Kasabian más allá de Club Foot
En ocasiones, esos contados momentos en que la alineación planetaria tiene efectos extraordinarios en la vida terrena, ocurre que una banda británica descubre la piedra filosofal de la música, esa suerte de fórmula no escrita que les eleva a un estadio musical superior. En esta dosis semanal de palabras musicales, hablaremos de esos grupos que han sido tocados con el don de la (buena) creación, ese escurridizo amigo.
Kasabian es, sin duda, uno de estos agraciados. Esta banda británica que empezó sus andaduras allá por 1998, ha conseguido reservarse un cómodo hueco en el panorama musical, donde disfruta del reconocimiento de la crítica y del público, hazaña nada sencilla. ¿Cómo lo han conseguido? Como decíamos al principio, encontrar la fórmula del éxito no es nada fácil, y mucho menos conseguir un producto de calidad. Sin duda, la banda de Tom Meighan y compañía ha sabido labrarse una identidad: una voz característica y un mix de influencias que pocos se atreverían a conjugar, han resultado en un estilo único, una esencia que les distingue de sus coetáneos y les afianza en nuestra particular 'lista de buena música'.
Quien suscribe estas líneas se enfrenta al reto de traducir a palabras lo que Kasabian transmite. Para ello no puedo más que darle al play a toda su discografía. En su primer disco de estudio ya empezaron fuerte. El LP con el que comparten nombre contiene algunas de sus canciones más representativas, esas por las que se les sigue reconociendo. De hecho, Club Foot se ha convertido en la canción por excelencia de Kasabian, casi un himno y pieza necesaria en los setlist de todos sus conciertos. Club Foot es a Kasabian lo que Clocks a Coldplay o Slam a Pendulum.
Sin embargo, hay mucho Kasabian más allá de Club Foot. Es muy indicativo que todos y cada uno de sus discos sean escuchables de principio a fin, sin hastío, sin estridencias, sin aburrimiento. El característico procesado de la voz con el que consiguen un efecto retro, algo sucio, que tanto me recuerda a Sonic Youth (véase la mítica Superstar, o Tom Violence) no agobia en ningún momento, y alcanzar ese equilibrio no es tarea fácil.
Si algo criticaría incluso a mis bandas más idolatradas, a mis canciones preferidas, es que, en ocasiones, un exceso de duración es perjudicial. ¿Cuántas veces una canción se ha demostrado perfecta hasta que desvaría en los dos últimos minutos? The Breeders desvaría con Safari, David Bowie desvaría con Something in the air (presente en la BSO de American Psycho y de Memento, esta última película muy recomendable), y así innumerables ejemplos. Sin embargo, las canciones de Kasabian no son repetitivas. Son casi una condensación de la esencia del rock progresivo: múltiples cambios de ritmo, de melodía, giros inesperados y un alarde de imaginación al servicio de la creación. En Kasabian encontramos una importante mezcla de estilos, cada canción tiene su propia esencia, aunque sin perder la marca de agua que llevan sus canciones y que las reconoce como suyas a los diez segundos de darle al play.
'Velociraptor!' es su cuarto disco de estudio, nacido a mediados de septiembre del pasado año. Al menos yo lo recibí con cierto temor, ese miedo a una pérdida de calidad que ya experimenté con Muse y 'The Resistance'. Sin embargo, el absoluto y justificado éxito de este último trabajo confirma lo que ya sabíamos: Kasabian ha venido para quedarse, por méritos propios y por suerte para nosotros, ávidos lectores de buena música.


