Shevchenko, el liquidador del gol

Andriy Shevchenko, 29 de septiembre de 1976. De la misma forma que un lobo, se adaptaba a cualquier hábitat, el lugar le era indiferente, lo único que le importaba era liquidar de la forma más precisa jamás vista en los terrenos de juego. Forjó su leyenda en el Dinamo de Kiev para consagrarse en Milán como el auténtico liquidador del gol, allí logró el balón de oro en 2004. Esta es su historia.

Shevchenko, el liquidador del gol
Shevchenko, el liquidador del gol

26 de abril de 1986. Una de la madrugada, veintitrés minutos, cincuenta y ocho segundos. Central Nuclear de Chernóbil (Ucrania).

Un experimento en el que se simulaba un corte eléctrico en la central provoca un repentino e imprevisto aumento de potencia en el reactor 4, produciendo el sobrecalentamiento del mismo y como consecuencia, la explosión que supuso el accidente nuclear más grave de la historia y, consigo, la mayor catástrofe de la edad contemporánea.

Los materiales radiactivos que se liberaron en aquella explosión fue unas 500 veces superior al liberado por la bomba atómica arrojada por el ejército norteamericano en la localidad japonesa de Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial. Aquella 'estrella gigante' de unos siete metros de diámetro y tres de altura iluminó en mitad de la noche a los habitantes de la zona, testigos presenciales de uno de los episodios más terribles y sobrecogedores de la historia; aquella fue 'la noche del fin del mundo'.

Uno de los episodios más terribles y sobrecogedores de la historia

Tras la explosión, una nube radiactiva con una altura de 6 kilómetros, y que fue visible desde el mismísimo aeropuerto de Moscú,  dio tres vueltas al globo terráqueo, dejando su huella allá donde quiso. Cientos de miles de personas se vieron afectadas directa o indirectamente por la misteriosa y terrible reacción que en ellas provocan unas partículas tóxicas e intolerables por nuestro organismo a partir de cierta exposición. Según los datos oficiales, alrededor de 116.000 personas fueron evacuadas de su lugar de residencia por el gobierno soviético. Miles de ellas dejaron atrás sus viviendas, sus trabajos, sus escuelas, sus parques... para jamás regresar. Hoy en día, y como mínimo hasta dentro de 27.000 años, esas zonas seguirán estando deshabitadas como auténticas ciudades fantasmas...

El comienzo de una leyenda

Abrimos nuestro desván en Dvirkivschyna, pueblo ucraniano situado en la región de Yahotynsky, a 96 kilómetros de la capital, Kiev, un lugar cercano a Chernóbil, la zona prohibida. Allí, al igual que miles de personas tras el desastre nuclear, un niño de 9 años se ve obligado a huir de su vivienda. Él y su familia ponían rumbo a la costa. Aquel crío tenía un nombre que años después pasaría a formar parte de la historia de su país: Andriy Mykolayovych Shevchenko.

La explosión nuclear impidió al pequeño Andriy crecer y jugar en el lugar donde nació, pero había algo de lo que jamás permitiría que le separasen, un balón. Aquel niño de pelo rubio recobraba la sonrisa cuando jugaba al fútbol, fue poco tiempo después de instalarse en la costa, durante la disputa de un torneo juvenil de la zona, cuando atrajo la atención de uno de los ojeadores o caza-talentos del mastodonte ucraniano, el Dinamo de Kiev, que no dudó incorporarle a sus filas y llevarle en 1990 con su equipo sub-14 a disputar en Gales la Copa Ian Rush, en memoria del emblemático delantero del Liverpool. Fue allí donde empezó a despuntar el pequeño Andriy, abanderando a su equipo hacia el triunfo y convirtiéndose en máximo goleador del campeonato.

Shevchenko era leyenda viva del Dinamo, se había convertido en el mejor jugador de su historia,

Cuatro años más tarde, Shevchenko se convirtió en el máximo anotador del primer filial del Dinamo con 12 goles. Todos veían en él unas cualidades asombrosas para la práctica del fútbol. Andriy estaba agudizando un olfato goleador que fue premiado en el mismo año cuando debutó en el primer equipo un 28 de octubre ante el Sakhtar. Poco después de un mes, el joven Sheva anotaría su primer gol con el Dinamo, sería ante el Dnipro en una victoria de su equipo por 4-2. No contento con eso, también iniciaría con buen pie su primera participación en Champions. Andriy marcó 2 goles que pusieron colofón a una formidable temporada que acabó con la gran noticia de su primera convocatoria con la selección absoluta de Ucrania. En la temporada siguiente, ya como fijo del primer plantel del Dinamo, Sheva anotaría 16 dianas en 31 partidos.

Su espigada envergadura -1,83 cm -permitía a Shevchenko elevarse por encima de las zagas rivales. De igual forma, su gran movilidad  le hacía escabullirse entre sus rivales con un único objetivo en mente; el gol. Se había convertido en un auténtico depredador. Era, antes de cumplir la veintena, la gran promesa futbolística de su país. Pero pese a todo lo que ello acarrea, soportó el peso a las mil maravillas.

Cuando recae sobre ti el peso de un país, puedes soportar el de un equipo, o al menos eso pensaría el joven Andriy cuando el suyo se topó en la temporada 1997-98 con el FC Barcelona en Liga de Campeones, aquel día un tal Andriy Shevchenko se descubrió al mundo anotando un hat-trick en el apabullante 4-0 de su equipo frente a los culés, entrenados en aquella fecha por Van Gaal.

Sheva dejaría la estratosférica cifra de 127 goles en 208 encuentros en el Milan

Las jornadas pasaban y Shevchenko incrementaba de manera progresiva sus cifras, batiendo múltiples records de la historia del dínamo -aún sigue siendo el máximo anotador de su historia.

Al año siguiente, y de nuevo en Champions, el sorteo quiso que la peligrosa escuadra ucraniana se enfrentase al Real Madrid en cuartos de final. El Madrid de los Raúl, Morientes, Redondo, Mijatovic, Roberto Carlos, Hierro y Seedorf entre otros. Pero una vez más, el equipo comandado por Shevchenko conseguiría la gesta y derrotaría al conjunto merengue para posteriormente caer en semifinales ante el Bayern. En aquella temporada Shevchenko compartió con el gran Dwight Yorke (Manchester United) el premio al máximo goleador de la Champions con 8 tantos. Shevchenko era leyenda viva del Dinamo, se había convertido en el mejor jugador de su historia, siendo clave en los 5 títulos ligueros obtenidos de forma consecutiva.

Todo ello era muestra más que suficiente para dar el salto a la Europa occidental. Lo haría a cambio de una cifra cercana a los 26 millones de euros, cantidad que depositó el AC Milan de Berlusconi, quien se convertiría para el jugador en un “padre”.

El legado del gol en MIlán

Shevchenko se consolidaría en Milano como uno de los mejores futbolistas del mundo, llegando a obtener el balón de oro en 2004. A titulo colectivo su palmarés también es prácticamente inigualable hoy día en Milán: 1 Champions (2002-03), 1 Supercopa de Europa, así como 1 liga (2003-04), 1 copa y 1 Supercopa de Italia. Todo lo que tocaba lo transformaba en gol. Goles de todas las formas posibles, temido por todos, era letal con la testa, letal con ambas piernas, a larga y a corta distancia. Era Andriy Shevchenko, que de la misma forma que un lobo, se adaptaba a cualquier hábitat, el lugar le era indiferente, lo único que le importaba era liquidar de la forma más precisa jamás vista en los terrenos de juego a los guardametas rivales.

En las 7 temporadas que regaló con su presencia al Calcio,  Sheva dejaría la estratosférica cifra de 127 goles en 208 encuentros y una imborrable huella a los seguidores 'rossoneros', que casi 6 años después de su marcha -aunque volvería como cedido en la temporada 2008-09 a un menor nivel- idolatran y recuerdan. Sus goles y su carisma bien saben en el seno del AC Milan que será muy difícil remplazar, ya que la marcha del lobo ucraniano fue sinónimo en Milán de la marcha del Legado del gol.

Las lesiones y la competencia le impidieron triunfar en el Chelsea

Su marcha al Chelsea inglés se produjo en junio de 2006. El multimillonario Roman Abramovich dejó en las arcas milanistas 45 millones de euros, fue el traspaso más caro en ese momento de la Premier League. Pero el rendimiento del ucraniano en Londres disminuyó notablemente, sus registros goleadores no superaron las dos cifras en ninguna de las 2 temporadas y media que allí jugó. Las lesiones y la gran competencia en la plantilla 'blue' fueron sus grandes obstáculos, por lo que decidió en el marcado invernal de la temporada 2009-10 regresar al club donde empezó a forjar su leyenda, el Dinamo de Kiev. Allí seguirá dejando sus destellos de calidad hasta su retirada, anunciada tras la disputa de la Euro 2012, cuyo país precisamente será uno de los anfitriones. Será pues, defendiendo los colores de su nación, la última oportunidad de ver al auténtico liquidador del gol en acción.

Héore nacional

Shevchenko siempre será recordado como un auténtico liquidador del gol, como un héroe nacional. Algo que por desgracia no ocurre cuando echamos la vista atrás y nos volvemos a ubicar en la silenciosa ciudad fantasma de Chernóbil. Allí, hace 25 años unos 700.000 hombres, ataviados con rudimentarios trajes antiradiactivos, salvaron a su país y quizás también a la humanidad con el mayor acto de valentía que jamás ha realizado un hombre. 700.000 ucranianos aceptaron la misión de 'tapar' el agujero radiactivo que la explosión nuclear había provocado en el reactor 4. Esos hombres eran valientes militares y campesinos que engañados los segundos de la forma más fría y cruel posible, y conscientes los primeros de que se iban a exponer a una cantidad de radioactividad superior a 50 millones de veces más de lo que cualquier organismo humano puede aguantar, así como asumían de forma admirable que aquel camino hacia la central bajo la lluvia radioactiva les conducía a una muerte segura y terriblemente dolorosa. Ellos, los liquidadores, son los auténticos héroes olvidados de una nación. Sus historias, la de un país, junto a las cientos de miles de historias de aquellas familias -como la de Shevchenko- que tuvieron que dejarlo todo de la noche a la mañana sin saber el porqué, las de aquellos miles de niños malformados abandonados en orfanatos, de igual forma que la triste herencia genética que durante muchos años azotará a los descendientes de aquella tragedia...todas esas historias siguen siendo silenciadas por las autoridades, y no sólo las exsoviéticas.

En la otra cara, Andriy Shevchenko, un niño que huyó de la muerte sin saberlo y que agradeció en forma de goles que él y su familia hubiesen escapado con vida.