El talismán de 'Il Dottore'

El talismán de 'Il Dottore'
El talismán de 'Il Dottore'

De nuevo la ilusión, de nuevo Le Mans, de nuevo Valentino. Bajo la intensa lluvia del circuito francés, el 46 amarillo volvió a brillar. Rossi recordó al de antaño, el de los grandes adelantamientos, el que disfrutaba encima de la moto, el que hacía disfrutar a los demás. Y lo hizo en el mismo lugar en el que el pasado año recobró la esperanza de ser el que fue, de llevar a su bestia roja a lo más alto, o al menos subirla a uno de los tres escalones que coronan a los mejores en cada fin de semana.

Una esperanza cada vez más diluida en los últimos tiempos, pero que volvió a resurgir. Valentino demostró que no ha perdido la ambición, que conserva su característico hambre de victoria. Y ayer lo sacó a relucir, a la mínima oportunidad que le ofreció el binomio que forma con su Desmosedici GP12, tan cuestionado como en ocasiones incompetente, pero que ayer volvió a funcionar, ayudado por la lluvia y por las ganas de un ‘chaval’ de 33 años que quiere volver a vibrar.

Una pareja, la de Rossi y Ducati, que aún se encuentra lejos de brillar en lo más alto, y que parece que momentáneamente se moverá por destellos. Su lucha hoy en día es la de reencontrar sensaciones, la de volver a divertirse encima de la moto, la de coger impulso para tratar de volver a triunfar.

Un podio con sabor a gloria, una bocanada de aire para un campeón y para una legión de seguidores que querían ver a Rossi en su posición natural. Una bocanada de aire también para el motociclismo y su categoría reina, aquejada en los últimos tiempos de carreras insípidas, sin sustancia, pero que ayer volvió a tener emoción en los momentos finales.

Ayer Valentino batalló con los pilotos que dominan la categoría, y que sin darse cuenta, habían aparcado la figura de un 46 que cada vez se veía más a lo lejos. Una batalla que ganó a Crutchlow, a Dovizioso y a un Stoner con el que mantuvo un bonito duelo, dejando a un lado las rencillas del año pasado en Jerez, donde también en lluvia, el italiano pecó de ambición. Todo en una jornada en la que tan sólo fue superado por un Jorge Lorenzo inconmensurable, que no necesitó llevarse los focos de la carrera, ya que brilló con luz propia.

Y es que en el día de ayer, bajo la lluvia francesa, Le Mans volvió a convertirse en talismán para rescatar de nuevo la figura de una estrella que llevaba tiempo sin lucir. Un suspiro de emoción para un deporte que echaba de menos a uno de sus ídolos, una de las personas encargadas de hacer grande este espectáculo de las dos ruedas. Un podio por él, por Marco, por el motociclismo. Grazie Valentino. Merci Le Mans.