Pasaje 4 - El Emperador etíope, 28 de septiembre de 2008

El emperador etíope del fondo y las carreras de larga distancia, su vida, su carrera, como su película, (“Endurance”), pura resistencia. En su cabeza la leyenda de Abebe Bikila y Mirutzs Yifter, en sus pies descalzos los arañazos y las ramas clavadas sobre una piel con la resistencia del caucho. El granjero volador, la sonrisa eterna del atletismo, el pequeño "Neftenga".

Pasaje 4 - El Emperador etíope, 28 de septiembre de 2008
Pasaje 4 - El Emperador etíope, 28 de septiembre de 2008

Por la planicie elevada de la meseta etíope una sombra fugaz atraviesa los campos de tierras rojizas a la velocidad del viento con un puñado de libros bajo su brazo izquierdo. Es el joven Gebre, que atraviesa la sabana y las colinas descalzo, espantando rebaños y saludando a los pastores etíopes que fueron testigos de su legendario viaje a la escuela. Al borde de un lago su veloz silueta se refleja junto a un puñado de mujeres que lavan sus ropas y reconocen un espíritu libre en su carrera. En su cabeza la leyenda de Abebe Bikila y  Mirutzs Yifter, en sus pies descalzos los arañazos y las ramas clavadas sobre una piel con la resistencia del caucho.

Alrededor de un pequeño televisor de 15 pulgadas su pueblo, su familia, se reúne expectante ante su próxima gesta. Un pelotón de antílopes da vueltas infinitas en derredor de los cuatrocientos metros de la leyenda. En tres calles se rompen piernas y revientan pulmones cuando los africanos cambian de velocidad y afilan la cabeza del grupo hacia una sola calle en la que solo unos privilegiados sobreviven al ritmo infernal del braceo eterno y las zancadas negras. En su grácil carrera, dos palillos de pura fibra y enorme resistencia moldeados por campos arados y colinas eternas.

Geb mantiene el ritmo y la carrera, pero como el leopardo permanece agazapado para con el toque de campana, aquel en el que se cumple el kilómetro diez y su llegada a la escuela, dar un último zarpazo con un cambio inalcanzable que coloca a sus exhaustos rivales lejos de su inalcanzable estela. Haile corre solo ante el viento, al que sonríe con su amplia dentadura de piano, que destaca sobre su arrugada piel negra. Con destino a la leyenda Geb rompe cintas, bate records y hace volar una bandera. El emperador etíope, el granjero volador, la sonrisa eterna del atletismo, el pequeño "neftenga" (jefe).

Nacido en Assela, ciudad ubicada en la provincia de Arsi, en la Etiopía central, un 18 de abril de 1973 bajo las duras condiciones de vida de una familia de diez hermanos dedicada al pastoreo y la granja, los veinte kilómetros (diez de ida y diez de vuelta) que recorría a diario para llegar desde su casa a la escuela, forjaron sus etéreos 55 kilos de piel y huesos. Dicen que ni el asma, ni su alergia al polen, la lluvia, el abrasador Sol etíope o las colinas, verdes, amarillas y rojas, impidieron que sus pies descalzos llegaran después del tintineo de la campana de su escuela.

Y en la escuela de la vida y por los campos de Etiopía, encontró el pequeño Geb las seis millas verdes con las que se mostró al mundo para que el mítico Emile Zatopek, se refiriera a él como el hombre del deporte que corre desde su interior porque sabe muy bien que en sus adentros un espíritu libre vuela. Ese mismo que a los 16 años completó la maratón de Addis Abeba con un tiempo de 2 horas y 42 minutos. También aquel chico conocido como “Neftenga” por la superioridad que demostraba, devorando distancias, récords y medallas. Superando una dura etapa de adaptación de la tierra rojiza a la pista, y proclamándose en 1992 campeón mundial júnior en Seúl, pulverizando registros en las distancias de 5.000 y 10.000 metros.

La leyenda de un pequeño atleta de 1,53 m. de estatura pero de largas piernas, aquel del que cuentan que sus dos extremidades nacían de sus axilas y no de sus caderas. Emperador del fondo, la resistencia y las carreras de larga distancia, su vida, su carrera, como su película, (“Endurance”), pura resistencia. Una sucesión de marcas, victorias y medallas, en 1.993 campeón del Mundo en los 10.000 y dos años más tarde, cinco récords del mundo pulverizados en sólo nueve meses, cuando renovó su título de Campeón del Mundo en 10.000 metros en Göteborg, pasando a la historia con unos últimos 200 metros recorridos en 25,1 seg.

Lo suyo de otro planeta, 2 veces campeón olímpico y medalla de oro en 10.000 metros (en Atlanta 96 y Sídney 00). Sus duelos olímpicos con Paul Tergat corresponden sin duda a los más inmortales y legendarios enfrentamientos de la historia del fondo y el atletismo. Para el recuerdo aquel oro de Sidney, aquellos apasionantes últimos cincuenta metros en los que el dorsal 1658 etíope pasó al 2393 keniano como si de un velocista se tratara. Elevando como siempre sus rodillas y dejando para la foto finish de la leyenda la eterna sonrisa de Etiopía.

La sonrisa del 4 veces campeón del mundo de 10.000 metros (Stuttgart 93, Gotemburgo 95, Atenas 97 y Sevilla 99) y 2 veces Subcampeón (Edmonton 01 y París 03), subcampeón del mundo de 5.000 metros (Stuttgart 93), 4 veces Campeón del Mundo en pista cubierta: tres en 3.000 m (1.997, 1.999 y 2003) y una en 1.500 (1.999), y Campeón del Mundo de media maratón en 2001. Una década del 2000 en la que pareció perder el brillo de su estela, pues al pasarse a la maratón generó dudas en los expertos, que profetizaron que no llegaría muy lejos en la distancia porque corría con sus rodillas demasiado levantadas.

Un atleta tan eterno como aquel 28 de septiembre de 2008, cuando atravesó la puerta de Brandeburgo de Berlín para conquistar para siempre el asfalto y detener el crono en  2:03.59 horas, convirtiéndose  a sus por entonces 35 años, en el primer hombre en correr la maratón por debajo de las dos horas y cuatro minutos. El vigésimo sexto récord de su carrera, mejorando en 27 segundos el tiempo que había logrado en 2007 (2:04.26) en la capital alemana y el primero en adjudicarse tres títulos consecutivos del tercer mayor maratón del mundo después de Nueva York y Londres.

Uno entre un millón de espectadores y uno entre 40.000 participantes, Haile Gebrselassie, actualmente recordman mundial de 20.000 metros (56:26.0), la hora (21,285 metros), 10 kilómetros en ruta (27:02) y maratón (2h03:59).

Premio Príncipe de Asturias de los deportes 2011, un deportista único entre millones, un pobre entre un millón de ricos y un rico entre millones de pobres. Y en el fondo, donde encuentra la razón a su existencia ese niño que corría diez kilómetros para ir de su casa a la escuela.