Pereza dan las gracias a Madrid

El dúo de Alameda de Osuna volvió a juntarse en Madrid para tocar en el que puede ser uno de sus últimos conciertos.

Pereza dan las gracias a Madrid
Pereza- Aviones

Ayer Madrid destilaba ese olor característico de las grandes despedidas, de los adioses que son un “hasta siempre”. Se palpaba la emoción de las grandes citas, la ansiedad que despiertan las grandes bandas. Ayer el Palacio de Vistalegre se puso sus mejores galas para recibir a uno de los dúos más aclamados de la última década: Rubén y Leiva, Pereza, volvían a juntarse para tocar en lo que parecía ser su último concierto.

A las 21.30 el recinto estaba lleno a más no poder, con más de 12.000 personas, en su mayoría veinteañeros, mirando expectantes el escenario apagado, lleno de lámparas de salón y alfombras. Se sentía en el ambiente, los de Alameda de Osuna saldrían en breves instantes. Pasados unos minutos, Rubén Pozo y Leiva hicieron su aparición en el escenario: Vistalegre se venía abajo. Cuando sonaron los primeros acordes de Leones, con la que abrieron el concierto, era imposible escuchar la voz de Leiva, pues miles de almas cantaban al unísono, entregadas y poseídas por dos canallas amantes del rock.

A lo largo de casi dos horas se sucedieron los grandes éxitos de la banda, como Animales, Quiero hacerlo esta noche contigo, Manager, Amelie, Como lo tienes tú, Estrella Polar, Pirata, Aproximación, Madrid, Que parezca un accidente, Por mi tripa, Superhermanas, Voy a comerte o Llévame al baile, entre otras. Destaca especialmente Beatles, a la que precedió una versión de Nowhere man, de los cuatro de Liverpool. También sonaron 4 y 26, con una parte cantada a dúo en el mismo micrófono por ambos, Violento amor, Windsor y aquello que muchas han soñado con ser, Lady Madrid. A pesar de la mala acústica del recinto, fueron dos horas en las que la banda se fue creciendo, en los que demostraron las tablas que poseen tras muchos años tocando juntos, y en los que dejaron claro que Pereza, encima de un escenario, destilan rock ‘n roll.

Los continuos paseos de Rubén y Leiva de un lado a otro, en un increíble duelo de solos de guitarra, calentaba más y más el ambiente, aunque rodeándolo de un cierto aire melancólico, de despedida y de cuentas a medio saldar. Los de Alameda de Osuna no se cansaban de dar las gracias a su público, “Pereza somos todos”, aseguraba Leiva, mientras el recinto estallaba en gritos de júbilo y la nostalgia afloraba en los más fanáticos. Pero anoche no había sitio para la melancolía, no más allá de Llévame al baile  o Amelie.  Estos dos madrileños amantes de Siroco, delgados e indomables querían juntarse para hacer vibrar su ciudad a ritmo de rock y coletazos de saxofón, y lo consiguieron.

A esas alturas de la noche las voces no daban más, pero nadie quería ser menos: Vistalegre cantaba como si no hubiera un mañana. Y es que quizás tengan razón y pase mucho tiempo antes de volver a ver un mañana de Pereza, por eso había que aprovechar la oportunidad, qué más daba lo que pasase al día siguiente. En Carabanchel, anoche, solo existía el presente.

Tras tocar Grupies, Rubén y Leiva dijeron adiós, pero a pesar de eso nadie movía un músculo y las luces permanecían apagadas. Tras unos minutos de expectación, Pereza volvió a aparecer en el escenario para interpretar los bises, y lo hicieron como en sus años más gamberros, como debía ser: sin camiseta y recorriendo el escenario con sus movimientos naturalmente premeditados de estrellas del rock, a lo Rolling Stone. Fue el turno entonces para media hora más de música, comenzanco con su versión de Señor kioskero, con sus riffs de guitarra y sus solos inundándolo todo y haciendo que las cabezas oscilasen de atrás hacia delante, en un ritmo frenético. Después la banda tocó Superjunkies, la guinda final del pastel y todo un himno en sus conciertos. Ya podía caerse Vistalegre, ya podía arder Madrid, que nosotros respirábamos tranquilos. Tras un directo vibrante y un par de efusivos abrazos que parecían transformar el punto y final en punto y aparte, Rubén y Leiva se retiraron mientras sonaba Lou Reed, “hey babe, take a walk on the wild side…”.