GAA: el último reducto amateur

Símbolo cultural y deportivo en Éire, la organización más poderosa del país se resiste a la profesionalización. En los parques, los balones son sustituidos por sliotars y los niños sueñan con ser el nuevo King Henry. Los pequeños sueñan como un día lo hicimos nosotros, aunque con héroes de carne y hueso.

GAA: el último reducto amateur
Un grupo de niñas en torno al trofeo Sam Maguire

En las afueras de Valdebebas, día sí, y día también, padres, madres, niños y niñas se agolpaban en la entrada del complejo deportivo del Real Madrid a la espera de sus ídolos, en busca de un autógrafo o fotografía con alguna de las estrellas del conjunto blanco. Coches de todos los colores y modelos – todos ellos caros y cortesía de las casas de coches más pudientes – desfilaban ante los ojos de las familias que se reunían bajo el sol justiciero de Madrid. Digamos generosamente que el 95% de los jugadores pasaba de largo.

El verano en Dublín, a diferencia de Madrid, es perfecto. Su imperfección reside en la inexistencia del sol, aunque estaríamos poniéndonos quisquillosos. La vida transcurre bajo techo –entiéndase pubs u hogares—pero la actividad física mantiene su puntualidad religiosa los 365 días del año. Con más resacas por habitante que posiblemente Europa al completo, el mérito es doble.

El GAA (Gaelic Athletic Association) es una gran familia con 127 años de historia y más de un millón de miembros en todo el mundo; en un país con una población en torno a los cinco millones el dato es, cuanto menos, significativo. Se trata de una asociación deportiva y cultural que además de promover la práctica deportiva como camino hacia la madurez, pretende consolidar la identidad patria a través de sus propios deportes, lengua, música y baile. A través de sus fraternidades o clubs se promueve un espíritu comunitario que afianza el vínculo y la hermandad entre sus practicantes.

"Los voluntarios son el motor que hace funcionar el GAA"

Máximos exponentes de sus deportes son el Gaelic Football –en Éire consideran a nuestro fútbol soccer—y el Hurling. Este último muy cercano a la saga Harry Potter y tremendamente espectacular de presenciar en vivo. En lo que respecta a las mujeres, tanto Camogie y Ladies Gaelic Football poseen un peso en la comunidad equiparable a la versión masculina a diferencia de lo que suceden en otras esferas deportivas del país.

La importancia de esta asociación supera el ámbito deportivo. Es lo único que el pueblo considera realmente suyo tras la ocupación inglesa y posee un valor incalculable para la ciudadanía. Prohibido por el gobierno británico en 1918, en plena lucha por la independencia tuvo lugar en Croke Park (1920) uno de los episodios más sangrientos en la historia de Irlanda, cuando las tropas británicas irrumpieron en el estadio asesinado a 14 civiles durante un encuentro entre Dublín y Tipperary.

"Los pagos a los jugadores están totalmente prohibidos"

Su carácter amateur es uno de los pilares de la organización y su principal motor el voluntariado. Desde categorías inferiores hasta la práctica senior, día tras día miles de voluntariosas personas aportan su grano de arena para que todo funcione a la perfección. Jugadores, entrenadores, ayudantes y familiares que compaginan sus tareas diarias con su rol en la comunidad con el fin de mantener la tradición. La misma que especifica la obligatoriedad, por parte de los jugadores, de ser fieles y leales al equipo de su barrio o distrito de origen, con excepciones contadas, como por ejemplo, en caso de cambio de residencia.

Los pagos a jugadores, equipos, oficiales o miembros están prohibidos y gran parte de los beneficios se inyectan a los clubes que forman la base del sistema de la asociación – Club, County and Province—. El descenso de los ingresos obtenidos gracias a la venta de entradas, patrocinadores y derechos televisivos se ha agudizado en los últimos años. Si en 2009 se alcanzara un record con 69 millones de euros, las cuentas en 2011 han dejado un balance positivo de 47 millones.

La búsqueda por incrementar de nuevo estos ingresos debido a la delicada situación económica que atraviesa el país ha acentuado el debate. Los anunciantes buscan explotar las posibilidades de negocio y profesionalizar el entorno como ya sucediera con la IRFU (Irish Rugby Federation) en 1995. El GAA, a diferencia de todos sus predecesores, no cuenta con un organismo a nivel internacional capaz de ejercer presión en favor de la transformación, por lo que el papel de medios de comunicación y unión por parte de los seguidores se presenta clave.

Amateur o no, los protagonistas de esta historia reniegan de un deporte cegado por la codicia y desleal con sus raíces. Un ámbito en el cual David Henry –ex capitán del equipo de Dublín y campeón del torneo más prestigioso y mágico de la isla: All Ireland Senior Football Championship— no podría compartir pintas con seguidores y conocidos de su localidad en el GAA club de Raheny o acercar la Sam Maguire Cup a la boda de un seguidor dublinés a petición de uno de los miembros más antiguos de su club.

Héroes cercanos y preocupados por lo que sucede en su comunidad, de la cual surgieron y a la cual se lo deben todo. A los cientos de voluntarios que lo llevaron junto a su esfuerzo, a la cima del templo gaélico de Croke Park a levantar uno de los trofeos más singulares y con más significado en estos tiempos que corren. Un tipo corriente con el que charlas en el bar del pueblo sobre si el reportaje que has hecho le gusta o no.