Meses de festivales, conciertos y muertes inesperadas

Los meses estivales son los más propicios para que los grandes artistas recorran nuestro país, que se ve repleto de grandes estrellas. Unas estrellas vienen, y otras se van.

Meses de festivales, conciertos y muertes inesperadas
Meses de festivales, conciertos y muertes inesperadas

Hay quienes dicen que los meses de verano están muertos informativamente. A todos ellos debemos decirles que no, ya que en lo que respecta al ámbito musical eso es del todo falso. Y es que por todos es sabido que julio y agosto son los meses de los festivales por excelencia. Hay festivales de todo tipo: festivales de rock, de música alternativa, de electropop, de música dance…para todos los gustos y colores.

A lo largo del mes pasado visitaron nuestro país grupos de renombre como The Strokes, Arctic Monkeys, Judas Priest, Bon Jovi, Arcade Fire o Iron Maiden, entre otros muchos. Para quien no quiera producto extranjero, también puede disfrutar de género nacional, ya que los festivales están plagados de grupos del país que no cesan en su recorrido por tierras españolas. Miles de personas apuran el verano y mueven el esqueleto a ritmo de sus grupos favoritos, ya que no hay mejor ocasión que el verano y sus festivales para ver a gran cantidad de grupos en tan solo dos o tres días.

Gran ejemplo de ello fue el concierto que Love of Lesbian ofrecieron la semana pasada en Madrid, escenario Puerta del Ángel, donde miles de personas se dieron cita para venerar al grupo barcelonés que, una vez más, no defraudó. Hicieron un magnífico repaso como colofón de gira a sus temas más emblemáticos, como “Universos Infinitos”, “Club de fans de John Boy”,  “Electroplasta”, “Domingo Astromántico” o “Miau”. Los “lesbianos” salieron al escenario puntuales y divirtieron a sus fans durante más de dos horas, poniendo el toque sentimental con la canción que Santi Balmes, vocalista del grupo, regaló a su hija cuando cumplió cuatro años.

Pero en el ámbito musical no todo son noticias positivas, desgraciadamente. Si un hecho ha marcado la agenda informativa de los últimos días ese ha sido la muerte de la cantante Amy Winehouse. La intérprete, perteneciente ya al macabro “Club de los 27”, falleció el pasado 23 de julio en su apartamento de Camden, en Londres. Poco más se puede añadir a la gran cantidad de crónicas que agitan los medios de comunicación y que repasan su carrera musical y su vida privada. Al margen de lo que Winehouse hiciera o no en su intimidad, lo cierto es que se ha ido una de las grandes voces de este siglo, que ha sido capaz de recuperar un género algo olvidado y adaptarlo a los tiempos actuales. Todo ello mediante unas letras cercanas y a veces incluso desafiantes, que reflejaban en ocasiones su desgarro interior y que dejaban ver las contradicciones internas de una mujer que fue capaz de elevar un tema tan escabroso como su adicción a las drogas a los puestos más altos de las listas de todo el mundo.

Winehouse estaba a punto de publicar un tercer álbum que nunca llegó. Por este motivo tendremos que quedarnos con su mejor trabajo, Back to Black, en el que narraba, quizás, la crónica de una muerte anunciada. Ahora toda la industria musical llora su muerte, si bien algunos la lloran de alegría, ya que con su marcha las ventas de su último álbum se han disparado. Resulta macabro que los grandes artistas vendan más después de muertos, pero, por desgracia, se trata de un hecho constatado.