Cosas que pasan: historia de una crisis

Vivimos tiempos difíciles, no es ninguna novedad, pero desde hace un tiempo creo que hay una serie de términos que no se han querido aclarar. La complicidad de la prensa con los poderes fácticos y la sumisión de la mayoría de la población nos supeditan a este desastre, gestado por unos cuantos, tratado por unos pocos y pagado por todos. Esta es la triste historia de España, un país cuyo mejor período económico, aunque a muchos les duela reconocerlo, se creó a partir de un espejismo basado en la especulación, la cultura del "pelotazo" y el descontrol de los bancos que, junto al poco cálculo de los ciudadanos, nos han llevado hasta aquí.

Cosas que pasan: historia de una crisis
Cosas que pasan: historia de una crisis

Vivimos tiempos difíciles, no es ninguna novedad, pero desde hace un tiempo creo que hay una serie de términos que no se han querido explicar bien. La población ya va bastante atareada para llegar a fin de mes como para preocuparse de otros asuntos y los medios de comunicación ya hace tiempo que han presentado la bandera blanca. No soy un gurú, pero aprovecho mi condición de estudiante y becario (hasta que me la quiten) para intentar informarme de la mejor forma posible, el periodismo es mi vida y desde muy pequeño me enseñaron que al mundo se viene para intentar cambiar aquellas cosas que están mal. Hoy quisiera tocar el primero de tres temas bien diferenciados, pero cada uno de ellos tiene un denominador común: la injusticia. La nula voluntad de cambiar esta injusticia por parte de los órganos competentes (o eso dicen) nos obliga a los ciudadanos (y especialmente a los periodistas) a tomar el timón de nuestra vida, a intentar girarlo para poder controlar de nuevo nuestras decisiones. Objetivo complicado de entrada e imposible si se da por buena y aceptable la situación actual.

Érase una vez ...
 
Vivimos en un país, España, donde la ineptitud de los políticos, la codicia del poder financiero y la inocencia (y a menudo, imprudencia) de la población nos han llevado a una situación catastrófica. El paro sube, las arcas del estado se vacían y parece que la situación no podrá reconducirse nunca. Situación parecida a la de muchos países del mundo occidental, cada uno con sus matices directamente proporcionales a la mediocridad y la falta de actuación de sus políticos. Desde hace un tiempo se nos explica que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora toca hacer un esfuerzo. La crisis dura oficialmente ya 5 años, y no parece que estemos cerca de llegar a una solución a todo. Quieren que aceptemos nuestra condición de culpables y acatamos la sentencia cuando no ha habido ningún tipo de juicio ni análisis en torno a los factores y motivos que han creado este panorama. Se han tergiversado palabras, escondido hechos y perdonado culpables; se han maquillado resultados y ofrecido políticas y propuestas que al final no se han acabado cumpliendo. El gobierno es extremadamente impopular, pero no parece que eso les preocupe. Ellos tienen un plan.
 
  
Polaris World, paradisíaco y fallido proyecto construido en Murcia.Fuente: typicalspanish.com
 
Después de una ley de suelo que debía asegurar un futuro próspero en España, los bancos españoles y las inmobiliarias iniciaron un matrimonio que parecía eterno alrededor del año 2000. La ley de suelo aprobada por el PP marcó época en España Los bancos daban grandes créditos a cualquier persona que los pidiera, colaboraban avalando construcciones que luego vendían sin problemas, no importaba el precio, no importaba la solvencia del comprador, la cuestión era vender, y nadie les detendría. Banqueros y especuladores se llenaban los bolsillos, pero la gente tenía casas donde vivir, coches bonitos y lugares donde ir de vacaciones.
 
¿Quién pagaba la fiesta? Evidentemente un banco tiene unas reservas económicas y unos fondos a los que puede acceder pero, ¿Qué pasa cuando necesita créditos para financiar otra construcción que le reportará mucho dinero y no tiene líquido para darlos? Los pide a un estamento más grande, los bancos alemanes y franceses avalaron en todo momento a sus homólogos españoles, a los que cedían gustosamente créditos (con intereses) para que estos pudieran seguir con su círculo financiero alrededor del sector inmobiliario. Evidentemente los bancos alemanes y franceses no son Dios, y también tienen unos bancos con los que deben rendir cuentas: los estadounidenses.
 
Ellos llevan el volante de gran parte de la economía europea y son el amable padre que cede ayuda a sus hijos, siempre y cuando estos sigan sus directrices en cuanto a política exterior. Resulta que los bancos americanos también jugaban al boom inmobiliario, de hecho era una moda también extendida en países como Irlanda o Grecia, por poner otros ejemplos. En los EE UU la locura era tal que las compañías aseguradoras apostaban grandes sumas de dinero en contra del éxito de viviendas que, por otro lado, recomendaban como inversión segura a sus compradores.
 
Bancos españoles, estadounidenses, irlandeses, griegos, jugaban con la riqueza creada a partir de la especulación con peligrosos activos financieros
 
Bancos españoles, estadounidenses, irlandeses, griegos, jugaban con la riqueza que creaba la creación de viviendas, era un chicle divertido de estirar y donde siempre acababan ganando grandes sumas de beneficios. Hasta que su suerte empezó a cambiar. Fruto de sus especulaciones masivas y la conexión inmobiliarias-aseguradoras-bancos, algunas inversiones resultaron fallidas y el crédito comenzó a escasear. Cada vez había menos líquido y por lo tanto menos personas podían pagar las hipotecas, lo que provocaba una caída de fichas de dominó entre el comprador, el banquero y las aseguradoras. El primero se quedaba sin casa después de ver como su genial hipoteca pasaba a ser inasumible, el segundo se quedaba sin líquido por no cobrar lo que había prestado. A la vez tenía que pagar a través de fondos de inversión el dinero que la aseguradora había ganado apostando por el fracaso de la gestión de aquella vivienda. El déficit crecía en los bancos y los inputs no paraban de bajar. La caja queda vacía, la alarma suena y el sistema dice basta. Se acabó el juego.
 
Falling down ...
    
Cae Lehmann Brothers en EE UU y cae Northern Rock al otro lado del Atlántico, sintomático. Los bancos quedan secos en ver cómo algunos de sus principales acreedores desaparecen, el proceso se repite de arriba a abajo, los alemanes reciben menos dinero, por lo tanto dan menos y esto nos vuelve a llevar a España, donde todo este engranaje tramposo que pensaba repetir la misma jugada para siempre queda atrapado en su propia telaraña.
Cuando los bancos alemanes cierran el grifo, se siembra el caos en toda Europa Prestar dinero que te han prestado puede ser económicamente provechoso mientras lo vayas recibiendo, pero será un completo desastre cuando el grifo se cierre y los tengas que devolver. ¿Cómo será posible crear riqueza material? ¿De qué forma se podrá devolver este dinero si el único mecanismo para lograr superávit de tu banco es la especulación inmobiliaria y ya no puedes construir más casas porque nadie las compra? ¿De dónde saldrá el dinero?
 
          
Lehmann Brothers, el detonante.Fuente: abagond.wordpress.com
 
La reacción política en España no es que tarde en llegar, simplemente es inexistente. Se cree que usando eufemismos la gente no notará ni se dará cuenta de que algo grande está a punto de llegar, algo está a punto de explotar y tendrá efectos devastadores, pero el gobierno socialista piensa que evitando la palabra "crisis" la tormenta pasará, nadie notará demasiada diferencia y podrá conseguir ganar de nuevo las elecciones. Los bancos quedan secos, y como no hay créditos, el dinero no circula y las primeras dos consecuencias directas de ello son las siguientes:
 
1. Los empresarios, al no contar con los créditos que necesitan para pagar muchas nóminas, reducirán plantillas. Se multiplican los despidos y por lo tanto comienza a crecer el paro.
 
2. Al haber menos créditos, es más difícil la contratación, por lo tanto el paro no es sólo una situación casual y fácilmente reparable, sino que se convierte en un mal endémico, en una puerta de entrada a la inactividad absoluta sin demasiadas posibilidades de cambiar la situación. Los parados, al contar con menos ingresos, no pueden seguir pagando sus hipotecas, por lo tanto los bancos registran aún más pérdidas cuando menos lo necesitan.
 
Los bancos españoles han gestionado mal sus recursos, han vivido por encima de sus posibilidades, se han amamantado de una vaca que no era suya y han acabado hundiendo a sus propias entidades. Lejos de encontrar una solución en la oposición, el Partido Popular (que gobernaba cuando el juego inmobiliaria comenzaba a ponerse de moda), usa la débil y frágil economía española para sumar apoyos a partir del uso del populismo. Acusa a Zapatero de crear una crisis que ha puesto en peligro la buena salud que presentaba el estado cuando ellos cedieron el poder al PSOE en 2004 (entonces había 2 millones de parados, había menos paro porque la inmobiliaria daba empleo y el boom de los ladrillos parecía no tener freno). El aumento del paro y el empeoramiento de la situación, junto con la poca valentía política de Zapatero a la hora de admitir la crisis y unos recortes impuestos por la Unión Europea, significan la tumba política del líder socialista. En un estado bipartidista como el español, Mariano Rajoy lo tiene muy fácil para acceder a la presidencia tras una campaña ambigua donde deja claros dos objetivos: reducir el paro y devolver a España a su punto de riqueza anterior al inicio de la crisis (que, como ya hemos explicado, es un período clave en la creación de la situación actual. Un hecho que nos deja entrever algo preocupante: Rajoy no ha entendido que el modelo especulativo de los 2000 fue un problema y no una bendición). De todos modos, no deja demasiado claro cómo lo conseguirá.
 
Scissors sisters: Merkel y la clase política europea
 
Hasta entonces escondida tras un rincón, nadie acababa de saber quién era aquella mujer con posado estricto, rostro claro y mirada fría. La complicada situación creada por el crash financiero de los bancos americanos afecta a todos los bancos europeos, pero dentro de esta problemática encontramos diferentes escalones. Aquellos que recibían directamente de los bancos americanos (bancos alemanes) tienen problemas, pero de todos modos pueden reclamar otra deuda a los bancos a los que han dejado dinero (españoles, griegos, italianos, portugueses, irlandeses), pueden pedir que se lo devuelvan  para ir tapando este agujero. Los bancos de los países del sur e Irlanda son los de la última fila: el crecimiento económico construido a base de créditos fáciles sólo era un espejismo, ahora no son nadie y deben devolver esta deuda con un dinero que no tienen. La única opción que les queda es (en el caso de los países que apostaron por la construcción) reclamar el retorno del dinero de las hipotecas por parte de sus clientes, que en demasiadas ocasiones ya se encontrarán sin trabajo o sin condiciones para devolver lo  que deben. Los gobiernos tienen que entrar en acción para poder remediar esta balanza que no puede equilibrarse de ninguna de las maneras. El gobierno no puede (ni quiere) controlar las balanzas económicas de las entidades privadas, pero lo que sí puede hacer es reestructurar las facturas públicas para obtener las cantidades que los bancos necesitan. Aunque no lo quieran, Angela Merkel, canciller alemana, les recuerda que tienen una gran deuda a pagar y sitúa los países deudores al borde del precipicio financiero y político con medidas extremadamente impopulares que establece como obligaciones a cumplir. Los gobiernos de los países más embadurnados por la gestión de sus bancos (como España) aceptan. Pero como pueden justificar esto ante una población cada vez más empobrecida? ¿Cómo pueden explicar que ahora sea necesario prescindir de muchas cosas? El déficit con los bancos alemanes ha sido creado por los bancos españoles y, pese a la irresponsabilidad de amplios sectores que se animaron a comprar sin pensar en si podrían mantener su nivel de gastos en un futuro próximo, al fin y al cabo, los ciudadanos no tienen mucho que ver en todo ello.
 
    
Angela Merkel marca la agenda española. Fuente: diariodenavarra.es
 
Con Zapatero ya se hicieron las primeros medidas dictadas por Bruselas, conocidas como "políticas de austeridad" y la única forma de poder explicar esta reducción de inversiones es explicando que no hay dinero, ni otra forma posible de conseguirlos (mientras el fraude fiscal roza cifras humillantes para el resto de contribuyentes). Los medios empiezan a hablar de esfuerzo, y se encargan de valorar positivamente cualidades como la tenacidad, la firmeza y la valentía ante las situaciones complicadas. A nivel de culpa, se responsabiliza a los ciudadanos, que han vivido por encima de sus posibilidades y han creado una deuda que hay que devolver. A nivel lingüístico, se produce un paso clave: los bancos españoles pasan a ser España y las deudas que éstos hayan podido contraer durante su pésima gestión pasan a ser responsabilidad de todos los ciudadanos españoles. La insistencia de los medios es tan grande y el grado de conocimiento de la situación de la población tan pequeño, que el mensaje se obedece sin ningún tipo de problema. Los medios afines al PP continúan con esta tendencia, sin poner en duda o preguntarse en ningún momento el porqué de las cosas. Los medios afines al PSOE critican los recortes por los mismos motivos electoralistas que Rajoy usaba cuando hablaba sobre el paro a Zapatero. Ninguno de los dos partidos ofrece una solución, pero tienen los canales, los medios y la propaganda suficiente para que nadie ponga en duda su hegemonía política y la validez de sus normas.
 
El rescate de los bancos ¿Hacia dónde vamos?
 
El estado español recibe ayudas de la UE a cambio de continuar con las medidas de austeridad, cada vez más duras y que han acabado llevándose por delante parte de la sanidad y la educación públicas. Ahora son insostenibles, ahora estorban, son un gasto y no una inversión, un problema que hay que quitarse de encima y no la base del país. Entidades financieras como Bankia reciben decenas de miles de millones de euros mientras las clases medias pierden poder adquisitivo. El paro sigue subiendo y las soluciones del PP no parece que hayan terminado de hacer efecto, más bien lo contrario. Un nuevo rescate llevaría a más recortes que debilitarían aún más el frágil estado del bienestar de España, tocado de muerte y defendido por algunos sectores en huelgas y manifestaciones, ignoradas por el PP, leídas en clave electoral por el PSOE. Ningún cambio.
 
La violencia por parte de los cuerpos policiales es insultante.Fuente: reflexionesentramigos.blogspot.com
 
Se indulta la corrupción y se premia la violencia, se oculta el fraude fiscal y se anima a los evasores a seguir siéndolo con amnistías fiscales. La justicia pasa a ser un órgano aún más desprestigiado y inaccesible con tasas inasumibles, los precios de las universidades públicas suben más de un 50% en algunas zonas de España. Todo ello encaminado a recoger dinero para la hucha del estado, que seguidamente lo deposita en los bancos para poder apagar una deuda impagable, injusta e improcedente. La gente ya no recuerda de dónde ha venido, por eso es necesario decirlo de nuevo. Bancos españoles pedían a bancos alemanes, cuando se acabó la fiesta no pudieron devolver este dinero. Ni los empresarios, ni los funcionarios, ni los estudiantes, ni los jubilados, ni los autónomos ni las amas de casa tuvieron nada que ver en toda esta operación, y sin embargo observan impasibles como la mal llamada crisis se zampa su felicidad, absorbe su vitalidad e hipoteca su futuro.
 
El momento que se vive es tan absurdo que una parte de la población defiende que "los recortes son la única salida de la crisis". Es otro de los leit motifs de este neoliberalismo que creó una crisis sin querer con su imprudencia, creó la receta para curarlo y, por el camino, encontró un modelo de sociedad hecho a medida por y para el poder financiero: tendrán los mismos negocios de siempre y ahora incorporarán los derechos básicos de los ciudadanos a su cartera. La sanidad y la educación serán privadas y todo irá mejor en un país "más eficiente y consciente de lo que tiene que hacer en momentos de extrema dureza". Se llama a la impasibilidad del ciudadano y se aplaude su silencio, se demonizan palabras como antisistema o manifestante, equiparándolas al terrorismo ciudadano y a la kale borroka.
 
He intentado explicar todo esto para hacer entender que, pese a tener un parte de la culpa en la creación de esta crisis (los bancos no habrían pedido tantos créditos si nadie les hubiera comprado las casas), los ciudadanos debemos ser más críticos con lo que se nos tira desde los medios de comunicación, no es el momento de rendirse, ha llegado la hora de no aceptar las opiniones precocinadas de todos los medios mercenarios del neoliberalismo. Ha llegado la hora de reclamar de nuevo lo que es nuestro. Podemos hacerlo: leyendo, compartiendo, opinando, convenciendo a nuestro entorno. Apagamos la televisión y empecemos a pensar. Que no se nos diga que no intentamos pararlo. Será difícil y el rival es grande, pero hay ciertas batallas en las que vale la pena luchar.