recopa (2003). Mejor pívot LNFS en la temporada 2001/2002 y pichichi en cinco temporadas, una con el Marsanz, otra con el Redislogar y tres con ElPozo, su mayor legado corresponde a la llama de recuerdo que permanece viva y grabada en la retina del aficionado.

 La Maravilla, continuada en el tiempo y el espectáculo que se hizo cancha de salón. Aquella menuda cancha de intenso espectáculo en la que Paulo ‘Maravilla’ brilló como jugador de la selección española, con la que llegó a ser internacional en 58 oportunidades, anotando 51 goles y en la que jugó gracias a que su abuelo paterno era de origen español. Camisa con la que conquistó 2 Eurocopas y 1 Mundial, el de Guatemala 2000, que rompió la hegemonía de Brasil y en el que dejó para el recuerdo un golazo en semifinales: a falta de 50 seg. y con el encuentro empatado, al sacar de centro regateó a los 4 jugadores de campo y al portero dándole el pase a una final que cambió para siempre la historia del fútbol sala en nuestro país.

Pero esta “Séptima Maravilla” del fútbol sala que soñó con transportar los sueños menguantes de la cancha pequeña al fútbol grande, estuvo cerca de perderse en el once de un mundo colchonero que le atraía enormemente y al que a punto estuvo de ingresar cuando Alfio Basile (por entonces técnico del Atleti) recomendó su contratación. Pase que no se llevó a efecto por la marcha del entrenador argentino. Pudo entonces perder el fútbol sala a uno de los mejores jugadores que ha legado este deporte en lo que al menos el torneo español atañe, pero afortunadamente la inexpresable expresión de su juego siguió paseando su maravillosa presencia por los pabellones de la geografía española.

Una geografía que hipnotizada por el espectáculo ofrecido y desplegado duplicó sus fichas federadas, sentando las bases de futuro para un deporte del que hoy nos sentimos especialmente orgullosos. Y aunque Paulo solo fue un pilar entre pilares para la profesionalización del fútbol sala, su magia sin duda es maravilla del camino soñado, aquel por el que se esparcen guarismos contabilizados en goles y regates imposibles que dejan cinturas cadavéricas y ovaciones que truenan con ecos de entusiasmo sobre la leyenda de Paulo Roberto, aquel que a mi juicio y sin ningún género de duda es el verdadero Capitán Maravilla.