Hasta siempre, Whitney

Ayer por la noche conocíamos la triste noticia: la voz de Whitney Houston se apagaba definitivamente. A pesar de la pérdida que supone para el mundo de la música, este adiós no es para siempre.

Hasta siempre, Whitney
Whitney Houston

Algo se muere en el alma cuando una diva se va, como diría la canción. Llevamos unos meses complicados en lo que a la muerte de grandes hitos de la música se refiere. Sea por sus ajetreadas vidas o porque el destino simplemente se los lleve, lo cierto es que dejan un vacío no solo en la escena musical, sino también en el imaginario popular.

Y es que la gente tiende a hacer suyas las canciones, los grandes temas, las grandes voces. Cuando la película “El guardaespaldas” conquistó miles de salas de cine, algo más importante conquistaba a todo aquél que iba a ver la película: Whitney Houston, con la canción de la banda sonora I Will Always Love You. Una letra romántica cantada por una de las voces femeninas más espectaculares de los últimos tiempos cegaba la razón de los más sensibles.

Aquella película no fue más que la confirmación de que había nacido una estrella que había conseguido ser más famosa incluso que los Beatles, al lograr colocar siete números uno seguidos de su primer álbum homónimo. Aquella mujer que alcanzaba agudos imposibles sin despeinarse había logrado algo que pocos artistas lograban: pertenecer a millones de personas en todo el mundo. Lo más importante que puede suceder con la música es que alguien adopte una canción como suya, que se apoye en ella y que la utilice para salir de los malos momentos, o para reflejar los buenos. Whitney Houston lo había conseguido con creces, lo que la colocó en el paseo de la gloria de las estrellas de la música, con más de 170 millones de discos vendidos.

Pero la fama a veces no es buena compañera, ya que puede llevarte “por caminos raros”, como dice aquella canción de Quique González. Y eso fue justamente lo que le pasó a la diva: malas compañías, un matrimonio conflictivo y sustancias ilegales se metieron por medio. Su mayor enemigo, como ella afirmó, era ella misma, era víctima de la triste y típica dualidad de muchas estrellas de la música. Precisamente esos excesos, que no pasan factura a nadie más que al que los sufre, son los que no hacen sino agrandar el mito. Las canciones de Whitney Houston jamás murieron, a pesar de todo, sino que siguieron ahí, porque ya pertenecían a la gente. Y como grandes hitos nunca mueren, parecía que la diva por fin conseguía salir de ese círculo vicioso que la arrastraba a las profundidades. Tras graves pérdidas de peso y voz, en 2009 Houston volvía a entrar en un estudio para grabar un álbum que pretendía ser su trampolín de vuelta a los escenarios. Una vuelta que iba a producirse hace apenas unas horas, cuando estaba pensado que actuase en la fiesta previa a la gala de los Premios Grammy.

Pero Whitney Houston nunca llegó. La niña que cantaba góspel en su pueblo natal, prima de Dionne Warwick y amadrinada nada más y nada menos que por Aretha Franklin, aparecía muerta en la bañera de su habitación del hotel Beverly Hilton. Con ella se iba la esperanza de una vuelta a temas como Saving All My Love for You, How Will I Know, You Give Good Love, o The Greatest Love of All. La muerte, que llevaba acechándola durante un tiempo en el que Houston hábilmente la esquivó, por fin se cobraba su víctima.

Pero a pesar de la tristeza que supone para el mundo saber que la voz que marcó un punto de inflexión en el soul se ha apagado para siempre, la música nos brinda una oportunidad tremendamente positiva y es que, como ocurre con las grandes obras de arte, siempre permanece, por lo que Whitney Houston estará siempre entre nosotros.