Eficiencia alemana

Eficiencia alemana
(Foto original: crash.net)

Tiene 22 años, y desde hoy, un hueco en la historia del motociclismo. Se llama Sandro Cortese y si no fuera por su inminente salto a Moto2, el próximo año se daría el gran gusto de quitar un 1 de su carenado, para que luciese ese dorsal reservado para los grandes y que esta temporada se ha ganado a pulso.

Este joven italo-alemán ha cumplido su sueño. Su presente temporada ha sido un paralelismo de su ya nutrida carrera deportiva. Ha sabido esperar su momento, ir paso a paso desde la retaguardia, y dar el zarpazo a una histórica corona mundialista, la que abre el palmarés de Moto3. Quizá ha dispuesto de las mejores armas, pero ha sabido gestionarlas con la mayor eficiencia posible, con una madurez que ha sido un plus ante un rebelde Viñales y un impulsivo Salom, dos pilotos que derrochan talento allá por donde van, algo insuficiente para vencer esta temporada a un piloto inmaculado.

2005 vio sus primeros pasos. Con una juventud insultante, Sandro comenzaba su andadura mundialista, que no sería ni mucho menos exitosa en sus inicios, pero que escalón a escalón progresaba adecuadamente. Dos años en Honda –el último, 2006, como compañero del entonces vigente campeón, Thomas Luthi-, dieron paso a su salto a Aprilia. Avanzando y mejorando año tras año, llegó en 2008 su primera notable temporada, pero su verdadero salto cualitativo llegaría al año siguiente.

Primer podio de su vida en Catar, primera pole en Assen (saldada con caída en carrera), y dos podios más. Pero entonces apareció uno de sus principales enemigos en los siguientes años, una antítesis de lo vivido en la presente temporada: la irregularidad. 2010 y 2011 fueron dos temporadas plagadas de ella por parte de Cortese. No obstante, Brno y Phillip Island el pasado año fueron los escenarios de sus dos primeras victorias, tardías en su ya larga trayectoria. Pero lo bueno se hace esperar…

Y lo bueno iba a llegar. Sandro volvía a la estructura de Aki Ajo dos años después de compartir equipo con un ciclón llamado Marc Márquez, y con otro ciclón como Maverick Viñales como principal favorito al título. Sandrissimo, como se hace llamar en Twitter, creció a la expectativa. Paso a paso, carrera a carrera, supo esperar su momento. Punto a punto y podio a podio, con solo dos victorias en media temporada, pero con una regularidad aplastante. Aprovechó los errores de sus rivales para mantenerse firme y aferrarse al liderato, y supo gestionar la mayor potencia de su moto para formar un binomio imbatible.

Misano fue un punto de inflexión, una victoria que le hizo gestionar las carreras de otra manera, dándose cuenta de que estaba llegando el momento en el que él mismo era su único rival, ya que el colchón de puntos crecía a pasos agigantados. Viñales y Salom mostraban sus cartas, hacían gala de su talento cuando tenían la ocasión, pero ya nada podía parar a Sandro.

Su único error durante la temporada fue su agresiva reacción sobre un joven compañero que acabó sintiéndose culpable por ganar la primera carrera de su vida. Ni sus dos caídas pesaron, ya que tras ambas conseguía acabar sexto la carrera. Una temporada casi inmaculada que llegaba a Sepang con el segundo match ball, pero quizá el más claro, máxime cuando Viñales decidió poner pie a tierra y no quiso jugarse sus últimas y remotas opciones para ser campeón.

Y Malasia volvería a ser un paralelismo. Una semejanza a su carrera deportiva y a su temporada de ensueño. Poco a poco, Sandro fue jugando sus cartas, con la estrategia más fiable. Con el título en el bolsillo, se permitía el lujo de arriesgar en las dos últimas curvas. Planteamiento de campeón, victoria de campeón, título de Campeón del Mundo de Moto3. Un campeonato merecido, una dosis de confianza para su nueva andadura, la cual encarará con el dulce sabor de un sueño cumplido. Un piloto de 22 años que ya ha sentado cátedra, un joven veterano. Próximo destino: Moto2. Felicidades, campeón.