Jim Morrison, la muerte que dio vida al mito

“Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”, citó hace más de cincuenta años James Dean. Jim Morrison, la trepidante estrella de rock clásico de los sesenta, vivió según esta idea. Su éxito llegó de manera fugaz y fue intenso como ninguno, forma parte del Club de los 27 y alrededor de su muerte circulan las más disparatadas teorías. No se puede esperar menos del gran Rey Lagarto.

Jim Morrison, la muerte que dio vida al mito
Jim Morrison

Cuando se trata del fin de Morrison, la cuestión no es cuál es la verdadera historia, sino cuál deseas creer. El poeta fue encontrado en una bañera de su piso del Barrio del Marais en París el 3 de julio de 1971. La versión oficial siempre ha sido que falleció como consecuencia de un paro cardiaco. Sin embargo, nunca se realizó autopsia del cuerpo, en contra de la tradición de la policía francesa. Los únicos que pudieron ver el cadáver fueron un médico, Max Vasille, y su novia, Pamela Courson, con la que mantenía una tormentosa relación llena de idas y venidas. Ella creyó que “Jim estaba fingiendo”, pues se notaba que “se acababa de afeitar”.

Empiezan los misterios. Si se trató de una muerte natural, ¿por qué nadie más pudo ver el cuerpo? ¿Y por qué le trasladaron tan rápido al cementerio Père Lachaise? John Densmore, batería de la banda, sentenció en el entierro: “¡la tumba es muy corta!”.

Existe una versión según la cual Morrison sufrió una sobredosis de heroína en el Rock’n´Roll Circus y, más tarde, fue trasladado a su casa. No era un secreto que el cantante era aficionado a las drogas (LSD, cannabis, cocaína…), pero era bastante improbable que consumiese heroína debido a su fobia a las agujas. Esta teoría alimentó la idea de que existiera cierta conexión entre el cantante con la magia negra o el voodoo, que hiciera posible su presencia en diferentes lugares al mismo tiempo. Él reconoció tener relaciones con lo oculto y en especial con la filosofía del voodoo. Incluso se llegó a afirmar que una doncella lo mató desde Nueva York usando la brujería.

Como todo símbolo, el Rey Lagarto está todavía vivo para muchas personas: tras su muerte, hubo quien afirmó haberle visto en París, y también Los Ángeles. También se ha especulado con que alguien que decía ser Jim Morrison obtenía dinero utilizando cheques a su nombre. Incluso se comenta que en su tumba no se encuentra él, sino una bolsa llena de dinero.

A todo esto, Ray Manzarek, teclista de The Doors, declaró: “Si existe un hombre capaz de escenificar su propia muerte (creando un certificado de muerte ridículo y pagando a un médico francés), poner un saco de ciento cincuenta libras dentro del ataúd y desaparecer en alguna parte de este planeta (África, tal vez), ese hombre es Jim Morrison. Él sí sería capaz de llevar todo eso a buen puerto”. Y es cierto que, días antes de morir, el cantante había recorrido varias veces el cementerio Père Lachaise. No podía ser más romántico: junto a él descansarían eternamente artistas como Oscar Wilde, María Callas o Chopin, entre otros. Las versiones más descabelladas afirman que había escogido cuidadosamente la tumba en la que sería enterrado y que, en conversaciones con amigos acerca de Janis Joplin y Jimi Hendrix, él afirmaba con aire misterioso: “Están hablando con el tercero”. ¿Planeó el Rey Lagarto su fin para pasar a la historia como uno de los mayores mitos del rock?

Casi media década después, The Doors sigue siendo una banda inspiradora para millones de artistas, aficionados y, en general, amantes de la música, de la belleza, del arte. Jim Morrison sigue generando preguntas que tienen mil respuestas posibles y ninguna totalmente cierta. Su lápida en el cementerio de Père Lachaise es, todavía, una parada obligatoria para todos sus seguidores, y durante años, ha representado un verdadero altar para el poeta. Vivo o muerto, Morrison ha logrado que nadie haya podido olvidarle. William Blake citó la frase que inspiraría el nombre de The Doors: “Si las puertas de la percepción permanecieran abiertas, aparecería al hombre todo tal cual es: infinito”. Y así, infinitamente, permanecerá el Rey Lagarto.