La gota que colma el vaso

Valencia ha sido la gota que ha colmado el vaso, por lo menos el mío. Lo sucedido con Garzón, el resultado del juicio de Camps, corruptos que siguen impunes mientras se hacen aeropuertos sin aviones pero luego no hay dinero para pagar la calefacción en los colegios...demasiadas cosas que aguantar para mantenerse en silencio. Hoy ha llegado el momento de desahogarme.

La gota que colma el vaso
Manifestación del pasado lunes en Valencia/ REUTERS

He intentado controlarme, pero no he podido. Los acontecimientos actuales sobrepasan mi nivel de resignación. No puedo hacer nada para cambiar el presente y el penoso futuro que creo se nos avecina pero, por lo menos, cuento como me siento. Me gustaría pensar que no, que todo lo que está pasando en España son hechos aislados que no tienen nada que ver con los últimos cambios producidos en las altas esperas políticas de nuestro país y con el color que ahora nos domina, pero no puedo.

Estos días he escuchado muchas veces aquello de “Spain is different”. Sí, es diferente pero, en estos casos, no es que sea diferente es que es peor. Creo que hemos llegado a un nivel tan malo que cualquier cosa que se nos ofrezca nos parece aceptable. El problema es que algo aceptable no quiere decir que sea bueno, sino que “a falta de pan buenas son tortas”. Eso es lo que debieron pensar en Valencia el otro día, si no tienen calefacción para calentarse pues les calentamos con la porra...

Comprendo que cuando se producen este tipo de situaciones puede ser fácil equivocarse a la hora de tomar decisiones. Pero, de ahí a hacer cosas que se asemejan más a una dictadura que al estado de democracia en el que se supone que vivimos, hay un trecho muy amplio. Lo que más me molesta no es que no se pidan disculpas después de lo sucedido, sino que hay quienes siguen mirando para otro lado y negando lo que es evidente. Decir que alumnos, que se manifiestan con sus padres por una educación digna, son delincuentes, es penoso. Penoso como que haya medios de una determinada ideología que apoyan determinados hechos y, de nuevo, cuentan su “particular” versión de los hechos que, como de costumbre, dista mucho de la realidad.

En mi opinión, los periodistas y la gente que trabaja en los medios tiene la responsabilidad de contar la verdad a los ciudadanos. Quienes ven o escuchan los programas conocen la realidad a través de lo que en ellos se dice, por eso no podemos engañar o maquillar la verdad para que parezca menos cruda. Cuando los hechos son tan graves como los que sucedieron el otro día en Valencia, hay que contarlos tal y como son, nos guste o no. Es normal que nos dejemos llevar por los colores de nuestra ideología política pero eso no nos da derecho a mentir. Termino el artículo aferrándome interiormente a la esperanza de que mis temores no se hagan realidad y este país no se convierta en lo que fue hace años, un país en el que los habitantes vivían dominados y no podían alzar la voz frente a lo que consideraban injusto. Ellos, los políticos, están en el poder porque nosotros hemos querido que estén. Nos merecemos respeto y, por supuesto, que no tomen decisiones basándose en intereses personales mientras nos roban el dinero en nuestra cara y, encima, nos someten a su represión.