Buika, la 'Kitailo' más pura
Foto: http://www.conchabuikamusic.com

En 2007 su voz debutó en Nueva York, en la Academia de Música de Brooklyn, donde la barrera idiomática fue superada holgadamente por una inconfundible y luminosa emoción. Mi niña Lola en la voz de Concha Buika destiló flamenco, jazz y ritmos africanos, pues aunque su sonido nos transporte a estados espirituales, Buika es maravillosamente terrenal, por ello el New York Times definió el aroma dejado por la mallorquina de origen guineano con esta reveladora frase: "Su música es la rara fusión que honra a todas sus fuentes."

Nacida en 1972 en Mallorca, su padre guineano Juan Balboa Boneke, escritor y activista político, optó por marcharse al exilio. Por eso la Isla de Palma la vio llegar al mundo y comenzó a nutrir a la musa de la poesía rota de todas esas influencias musicales que colorearon su maravillosa y tronante voz. Buika es amor loco, amor alegre, amor triste, mal de amores, en ella se puede sentir la dolorosa volatilidad del cancionero español y el viaje del flamenco hacia al otro lado del Atlántico en búsqueda del jazz y los ritmos cubanos. Varias capas de armonía en una voz ronca capaz de afrontar con una naturalidad asombrosa varios cambios dinámicos, que desgarran improvisación y el arabesco del flamenco, y son tamizados por una melodía pop, scat que se resuelve con un exultante sentimiento de swing.

Es una nota libre, una disidencia musical que se escapa de las partituras, es genial, pura pasión y pura personalidad que llegó a ser expulsada de un coro porque la mallorquina es una veta de improvisación y no se le pueden poner barreras al mar. En cierto sentido Buika es una Isla tropical, un paraíso en el universo de la música. Si de su padre heredó un fuerte sentimiento de ausencia, incomprensión y libertad cuando se marchó, además de los versos del miedo y el dolor, de su madre heredó esa naturaleza tribal de las mujeres guineanas, no en vano viene de una saga de Kitailos, el nombre con el que se conoce a cenicienta en la lengua guineana. Su bisabuela compró aquel nombre porque se le morían todas las niñas y cuando nació su abuela la abandonó para no verla morir, con la esperanza de que pudiera hacer algo en la vida. Y bien que lo hizo porque aquella Kitailo trajo al mundo doce hijos poniendo en marcha una poderosa estirpe. Pues su madre es una Diosa para Buika, aquella que los sacó adelante dejándose las manos y toda una vida trabajando como limpiadora.

Por ello Concha Buika es tremendamente especial, es única, una joya, una nota discordante a la que la vida ha moldeado para tocar el alma del prójimo con su voz, su interpretación. Son muchas voces, muchas vidas y muchas mujeres en solo una. Aquella que dice volver a ser niña y no tener prisa por merecer el laurel de señora, pues aunque presuma de ser madre en aquella regresión constante a la niñez descubrió las conexiones que establece el deseo por cantar y crear, entre lo físico y espiritual que surge de sus cuerdas vocales.

No hay corsés académicos ni titulación en su estilo absolutamente autodidacta y natural, su sonido es un sello distintivo que le ha permitido ser nominada en varias ocasiones a los Grammy latinos, siendo premiada en 2008 por Mi niña Lola, circunstancia que se ha vuelto a repetir, pues ha sido nominada a los Grammy de la 56 edición del certamen en la categoría al mejor álbum de jazz latino por La noche más larga. Con un trabajo editado en más de 22 países, Buika no ha dejado de sonar, de hacernos soñar, lo consiguió con Mestizüo en 2001, con Buika (2005), y la trilogía producida por el productor Javier Limón: Mi Niña Lola (2006, DRO), Niña de Fuego (2008, Warner) y El Último Trago (2009, Warner). También con el Álbum En mi piel (2011, Warner), y recientemente con La noche más larga, el séptimo álbum de Buika.

Su entrada en el olimpo internacional era por tanto algo inevitable, su talento gira ya por los cinco continentes y afincada en los EEUU sigue en busca de nuevas revelaciones musicales. Los reconocimientos a su bellísima fusión de flamenco y jazz la convierten en musa de la sensualidad rota, para cuya genialidad y amplísimo color de voz no existen barreras lingüísticas, pues hace tiempo que Buika pasó a ser uno de aquellos fenómenos intangibles que se escapan a nuestros sentidos, por los recovecos de las fusiones más bellas y la magia de la Kitailo más pura, una diosa africana del jazz cantando un flamenco que eriza el alma.

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