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Beatriz Alonso: “Canto el bolero como me nace del corazón”

En una casa canaria del siglo XIX, Beatriz Alonso, sonriente, siempre tiene una taza de té caliente que ofrecer. Entre esas paredes de piedra han surgido sus dos trabajos, Con B de bolero y Villegas 10, que recientemente ha presentado en el Auditorio de Tenerife. Miguel Manescau en la guitarra, Roberto Domínguez en el bajo, Javier Rodríguez en la percusión y ella, con su voz, han hecho posible lo que hoy es Beatriz Alonso Quartet, un auténtico tributo al bolero y al filin.

Beatriz Alonso: “Canto el bolero como me nace del corazón”
Beatriz Alonso en el Auditorio de Tenerife.

¿La música te gusta desde pequeña?

Desde pequeña. Recuerdo que me dio por empezar a cantar, a entonar canciones que oía en la radio del coche de mis padres cuando íbamos a veranear. Me dedicaba a cantar canciones de Gloria Estefan, Juan Luis Guerra… Ni siquiera sabía leer con la fluidez con la que cantaba. Luego, de mayor, cogí la guitarra, y un amigo me iba enseñando un acorde, otro amigo me enseñaba otro, y por imitación empecé a tocar lo que tocaban ellos. Con trece años me dio por componer. Todo esto se desarrolló en compañía de mi hermano Alberto, que también es cantautor. Entre los dos fuimos creándonos musicalmente.

Comentas que tu hermano también está relacionado con la música, o sea que tienes influencia familiar. ¿A tu familia le gustaba algún estilo concreto, o solo le interesaba la música en general?

Pues, principalmente, la música que se escuchaba en mi casa era latina, ya fueran boleros, música argentina… Pero no era música americana. A mi padre desde joven le gustó mucho el bolero, y eso quedó ahí. Mis padres nunca se dedicaron a la música y, sin embargo, tuvieron tres hijos y los tres se dedicaron a la música. De alguna manera nos influyeron.

¿Cómo surgió el proyecto Beatriz Alonso Quartet?

El proyecto surgió hace poco tiempo. Al principio se nos ofreció cubrir unas actuaciones en una sala de jazz. Pero en marzo empezaron a hacer todos los jueves la “Noche del bolero”. Un amigo de Miguel nos lo comentó, para ver si nosotros queríamos cubrir esa noche. Pero claro, en ese momento nosotros hacíamos básicamente mis temas. Yo me sabía algunos boleros por mi padre. Como había prisa, montamos los boleros de toda la vida rápidamente. Buscamos a alguien para que nos acompañase. La formación más clásica del bolero es percusión, voz y guitarra, el típico trío. Entonces llamamos a Javier Rodríguez, el percusionista, que había tocado con Miguel en otra banda de bolero filin, que es el que nosotros hacemos, y empezamos a tocar todos los jueves Javier, Miguel y yo. Pero Miguel empezó a arreglar los boleros de toda la vida de una manera bastante rara, hasta que un amigo nuestro al que le gusta mucho el latin jazz, Kike Pérez, nos ofreció grabar un disco. Para grabar un disco, decidimos buscar a un cuarto miembro, y hacer ese filin, jazzear el bolero, hacerlo un poco más trasgresor. 

Entonces, ¿el filin es la principal influencia de tus dos discos?

El filin lo conocí, realmente, presentando el disco Con B de bolero. Conocía muy poco el bolero, y veía que Miguel, Javier y Rober hacían unas cosas con la música que me parecían muy extrañas, pero al yo no ser una especialista, hacía lo que quería. El filin no está a nivel real en mi primer trabajo porque yo cantaba el bolero como me nacía del corazón, pero no sabía realmente lo que estaba haciendo. Y, básicamente, el filin es eso, el bolero de toda la vida cantado muy libremente. Y, claro, yo no tenía más remedio, porque no sabía hacerlo de otra manera. En el segundo disco me baso más en él, porque empecé a conocer a todas las figuras importantes del filin a través de discos que me dejaba Javier, de Omara Portuondo, Ela Calvo, Ibrahim Ferrer… muchos boleristas de renombre. Y luego, cuando fuimos por primera vez a Cuba a presentar Con B de bolero, conocimos al compositor de Contigo en la distancia y Tú, delirio, que está en mi disco. Esta persona me contó cómo se creó el filin. Ni siquiera me lo estudié de un libro, sino por personas que me contaban cómo había pasado. El régimen prohibió esta música allá, en Cuba, porque el jazz era un producto americano. Entonces el filin fue, de alguna manera, una forma de camuflar ese latin jazz, ese bolero jazzeado, esa influencia americana que había y no se permitía. Este señor nos contaba lo que sucedía en el Callejón de Hamel, donde se daban todas las descargas. De hecho, el término “descarga” surge allí, en Cuba, en ese callejón, donde se juntaban todos los músicos de La Habana para tocar, y eso básicamente es una jam-session. Así surge ese tipo de bolero jazzeado. En Villegas 10 se nota más la influencia, ya sé hacia dónde quiero dibujar la melodía.

Has viajado a Cuba dos veces, ¿no?

Sí.

¿En esos viajes buscabas informarte sobre diferentes personajes del mundo del bolero?

La primera vez que fuimos a Cuba, fue un poco por esa cara que nos gastamos, y dijimos: “Nos vamos a Cuba”. Además, Javier es de Cuba, y es un sitio que añora fuertemente, entonces es normal que nos diera por presentar el disco allá. Fuimos básicamente a presentar el disco. Nos llevamos críticas buenas, críticas malas… Y ahí, en Cuba, fue donde pensamos, “¿y si grabamos un segundo disco?”. La segunda vez que fuimos a Cuba teníamos la intención de grabar un DVD con entrevistas a personas que habíamos conocido la primera vez que habíamos ido.  Villegas 10 estaba pensado como DVD, pero por falta de capital, porque era muy complicado grabar con buen equipo, lo dejamos como dividido. Pero la segunda vez que fuimos a Cuba fue para grabar colaboraciones, hacer entrevistas… para seguir investigando sobre este bolero.

En Villegas 10, a diferencia de tu primer CD, introduces algunos temas de composición propia. ¿Cómo definirías la experiencia?

Tenía ganas de hacerme partícipe de ese repertorio. Un amigo nuestro, Alberto de Paz, que es cantautor, nos dejó un bolero para nuestro primer trabajo, y para Villegas 10 nos dejó otro. Entonces pensé: “Me voy a animar”. Uno no compone un poco por miedo, porque dice: “¿Quién soy yo para meter, en medio de temas de César Portillo de la Luz, de Rafael Hernández, uno de Beatriz Alonso?”. Pero el segundo disco era algo más elaborado, y me parecía que con toda la humildad del mundo uno podía participar. Nunca había compuesto un bolero y, cuando fui a componer, me sorprendió que me saliera de manera natural, como si formara parte de mí.

Cuando interpretaste tu bolero Oscuridad en el Auditorio, con Satomi Morimoto al piano, muchas personas lloraron. ¿Qué se siente al ver llorar a personas por algo que tú misma has compuesto?

(Se ríe) Ese bolero lo compuse siguiendo los pasos, a nivel espiritual, emocional, de César Portillo de la Luz, porque hizo una canción que  necesitaba la humanidad, compuso Contigo en la distancia… la gente necesitaba que alguien pusiera en una canción las cosas que se sienten cuando estás enamorado, y él lo hizo y lo reconoce, pero con toda la humildad. Y el arte básicamente es eso, es representar lo que le pasa a la gente cotidianamente, porque si no, no tendría sentido, sería algo creado por dioses, y el arte está hecho por seres humanos. En definitiva, cuando compuse el bolero, y por eso está dedicado a la figura de César Portillo de la Luz, pensaba en escribir algo que representase el amor pero desde un punto de vista más actual, y parece que en la actualidad lo que prima es la vergüenza, ¿no? Entonces, en la oscuridad es donde todo el mundo es uno mismo, porque nadie te mira, nadie te juzga, porque al final, aunque te de vergüenza reírte, necesitas reírte, y aunque te de vergüenza llorar, necesitas llorar. De alguna manera hay gente que, para enamorarse, necesita que nadie los vea, porque enamorarse da vergüenza. Luego, mi hermano y una amiga lo escucharon, tocado por Miguel y por mí, y se pusieron a llorar porque dijeron que se sentían muy identificados, y entonces me dije: “Lo logré”. Al menos con dos personas. No será Contigo en la distancia,  pero es verdad que en el Auditorio se volvió a dar, pero éramos más. Cuando uno compone una canción que le llega a una persona, o a 375 personas que había en el Auditorio, uno se da cuenta de que ha dicho algo que todos sentimos. Es tan sencillo como decirlo, aunque, claro, es bonito ponerle una melodía, y que alguien como Satomi Morimoro te acompañe al piano. Además, en el disco había mucha personalidad masculina, y también tenía que haber algo femenino. Por sensibilidad y empatía, no digo que un hombre no lo hubiera tocado igual, pero cuando una mujer habla del amor con otra mujer, saben a lo que se refieren. Creo que en el Auditorio eso también conmocionó, ver a dos mujeres haciendo música, en una época en la que la figura femenina está en alza, es otra manera de transmitir. Es bonito que la gente se emocione, pero es igual de bonito cuando le haces a alguien una broma y se ríe, porque hubo conexión, lo que pasa es que cuando tú eres uno y el resto son más de trescientos, es más exagerado, pero al final es lo mismo.

César Portillo colaboró en tu último CD. ¿Cómo se dio esa colaboración?

A César Portillo le conocimos en el primer viaje y, si te soy sincera, conocía sus obras, pero no le había oído cantar. Cuando me dijeron que iba a conocerle, me decían: “Es que tú no sabes quién es César Portillo de la Luz”. Y yo pensé que era mejor así, porque me comportaría con más naturalidad. Me dijeron que era el compositor de Contigo en la distancia, pero se les olvidó decir que era el creador del filin, que llevaba muchísimos años en el mundo de la música, que la última persona que había recibido en su casa era Luis Miguel. La gente que va a ver a César Portillo dice que es un ogro, que tiene cara de decir: “váyase de mi casa”. Yo creo que cuando le dijeron que iba un grupo español, se lo tomó con un poco de desconfianza. Pero cuando nos vio entrar con cholas, despeinados, sudando… se fue ablandando de alguna manera, hasta el punto de que tenemos cada uno de nosotros un manuscrito escrito por él de su poesía, como él dice, naíf. Son esas cosas que te pasan, y te dices: “no me puede estar pasando esto a mí”. Desde que murió su última mujer, él prometió no cantar más. La segunda vez que fuimos, no le podíamos decir que grabara nada cantando, entonces le pedimos que nos recitara algo. Como el tema que habíamos escogido para el segundo disco era Contigo en la distancia, él nos recitó Contigo en la distancia, pero desgraciadamente en el viaje de Cuba a Canarias la grabación se perdió. Pero dentro de una entrevista había varias frases célebres, porque César Portillo habla con frases célebres, él no habla como una persona normal. No es un artista, es arte. Cuando le dijimos que si podía participar, lo primero que dijo fue: “¿Y ustedes tienen, caballero, tanto dinero para pagar eso?”, porque él es multimillonario. Entonces, nos dijo esa broma, pero al final nos grabó entrevistas, fotografías, nos ofertó la posibilidad de tocar con la mujer de Silvio Rodríguez para este disco, pero no pudimos porque ya nos íbamos… Total, que es una persona maravillosa.

¿Te costó mucho esfuerzo actuar en el Auditorio y reunir a tantos artistas importantes?

Claro, cuando uno va a Cuba, a la gran cuna del bolero, y todos los intelectuales que hay se te ofrecen tan voluntariamente, y llegas a tu tierra y parece que tienes que dar gracias y suplicar para que te dejen tocar en algún lugar, te dices, “qué absurdo, ¿no?”. Nos parecía que el Auditorio era un buen sitio, porque uno hace el trabajo que uno puede, con toda la humildad y el esfuerzo, y lo quiere presentar en el Auditorio de su tierra. Se nos planteó esa posibilidad, hablamos con el encargado del Auditorio y en principio no hubo problema. Pero es verdad que es difícil presentar tu trabajo, que lo valoran en la otra punta del Atlántico, aunque yo no me puedo quejar. Conté con un grupo de colaboradores: Polo Ortí, Satomi Morimoto, Sergio Díaz, Sergio García, Natanael Ramos, Alberto de Paz, Pancho Delgado… que hicieron que Villegas 10 fuese realmente Villegas 10 en el Auditorio. Fue algo magistral porque, entre lo difícil que fue, y lo bien que resultó, que se llenase el Auditorio, la Sala de Cámara, da esa sensación de decir, “lo logré”. Fue un momento espectacular en mi vida, y creo que el mejor que tendré en mucho tiempo. Espero que se repita.

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