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SuperSic58

SuperSic58

Sonrisa: Ya podía poner su moto a más de 300 en la recta de Mugello, que su sonrisa siempre llegaba antes que él. Lo más bonito de su legado, con mucha diferencia. Daba igual que ganase, que acabase último o por los suelos. Llevaba la sonrisa pegada en la cara, imborrable. “¿Por qué todos los jugones sonríen igual?”, se preguntaba constantemente un genio llamado Andrés Montes. Efectivamente, Marco Simoncelli tenía esa sonrisa, la de los jugones que disfrutan haciendo disfrutar.

Unión: Su trágico fallecimiento en Sepang hace justo un año provocó una unidad sin apenas precedentes en el ‘paddock’. Sus mejores amigos, con Valentino Rossi a la cabeza; sus grandes detractores, como Jorge Lorenzo o Andrea Dovizioso; y los más veteranos de la parrilla, como Loris Capirossi sacrificando su eterno 65 para lucir un precioso 58 en su carrera de despedida. Todos lloraron por igual su muerte, y todos lo hicieron con un sentimiento único.

Personalidad: No se ha registrado ningún caso de indiferencia hacia su persona. Allí por donde pasaba, ‘SuperSic’ polarizaba todas las opiniones. O le amabas o le detestabas. Pilotos, mecánicos, periodistas, aficionados… todos tenían una opinión sobre el de Coriano. Su personalidad arrolladora era la culpable, no había sitio por el que pasara sin dejar su particular huella. Una huella que ya es eterna.

Estética: Más allá de su sonrisa, su aspecto también denotaba que se trataba de una persona especial. Su aspecto despreocupado, su ‘look’ desenfadado, su facilidad para dejar volar su mente e irse a otra parte. Hasta con el mono puesto conseguía ser diferente, y cuando llegaba al ‘box’ y se quitaba el casco, aparecía su pelo. Una rizada melena que se convirtió en todo un símbolo, el tributo que los aficionados que se dieron cita en el Ricardo Tormo quisieron rendirle mediante unas divertidas pelucas.

Rapidez: Más allá de todo lo comentado, su talento innato para ir rápido encima de una moto era incuestionable. Campeón del mundo de 250cc, era un candidato indiscutible a reinar en el escenario más difícil de todos. En MotoGP solo le faltó la victoria, pero todos sabían que era cuestión de tiempo. La velocidad era su vida, la gasolina su olor, la próxima curva su visión soñada, el puño del gas su tacto favorito, el motor de su Honda su sonido predilecto. Y su sabor ideal el de la victoria.

Simpatía: Hasta sus mayores enemigos en el Mundial están de acuerdo. Toda la agresividad que podía llegar a mostrar en pista se tornaba en simpatía cuando se bajaba de la moto. Su sonrisa ayudaba, por supuesto; pero siempre tenía un tema de conversación en el que incluir palabras amables. Se cuentan por cientos las personas que tienen una divertida anécdota que contar de Marco, y en esos relatos siempre se le presenta como un chico extrovertido y divertido, pero sobre todo, simpático.

Ímpetu: Desde luego, no era un piloto tranquilo. Su fogosidad le jugó malas pasadas en acciones desafortunadas que le crearon fama de agresivo. Evidentemente, él nunca quiso causarle daño a nadie. Sencillamente veía un hueco y se iba a por él. El conformismo no entraba en su diccionario, y su ímpetu le llevaba a tomar riesgos, a veces demasiados. Lo que es indudable es que ponía el corazón en todo lo que hacía, una rara virtud propia de los campeones.

Carisma: Marco poseía virtudes y defectos como cualquier mortal, pero si algo rebosaba era carisma. Desde su estética hasta su personalidad, capaz de dividir a sus rivales entre el amor (fruto de su simpatía) y el odio (consecuencia de su ímpetu), pasando –cómo no- por su perenne sonrisa. Los póstumos homenajes no hicieron sino corroborarlo, con amigos y enemigos unidos sintiendo su pérdida por igual. Marco era mucho más que un piloto rapídisimo: Era un ser humano extraordinariamente carismático.

5 momentos que marcaron su vida deportiva:

-          Jerez 2004: Presentación en sociedad. Su primera victoria (y su primer podio) tras ganar un mano a mano al alemán Steve Jenkner.

-          Mugello 2008: El regreso a lo alto. Su primer triunfo en 250cc y el primero ante su público, por delante de Álex Debón y Thomas Luthi.

-          Sepang 2008: La felicidad absoluta. Campeón del mundo de 250cc a falta de una carrera, al acabar tercero tras Álvaro Bautista e Hiroshi Aoyama.

-          Losail 2010: El momento esperado. Debut en MotoGP con una undécima posición, en una carrera que ganó su ‘hermano’ Rossi.

-          Brno 2011: La consumación de un sueño. Su primer podio en la categoría reina, por detrás de Casey Stoner y Andrea Dovizioso.

8 palabras y dos dígitos para definirle:

-          Sonrisa

-          Unión

-          Personalidad

-          Estética

-          Rapidez

-          Simpatía

-          Ímpetu

-          Carisma

-          58

SuperSic58: Che spettacolo!