Camarón: veinte años no son nada

Camarón: veinte años no son nada

Es el alma de una estrella del rock con la voz de un cantaor, es la prodigiosa e indomable caja de música que brota de su alma. Es el aire que respira la leyenda que ha ganado al tiempo la batalla. Es el poniente que susurra al levante por alegrías, seguiriyas, fandangos, bulerías, soleas, canasteras, tientos y tarantas.

Hoy 2 de julio como cada año de los últimos veinte regreso a la Plaza Juan Vargas, mi banco me aguarda.  Y aquel banco que es silla de enea y mi imaginación que vuela con los acordes de dos guitarras, siente que las manos de Paco y Tomate, sangran arte a los pies de una estatua. Camarón canta, el mar se hace piedra, el duende bronce, los palos del flamenco se apoderan de la figura de un gitanillo, que canta sobre un arco de lunas calladas.

Sobre un pedestal de piedra ostionera se sostiene un sueño, y la luz fantasmal de un mito se adueña de una silla de enea que se funde con el perfil de un genio. Arquitecto del flamenco y expresión rota del alma, es José, al que su tío Joseíco, hombre de mucha gracia, puso Camarón por su exagerada piel blanca. Es el mito, que con la cabeza ligeramente girada, me saluda serenamente con su mirada. Creo reconocer su privilegiada voz, también sus famosos silencios, pues José Monge Cruz, solo conoce la palabra cantada, los profundos quejidos que surgen de la caja de música de su garganta. San Fernando te llora, te ríe, te añora y te aclama, la ciudad se funde con el mito, cañaíllas, ostiones y coquinas, portean una desgarradora voz, que transportó su duende hacia lo más profundo de nuestras almas. 

El bronce de un infante cálido y suave, no le aparta la mirada, es la desnudez de un niño ingenuo que se debate entre capote, cante y fragua. Es pijote de la Isla, aquel jovencito que creció soñando en la Venta Vargas, donde nunca fue cantaor, sino un niño de ocho años que fraguó sus primeros sueños jondos escuchando a Manolo Caracol, genio del flamenco a cuyos pies estuvieron Falla, Andrés Segovia y Zuloaga. Y como decía Caracol, Camarón moldeaba su voz gitana, aprendiendo de la métrica amarga del Niño de la Calzá, Juan Talega, Antonio El Chaqueta, La Perla de Cádiz y María Picardo, pura savia. Camarón no se gana la vida, sino que vive sus sueños junto a los Vargas, donde aprende, deslumbra y si le apetece canta. Y en silla de enea que es el banco de la Plaza Juan Vargas, mi imaginación vuela y sueña con ser niño, que como luna mira a la fragua para que un poeta granadino nos describa la citada mirada:

 La luna vino a la fragua/con su polisón de nardos. /El niño la mira mira. /El niño la está mirando.

El viento de poniente suaviza las abrasadoras manzanas doradas que caen sobre la Isla de León, la brisa marina envuelve de marisma, aceras, balcones y macetas que marcan la ruta de Camarón. Sobre el yunque de una garganta se modela el duende del flamenco desgarrado y la salina canta a la fragua en las Callejuelas de su barrio. Para los barcos de vela que navegan por los silencios rotos del cante jondo, el número 29 de la calle del Carmen tiene un camino que ata las estrellas y mueve las olas del mar. En el pesebre del flamenco, hoy templo abandonado, en el que José Monge Cruz nació y se crío al pie de una fragua, fandangos y saetas inoculan el veneno a un niño que quiso expresarse con una muleta, pero llevaba el cante jondo en sus entrañas. Porta en su interior la poesía de las tripas, mientras edifica sus sueños fantaseando con sus pies desnudos en la escalerilla del puente Zuazo. La imaginación de Mataor vuela junto a la de su amigo, Manuel el del Lunar, que lanza naturales bajo el tendido de las estrellas y al abrigo de su canto. José crece avivando el fuego de su garganta, su duende brota  junto al herrero, que en el nº21 de la calle Amargura, acompasa los golpes metálicos sobre un yunque que forja metáforas de quejidos y palmas. Camarón que da fuelle y aviva la lumbre, memoriza y cultiva el corolario inmortal que surge de su mágica caja de resonancia: “En la Isla yo nací, yo me crié al pie de una fragua. Mi madre se llama Juana, mi padre se llamaba Luis y hacía alcayatitas gitanas”

Y como una alcayatita gitana, el analfabeto de la palabra pero viejo sabio de la expresión cantada, universaliza el flamenco desde la humilde Isla gaditana. Como Picasso del flamenco, con andares de “dandi”, chaleco corto, y pulmones negros, Camarón construye su pasado, sus sueños y desvelos. Como Lennon y Elvis, es puro mito, en cada rinconcito de la Isla su voz sigue siendo un misterio. ¿Está vivo o muerto?

Como Lennon y Elvis, es puro mito, en cada rinconcito de la Isla su voz sigue siendo un misterio. ¿Está vivo o muerto?

Y en la noche más honda muere cada día, siendo amanecer al compás de dos guitarras. Tomatito siempre le acompaña e interpreta la genial concepción del flamenco del niño de la fragua. Paco de Lucía, le eleva a la inmortalidad del arte con la fusión de su parlante guitarra, de sus manos privilegiadas brota la voz desgarrada, caja de resonancia de una sinfonía entre dos aguas. Como Leyenda del tiempo, que flota como un velero, se parten camisas gitanas para la revolución del flamenco.

Camarón no canta, compone con el eco de su garganta, Paco no toca, canta con su guitarra, pero no hay rosa sin espina, ni mito sin vida atormentada. Y Camarón que canta como los ángeles y tiene una chispa en el corazón de su casa, consume la vida en sillas de eneas por las que se desangra su magia. En el tubo de ensayo de sus venas los caballos galopan, como en el Romance amargo la luna derrama lágrimas rotas. Un esqueleto canta y desgarra los últimos hálitos de su alma y Lorca poeta granadino que jamás conoció al niño de la fragua, nos versa la marcha de un mito, que universalizó el flamenco con las violetas amargas:

Huye luna, luna, luna, /que ya siento sus caballos. /Niño déjame que baile. / Cuando vengan los gitanos, / te encontrarán sobre el yunque /con los ojillos cerrados.

El triste olvido de las instituciones

El pueblo no te olvida, vive con tú nombre en sus pupilas, pero la clase política disfraza de crisis el triste abandono que aletea como paloma  fugitiva. En año de Olimpiada y Exposición Universal te marchaste con el Beni, de las alegrías y la gracia, el arte sin par. Y en el par del olvido, José y Beni, cantan por Cádiz, por su claridad salada, cuando no están a la altura del mito los homenajes no sirven de nada. Como desgarrados lamentos tu voz truena sobre el cielo cual promesas robadas, palabras que se lleva el viento más el eco de una tristeza espolvoreada de rabia.

Es el alma de una estrella del rock con la voz de un cantaor, es la prodigiosa e indomable caja de música que brota de su alma. Es el aire que respira la leyenda, que ha ganado al tiempo la batalla. Es el poniente que susurra al levante por alegrías, seguiriyas, fandangos, bulerías, soleas, canasteras, tientos y tarantas. Pues Camarón que es flamenco y gitano, rompe su camisa blanca al borde de nuestras almas desgarradas. En la marisma del recuerdo sobre su peña un cuadro, sobre su cuadro una imagen, y sobre su imagen un genio de manos abiertas con un duende en su garganta. Manos desgarradas, de gesto duro y voz universal cantada, llevan flores a tu Mausoleo, mientras tu voz siga sonando, veinte años no serán nada. 

..........Y a los pies de una silla de enea, convertido en aquel niño que contempla una estatua, me marcho con la brisa de julio añorando tu poderosa y única voz quebrada.