Maverick no puede ganar esta guerra

Maverick no puede ganar esta guerra
Maverick Viñales no se subió a la moto en Sepang (Foto: masmoto.com)

La bomba explotó de madrugada. Maverick Viñales no saltó a pista en los primeros libres de Moto3 y no tardó en confirmarse un rumor que parecía inverosímil. La voz del protagonista resonó en todo Sepang:

“No volveré a subirme a esa moto”.

Siete palabras que ataron un nudo en la garganta del paddock, y que tras las pertinentes explicaciones de todos los protagonistas dieron paso a una multitud de ríos de tinta, cada uno con una desembocadura distinta. Unos ríos que se multiplicaron con el amanecer español, y a la hora del café con porras ya habían alcanzado una magnitud oceánica.

Todos los opinadores –o casi-, habituales o fortuitos, acudieron raudos a posicionarse dentro de la inmediata polarización que originó el suceso: O Maverick es un niñato malcriado y consentido, hijo del mismísimo demonio; o es un mártir que ya se ha ganado el reino divino, justo a la derecha de dios.

Particularmente, esto me supone un problema. Me gusta el gris. Cuando Maverick ofreció su versión, yo –iluso de mí- no quise juzgar nada esperando la respuesta de Ricard Jové. Le escuché también, enfrenté las acusaciones de uno y otro, y entonces sí, llegué a una conclusión: Maverick no puede ganar esta guerra. Simplemente porque en las guerras no gana nadie. Nunca.

Buscar culpables es un acto inútil, todos pierden. Sin embargo, hay un matiz que no otorga ni quita la razón a nadie, pero que es de suma importancia. A un equipo del Mundial no le van a faltar pilotos con el currículum en la mano, y en muchas (demasiadas) ocasiones, con un patrocinador bajo el brazo cuyas cifras hacen las veces de carta de presentación. Da igual que el equipo sea de segunda o de tercera, siempre habrá candidatos.

Metáfora del divorcio entre Maverick y AvintiaPara un piloto es muy distinto. Siempre es prescindible, aunque el que venga después sea mucho peor. Es triste, pero los resultados son algo secundario para los equipos, salvo contadas excepciones. La búsqueda del beneficio económico como objetivo prioritario es algo inherente a su carácter empresarial, y el piloto no deja de ser otro activo más.

¿Y ahora, qué?

Resulta evidente que Maverick era un activo muy cotizado en el mercado, y probablemente lo seguirá siendo. Apenas han pasado varios meses desde que los equipos más valorados de su categoría suspiraban por hacerse con sus servicios, con Ajo y Aspar a la cabeza. Dado su potencial el interés seguirá existiendo, pero su actitud (justificada o no) ha sembrado de dudas las cabezas de sus pretendientes.

Es cierto que muchas veces los equipos despiden y contratan a pilotos sin previo aviso ni justificación aparente, y que nadie se escandaliza por ello. Muchos se preguntan por qué la decisión de Maverick ha causado semejante revuelo, siendo una situación casi idéntica. La respuesta está en todo lo anterior. Poco más de treinta asientos se reparten entre cientos de candidatos. La oferta y la demanda lo explica todo.

En las guerras no gana nadie. Nunca

Por todo ello, Maverick no puede ganar esta guerra. La buena noticia, siendo optimistas, es que el propio ‘Mack’ ya sabía todo esto antes de detonar los explosivos. Siendo plenamente consciente de sus actos, el piloto ha hecho estallar su mundo en mil pedazos. La guerra ya está perdida. Ya solo le queda capear el temporal, recuperarse y coger fuerzas para regresar al campo de batalla.

Nadie duda de que lo hará, pero en el arduo proceso que le espera hasta entonces perderá un tiempo que jamás podrá recuperar. Y cuando luchas contra la historia no puedes permitirte malgastar ni un solo segundo, por más que tengas 17 años. El tiempo dará y quitará razones, pero tal vez esta guerra haya sido un lujo excesivo.