El jardín de Thierry

La figura de un espigado futbolista francés que vino al mundo vestido de frac, flotando sobre la elegancia de sus veloces pies, viaja en el minutero del reloj del Emirates, único vestigio histórico que se conserva intacto de Highbury, jardín del Edén en el que un Adán futbolístico escribió su grandiosa leyenda. Para todos Thierry Henry, para mí Air France…

El jardín de Thierry
El jardín de Thierry

Desde el principio de los tiempos el hombre ha soñado y fantaseado con la existencia  de un mundo perfecto, un paraíso terrenal mitificado por todas las civilizaciones que posiblemente surgió de una primigenia cultura madre. Y partiendo de una de las descripciones que hace el Génesis sobre aquella leyenda quiero contaros la maravillosa historia de un jardín y su Adán futbolístico. En el libro del Génesis en su capítulo primero, versículo 30, se hace una descripción del paraíso original: "Y doy la hierba verde como alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se arrastran por la tierra".

Y en aquella hierba verde y celestial que cubre de leyenda los incomparables escenarios de la Premiere, existió hace ya algún tiempo un Paraíso o jardín del Edén situado en el norte de Londres. Una alfombra verde sobre la que voló la elegancia de un ave que rozó con sus alas el cielo y llevó a los aficionados gunners a sentirse más cerca de Dios. Una fiera que se alimentó de goles, defensas y porteros que parecieron arrastrase por la tierra ante la majestuosa e ingrávida carrera de un delantero francés.

Aquel paraíso que correspondía a uno de los santuarios del deporte y el fútbol inglés surgió de la maravillosa imaginación de un arquitecto escocés llamado Archibald Leitch, que no proyectaba estadios, sino que levantaba monumentos al fútbol cada vez que sacaba a pasear su creatividad. A él le debemos  Anfield, Celtic Park, White Hart Lane, Ibrox Park, Villa Park, Goodison Park, Hampden Park, Hillsborough, Twickenham,  Landsdowne Road y Highbury, este ultimo uno de los estadios más emblemáticos de la historia del fútbol inglés. Un mítico escenario inaugurado en 1913 con un Arsenal Leicester y que engullido por el negocio y la modernidad corresponde ya tan solo a un imborrable recuerdo.

Y entre aquellos imborrables recuerdos rebosantes de leyendas como Herbert Chapman,  Alex James, Bertie Mee, Pat Jennings, Liam Brady, George Graham, Tony Adams, Paul Merson, Michael Thomas, David Seaman, Dennis Bergkamp e Ian Wrigth sobresale la figura de un espigado futbolista  francés que vino al mundo vestido de frac, flotando sobre la elegancia de sus veloces pies. Para todos Thierry Henry, para mí Air France…

Un crack que asentó su leyenda a través de sus genes antillanos de Guadalupe y Martinica, aquellos que le proporcionaron la morfología física y la fuerza gravitacional de un chico de zancada larga y elegante que completó su formación en la Academia de Clairefontaine. Aquel que lució las camisetas del Les Ulis, club de su localidad natal, Palaiseau, Viry-Châtillon y FC Versalles, conjunto este último en el que fue descubierto por el Mónaco, donde cruzó su camino con el que sería sin duda su padre fubolístico: Arsenne Wenger.

Y desde el extremo izquierdo Tití se asoció con Sonny Anderson para demostrar que su talento traspasaba las fronteras francesas para adentrarse en el corazón de Italia, donde la Vecchia Signora pensó en su prometedor futuro para ampliar su grandeza futbolística. Llegó al Juventus en 1999, el equipo italiano pagó por él 17 millones de euros pero su adaptación al Calcio resultó un rotundo fracaso, al punto de que tan solo seis meses después no dudó en atender la llamada de Arsenne Wenger, que le ofreció la posibilidad de enfundarse la camiseta gunner del Arsenal y establecer una de las más plásticas y estéticas sociedades de la historia del fútbol junto a Dennis Bergakamp, ‘Iceman’.

El francés hizo degustar el buen fútbol a los aficionados 'gunners', que dividieron su corazón entre Bergkamp y Tití

Y allá en Highbury, en Inglaterra, donde los goles parecen más goles porque una alfombra verde enmarca la belleza y el incomparable ambiente pone la banda sonora al fútbol, la leyenda y la emoción, Thierry Henry ‘Air France’, aprendió de la magia de un holandés que le asistió creativamente e intercambió con él posiciones desde el enganche y la punta del ataque. Junto al holandés, el francés hizo degustar el buen fútbol a los aficionados gunners, que temporalmente dividieron su corazón entre Bergkamp y Tití, hasta que este último acabó consolidándose como su nuevo buque insignia.

Arsenne Wenger que conocía perfectamente hasta dónde podía llegar Henry, le dejó una cinta de video para que la visionara y le dijo: “Esto es lo que pretendo que hagas con esta camiseta”. En aquella cinta aparecía Ian Wright, (leyenda gunner) firmando el gol que le convirtió en máximo goleador de la historia del club. Para Henry era un gran reto, 185 goles había firmado el delantero británico pero para ‘Air France’ la motivación quedaba siempre supeditada a la dificultad de la escalada. Y con la sutileza de su pierna derecha se dispuso a reventar los registros históricos, haciendo goles de todos los colores formas y maneras posibles, hasta que en octubre de 2005 coronó la meta con dos goles al Sparta. Pocos días después, Highbury explosionaba con una sonora ovación ante la imagen de Ian Wright y Thierry Henry, que solos en el centro del terreno de juego se fundían en un abrazo eterno. Henry con la mirada vidriosa recordaba aquella cinta de video, mientras el club le hacía la entrega del ‘cañón de plata’ por establecer un nuevo récord anotador en sus seis años en el club londinense: 186 goles, 146 de ellos en la Premier, en 208 partidos.

En aquel cañón de plata viajaban los golazos de un tipo que no pisaba el verde de Highbury sino que lo sobrevolaba

En aquel ‘cañón de plata’ viajaban los golazos de un tipo que no pisaba el verde de Highbury sino que lo sobrevolaba, aquel que contribuyó entre 2002 y 2005 a la conquista de dos Premiere League, 3 FA Cup y 2 Community Shield. Especialmente brillante el título de Liga conquistado en la temporada 2003/04, en la que se coronaron campeones de la Premier League sin perder un solo partido. Un equipo bautizado como The invincibles (Los invencibles), nadie pudo con ellos y acabaron con 90 puntos. Highbury, fue testigo de la apisonadora que Arsene Wenger construyó en torno al delantero francés que firmó treinta goles y fue elegido mejor jugador de la Premiere: Lehmann; Lauren, Touré, Campbell, Cole; Gilberto Silva, Vieira, Pires, Ljunberg; Henry y Bergkamp.

En 2007 un Henry ya maduro, campeón del mundo y de Europa con su selección, sentía que aquel sueño gunner llegaba a su fin, en la última recta de su carrera deportiva la decepción de la derrota en la final de la Copa de Europa ante el Barça golpeaba insistentemente su personalidad inconformista y ganadora, por lo que cuando el Barcelona le planteó la posibilidad de acometer aquella gran cuenta pendiente con la camiseta azulgrana, no dudó en trasladar su elegancia al Camp Nou. Highbury quedaba atrás, en lo más profundo de su corazón y en la nostálgica mirada de bronce de la que fue siempre su afición.

Y con la casaca azulgrana tras un año de adaptación y problemas físicos, Guardiola le entregó el sector izquierdo de un equipo de leyenda, para desde allí inventar y desequilibrar con su intacto talento, las alforjas rebosantes de elegancia  e inteligencia y una velocidad ya adecuada a aquella recta final. Así coronó su última meta y completó las vitrinas de sus recuerdos con seis títulos y las dos copas que le faltaban para tocar la eternidad: la Copa de Europa y la Copa Mundial de Clubes.

Ahora el New York Red Bulls de la liga estadounidense MLS disfruta del talento de Tití, pero su leyenda quedó en aquel verde Edén de Highbury, que presenció la magia de su Adán futbolístico. Un jardín del que solo queda como vestigio histórico su mítico reloj, en cuyo minutero viaja imparable la leyenda de un huerto divino por el que volaron los divinos pies de un número catorce al que siempre recordaré como ‘Air France’. Aquel paraíso terrenal y futbolístico que permanece imborrable en el recuerdo gunner y fue bautizado por Arsenne  Wenger como “El jardín de Thierry”.