Eterno 'SuperSic'

Eterno 'SuperSic'
Eterno 'SuperSic' (Foto original: Mirco Lazzari - Getty Images)

Era una soleada mañana de octubre en el circuito de Sepang, año 2008. No había persona más feliz que él. A sus 21 años, había hecho realidad su sueño. A mandos de su Gilera número 58 logró el deseo de todo piloto, ser Campeón del Mundo. El viento peinaba su melena entrelazada, sus brazos se despegaban de la moto. Estaba tocando el cielo, estaba saboreando el momento más preciado por un deportista. Su vida giró en torno a un sueño, y él lo cumplió con creces. Desde Coriano hasta Sepang, el título de 250cc aportaba un nuevo ídolo para Italia: Marco Simoncelli.

Talentoso desde pequeño, agresivo y firme en su pilotaje desde que inició su andadura en las minimotos. Desde entonces ya ganaba, desde ese momento aquel futuro grandullón empezó a dejar su sello. Hasta que después de coronarse Campeón de Europa de 125cc, llegó la gran oportunidad de dar el salto al Mundial. Aquel 2002 no llevaría su infinito 58 en el carenado, portaría un 37 con el que se le empezó a conocer en un año en el que solo disputó seis carreras. La temporada siguiente sería la primera completa en el campeonato, mientras que 2004 asistiría al primer gran momento de este campeón. Bajo una intensa lluvia, Marco ganaba en Jerez su primera carrera, repitiendo al año siguiente en una radiante mañana.

Su envergadura era su principal inconveniente, por eso su salto a la categoría intermedia era la mejor opción. Tras dos insulsos años, llegó su momento. Aquel 2008 estaba marcado a fuego en su calendario. Su pilotaje al límite y su ambición trajeron consigo el momento más bello que se certificó en Malasia, y que una caída en Valencia al año siguiente impidió revalidar.

Saltó a MotoGP con la intención de seguir marcando su camino, pero su hambre de victoria fue su mayor rival. Lidió con la polémica que se movía a su alrededor, apaciguó su ímpetu y comenzó a dejar su sello. Supo calmar sus ansias y no tardó en darle resultados, en ponerle en el lugar por el cual había luchado con exceso de ambición carreras antes: el podio de MotoGP. Brno le acogió como uno más en uno de los escalones reservados a los más grandes, y él llegó a aquella cita con la mejor de sus sonrisas y el más alegre de sus saltos. Tiempo después, volvió a asomarse al podio, esta vez en Australia. Era su mejor momento como piloto, disfrutaba y le dejaban disfrutar. Las críticas quedaban aparcadas mientras Marco comenzaba a derrochar talento y a forjar un prometedor futuro en la categoría reina. Pero el destino no le dejo…

9:50 de la mañana en España, 15:50 en Malasia. Bajo el incesante calor malayo, Marco se refugiaba en una pequeña toalla amarilla minutos antes de que las luces rojas del semáforo se apagasen. Aquel semáforo se apagó, y SuperSic ofreció junto a Bautista un primer giro espectacular. 15 curvas repletas de adelantamientos, pero su carrera solo duraría 11 virajes más. Marco se aferró a su moto, pero su fiel compañera de viaje durante 24 años le dejó solo en ese maldito momento.

Aquel 58 rojo dejó de lucir entre los mortales hace hoy justo un año. Pero allá donde esté, lo sigue haciendo. Su melena alborotada sobresale del casco, igual que la de Norick Abe, a quien seguramente le disputa alguna frenada allí arriba. En ese lugar en el que las escapatorias son nubes, en el que todos ganan, en el que comparte charlas con Shoya y Daijiro. Allí quizá le ponga la moto a punto Antonio Cobas, mientras que Ginés Guirado le abre de par en par las puertas de su nuevo hospitality, construido hace dos días. Allí se respira buen ambiente, en ese mismo lugar en el que Santiago Herrero y Ricardo Tormo no dudan en dar consejo a ese intrépido muchacho llamado Marco.

52 semanas, 366 días, casi 9.000 horas. Ni todo ese tiempo ha sido suficiente para asimilar aquel duro golpe, que el fin de tu sueño se convirtiera en nuestra pesadilla, que aquella maldita curva hiciera perder a una de las mayores promesas, a uno de esos héroes que se juegan la vida carrera a carrera. El cielo de Sepang y los corazones de los aficionados se tiñeron de negro en aquella fatídica jornada. No cabe duda de que ahí sigues, de que le das los caballos que le falta a Bautista para que esa moto que tú portabas llegue al lugar en el que la querías dejar, que un pedacito de ti va montado en esa Ducati que tanto tormento está dando a tu amigo Valentino.

Se hace imposible olvidar, pase el tiempo que pase, que pusiste tu grano de arena para hacer grande el motociclismo. Que soñaste, que hiciste felices a todos los que te estuvieron a tu lado desde pequeño, que creaste una legión de seguidores, que ni tus críticos más duros pueden ahora reprimir una lágrima sabiendo que ya no estás. Fuiste grande, y ahora eres una leyenda. Se sucederán los años, llegará el aniversario de esa maldita fecha, pero tu recuerdo siempre seguirá vivo. El motociclismo y esa familia que tiene como afición te echa mucho de menos. Te fuiste cumpliendo un sueño, y hoy todos soñamos con volver a verte en pista. Sonríe, disfruta y sigue dando gas allá donde te encuentres. Nunca te vamos a olvidar. Eterno 'SuperSic'.