50 años de 'The Times They Are A-Changin'', el punto y seguido de Bob Dylan
(Fuente: revistaipop.com)

Hay grandes discos, trabajos inspiradísimos que son material ineludible para todo buen melómano. Y, afortunadamente, de estos no faltan. Siguen apareciendo. En unas épocas, con mayor frecuencia, en otras, de forma más espaciada, pero por fortuna nunca cesa su producción. Sin embargo, hay otra categoría de discos. La de aquellos cuya sola existencia implica un viraje hacia un lado insospechado. Son aquellos discos que —y eso solo se ve a posteriori— actúan como señales de tráfico, es decir, que encauzan el fluir natural por un nuevo camino, que lo disponen hacia un nuevo rumbo. También se dice aquello de que son trabajos que marcaron un antes y un después de sí mismos, pero más importante que este constituir un punto y seguido, es esa cualidad para abrir un camino nuevo.

El pasado 13 de enero se cumplieron 50 años de la publicación de uno de estos discos, y uno de los más especiales: The Times They Are A-Changin’, de Bob Dylan. Y aunque él rehuyese la condición de profeta que con tanta insistencia se le atribuyó, lo cierto es que los tiempos cambiaron, tal y como Dylan cantaba. Cambiaron para el mundo, pero cambiaron, y esto es lo que más nos interesa aquí, para el folk americano, que se posicionaba, merced a la irrupción de Dylan, para ser propulsado hacia el primerísimo plano de la música popular.

En su último trabajo, A propósito de Llewyn Davis, los hermanos Cohen echan la vista atrás para crear un retrato cómplice, que no condescendiente ni almibarado, de lo que fue la época de los pioneros del folk, es decir, la escena del Village neoyorquino de los años 50. Todo ello al hilo de, o encarnado en, las vicisitudes de un cantante folk remotamente basado en un personaje real. Unas vicisitudes ciertamente adversas, porque adversas fueron las condiciones con las que se encontraron estos pioneros del folk, empeñados en salir erigirse como transmisores de un cancionero tradicional que a muy pocos interesaba todavía y que, por supuesto, quedaba relegado completamente de los circuitos comerciales. Y así estos pioneros estaban condenados a vidas errantes y encadenados a unas carreras que difícilmente trascenderían los recitales en pequeños y oscuros garitos del Village. Pero al final de esa época primeriza, llegó Dylan, para ponerle término, como su aparición pone igualmente fin a la película de los Cohen (y, tranquilos todos, no es esto spoiler; no importante, al menos).

Aunque con Dylan nunca se puede decir aquello de que había llegado para quedarse, puesto que precisamente si algo puede definirle fielmente es el hecho de que jamás se ha quedado en ningún sitio, lo cierto es que en 1964 el de Minnesota ya cargaba con dos discos a sus espaldas, Bob Dylan (1962) y, sobre todo, The Freewheelin’ Bob Dylan (1963), cuya tema inicial era nada menos que Blowin’ in the Wind, a la sazón, la primera canción de Dylan que se convirtió en himno de toda una época. Y así, mientras la respuesta permanecía volando en el viento, llegó el segundo himno generacional, que no fue otro que The Times They Are A-Changin’, el tema que encabeza el disco homónimo. Así pues, para cuando se publicó The Times They Are A-Changin’, Dylan ya era Dylan, ese joven que con su aspecto desaliñado y su voz no educada se había proclamado, o lo habían proclamado, abanderado del folk. Sea como fuere, fue Dylan quien convirtió la música folk en un fenómeno de alcance popular, aunándola con la canción protesta. Eran los años sesenta, la década de la contracultura, de la rebelión contra el capitalismo y el stablishment, contra todos esos valores inamovibles que, en definitiva, los EEUU habían encarnado paradigmáticamente. De ahí el valor de la música folk como expresión contestataria, pues el folk no era sino la voz de las clases humildes, de los campesinos y de los obreros, una voz al margen de la industria comercial, al margen del poder establecido y que, precisamente por ello, se convirtió en el medio oportuno para expresar la crítica hacia ese poder y para la denuncia de los problemas acuciantes de una sociedad que pedía a gritos emanciparse de unos valores obsoletos y, por ende, asfixiantes. Y como adalid de todo esto, ahí estaba ese joven Robert Allen Zimmerman, es decir, Dylan.

Y así las cosas, en 1964 el de Minnesota publica The Times They Are A-Changin’, un disco relevante en la discografía dylaniana ya por el mero hecho de ser el primero compuesto completamente por temas propios. The Times They Are A-Changin’ es, pues, a Dylan lo que A Hard Day’s Night a The Beatles o Aftermath a The Rolling Stones, y esto es siempre un aspecto remarcable. Hoy ya no es norma que ocurra así, pero en los inicios de la música popular (y nos referimos aquí a aquello que tiene origen a mediados de los años 50, con el nacimiento del rock and roll), todo cantante o grupo que empezaba echaba mano de canciones ajenas, precisamente porque, en gran parte, la nueva música popular se basaba en retomar, o en la reivindicación de, músicas tradicionales, añejas, como el blues, el rythm&blues o como, efectivamente, la canción folk.

The Times They Are A-Changin’, como obra primeriza, pertenece aún a la etapa puristamente folk de Dylan, es decir, se trata de una producción austera en la que solo comparecen su voz, su guitarra acústica y su armónica como los tres únicos elementos que dan forma y contenido a una lista de diez temas que relatan historias áridas pobladas por el campo, la pobreza, los conflictos raciales y los movimientos sociales. El sonido de The Times They Are A-Changin’ es todavía el sonido desnudo, sin intermediarios, directo, con las astillas de aquello que no ha sido pulido, porque sencillamente no pretende serlo o no lo necesita. Es el sonido del joven Dylan que aún quiere verse reflejado en el espejo como émulo de su admirado Woody Gutrhie.

Así, injustamente la celebridad, merecida, del tema que da nombre al disco ha eclipsado un tanto al resto de canciones que lo componen. Historias descarnadas, contadas con una sencillez conmovedora, como es el caso de Ballad of Hollis Brown, la historia trágica de un granjero de Dakota del Sur que, sumido en la desesperación causada por una pobreza inclemente, mata a su mujer y a sus cinco hijos, antes de suicidarse. Y sin embargo, Dylan termina cantando:

There’s seven people dead

On a South Dakota farm

There’s seven people dead

On a South Dakota farm

Somewhere in the distance

There’s seven new people born

 Ballad of Hollis Brown by Bob Dylan on Grooveshark 

Y así Dylan canta los pecados y las tragedias humanas que parecen quedar al margen de la sociedad de masas, con la misma naturalidad con que esta sociedad los ignora, señalándolos, así, como heridas de todos, de todo un país, aunque muchos crean no notar su escozor. Por ello, los tiempos tenían que cambiar, forzosamente. Y si cambiaron, efectivamente, del todo o no, es algo que merecería una larga discusión, pero lo que no da lugar a dudas es que para Dylan los tiempos sí que cambiaron. The Times They Are A-Changin’ fue acaso el último trabajo esencialmente folk del de Minnesota. Cierto es que antes de llegar a la sonada electrificación de Bringing It All Back Home (1965), Dylan pararía en otra estación: Another Side of Bob Dylan (1964). Sin embargo, como el título anuncia, este disco revelaba ya una cara nueva de Dylan (la primera de tantas otras caras nuevas que vendrían más tarde). El sonido, si bien seguía siendo acústico, era más cuidado, se pulieron las astillas, y las canciones de Dylan dejaron paulatinamente de mirar hacia fuera, de relatar historias ajenas, para empezar a volverse hacia él mismo. Los tiempos cambiarían irremisiblemente, y The Times They Are A-Changin’ habría de quedar como el fiel testimonio de que ese cambio había ocurrido.

 The Times They Are A-Changin' by Bob Dylan on Grooveshark 

Lista de temas:

  1. The Times They Are A-Changin'
  2. Ballad of Hollis Brown
  3. With God on Our Side
  4. One Too Many Mornings
  5. North Country Blues
  6. Only a Pawn in Their Game
  7. Boots of Spanish Leather
  8. When the Ship Comes In
  9. The Lonesome Death of Hattie Carrol
  10. Restless Farewell

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