CIEs: A la caza del inmigrante

Analizamos los llamados Centros de Internamiento de Extranjeros, lugares donde se retiene durante un máximo de 60 días, a personas que se encuentran residiendo irregularmente en nuestro país. Las condiciones y legalidad de estos centros han hecho que surjan varias voces pidiendo su cierre. No es una cárcel, pero tiene barrotes y celdas.

CIEs: A la caza del inmigrante
Viñeta del CIE de Aluche/ J.R Mora

“Me pusieron las esposas muy fuertes, y un policía me hizo coger mi cartera como los perros. Tras esto, escuché a un agente diciendo que el respeto se gana con maltrato”. Este es el testimonio de M.R.E, una mujer ecuatoriana de mediana edad, que hace tres años, tuvo que sufrir su encierro de 40 días en un lugar muy peculiar. Esto no es un testimonio de un preso de Guantánamo, tampoco son las vivencias de un interno en la cárcel de Abu Ghraib, ni siquiera se trata de un centro penitenciario inhumano, de esos que nos cuentan siempre que se localizan en el llamado Tercer Mundo. La realidad es sorprendente, y por muchos ocultada, ya que el temor que sienten ante su descubrimiento, les hace distorsionar la realidad, poner cara sonriente y negar siempre la situación. Por suerte la mayor parte del ser humano se deja siempre llevar por el sentimiento de solidaridad y  de coherencia, y ante el conocimiento de este tipo de testimonios, no han dudado un instante, y se ha puesto en marcha con una potente denuncia social, que busca que en un país democrático, defendido por un gran declaración de derechos y libertades, estas situaciones no se den.

¿Qué un CIE?

Muchos en este primer instante se preguntaran su significado. La problemática que se denuncia es clara, y hace alusión a las siglas CIE, es decir a los llamados Centros de Internamiento de Extranjeros. Muchos pueden pensar, y es normal ante la desinformación, que estos centros son de regulación reciente, ya que nunca han oído hablar de estos lugares con anterioridad. La primera gran definición que encontramos respecto a estos ellos es la Ley Orgánica 7/1985, de 1 de julio, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España, en la que se contempla “posibilidad de acordar judicialmente, con carácter preventivo o cautelar, el ingreso en centros que no tengan carácter penitenciario, de extranjeros incursos en determinadas causas de expulsión mientras se sustancia el expediente”.

Será en 1995, cuando la Unión Europea, adopte el famoso acuerdo de Schengen, a favor de la “creación de un espacio común cuyos objetivos fundamentales son la supresión de fronteras” con el que extiende a otros países de Europa la implantación de los CIEs, aunque siempre sin llegar a estar regulados de forma oficial.

Las normas anteriormente citadas hacían referencia a asuntos de extranjería en general, pero no aludía únicamente a la regulación de los CIEs. La norma en vigencia más importante respecto ellos es la Orden de 22 de febrero de 1999 sobre normas de funcionamiento y régimen interior de los Centros de Internamiento de Extranjeros, cuya publicación se encuentra en el BOE (Boletín oficial del Estado). Aquí se nos habla de los CIEs como “establecimiento público de carácter no penitenciario donde se retiene de manera cautelar y preventiva a extranjeros sometidos a expediente de expulsión del territorio nacional”.

Por tanto podemos observar como estos centros, han estado presentes en nuestro país, desde hace más de 25 años, muchos de los cuales su regulación ha sido un gran vacío, que ha permitido el desconocimiento de la ciudadanía y el libre uso de estos lugares al servicio del Estado. En la actualidad, y aunque existe esta norma  de 1999, el desconocimiento a la hora de poder informarse sobre ellos es total.

Sabemos que su regulación y funcionamiento quedan supeditados al servicio de extranjería del Ministerio del Interior, en el cual se informa brevemente sobre las disposiciones básicas y derechos y deberes de los extranjeros, tras su internamiento en estos centros. Se recogen así una serie de disposiciones, que en su mayor parte son administrativas, en las que se intenta explicar en qué consisten estos lugares de internamiento. De esta manera podemos dar a entender que aquí se interna a los extranjeros indocumentados, que deberán esperar dentro un máximo de 60 días, antes de que se le comunique que son expulsados o devueltos a sus países de origen, por encontrarse en situación “irregular”. Anteriormente el paso máximo por los CIEs, era de 40 días.

Han estado presentes en nuestro país, desde hace más de 25 años, muchos de los cuales su regulación ha sido un gran vacío

Ahora bien, a la hora de intentar saber cuántos CIEs existen en nuestro país, la falta de trasparencia y la mordaza vuelven a estar a la orden del día, ya que no existe ninguna fuente oficial del Estado que te de una cifra concreta sobre, por ejemplo, el número total de extranjeros que se encuentran actualmente internos en los diversos CIEs o la cantidad de estos centros en España. De esta manera han tenido que ser, diversas asociaciones y ONGs, las que se hayan encargado de realizar estudios, y arrojar algunas cifras al respecto. También aquí, existe una gran falta de consenso, ya que se trata de estudios propios, y en muchos casos dificultados por la policía, que hasta hace apenas 8 meses, no permitía la entrada de asociaciones humanitarias en estos centros. De todas formas, y gracias a una fuente muy fiable dentro del gobierno, sabemos que en la actualidad existen 10 Centros de Internamiento de Extranjeros en España, destacando el de Málaga y Valencia, y sobre todo el de Madrid, que se encuentra cercano al metro de Aluche. La gente de este barrio del sur de Madrid, todavía recuerda con una mezcla de nostalgia y espanto, la famosa cárcel de Carabanchel, cuyo espacio derruido se sitúa lindante con el CIE.

CIE de Aluche

Nuestra curiosidad y rigor para comprobar las informaciones nos hace desplazarnos a este CIE de Aluche. Nada más salir del Metro, el bullicio y la actividad frenética salta a la vista. Gente con bolsas de la compra, jóvenes hablando alegremente, coches con prisa por llegar a su destino. En fin, una situación totalmente normal, de cualquier punto de Madrid. No puedo detenerme mucho contemplando este júbilo, ya que me dirijo sin más demora a mi destino. A medida que voy avanzando, veo a los lejos un gran edificio amarillo, que desde la propia lejanía recuerda más a un circo, que a un lugar destinado al internamiento de personas. El camino se hace cada vez más estrecho, y el incesante ruido de la activad humana que me había acompañado antes, comienza a esfumarse. Bordeando el edificio, no puedo evitar que mi mirada se desvié hacia arriba, observando unos grandes barrotes, más propios de una cárcel. Ropa tendida adornan las habitaciones. El silencio sepulcral se puede cortar en estos momentos con un cuchillo.

Son las 18:25 de un viernes, y tras quedarme un rato observando la parte lateral del edificio, me decido a continuar mi camino hacia la puerta de entrada. Al girar, podemos vislumbrar una gran cola de personas, que esperan para poder entrar al edificio. La mayor parte de ellas, son familiares de extranjeros, que se encuentran internos en el lugar. Su desesperación es total. Mucha gente no quiere hablar, se echan a llorar, o las palabras no les salen. Sin duda no es fácil.

Aún así conseguimos hablar con alguno de ellos. “Estamos preocupados, porque es una injusticia, mi mujer está enfermando aquí. Los policías la tratan fatal”, nos dice O.E.G, un boliviano de 43 años, cuya mujer se encuentra en estos momentos retenida en el CIE. Él no pude entrar a ver a su mujer, por encontrarse en situación irregular. Hace cola para “estar cerca de ella”. La situación de O.E.G se repite muchas veces, ya que gran parte de los familiares que esperan en la cola, no tienen “papeles”. Sí tienes suerte, como la colombiana Rosana García, puedes disponer de cinco minutos para hablar con tu familiar. Evidentemente los parientes de los internos se quejan de esto, ya que “incluso en la cárcel, los presos tienen más privilegios”.

Nuestra intención es conseguir acceder dentro del recinto, para poder hablar con alguno de los internos, pero la policía nos lo impide, por lo que tenemos que servirnos de testimonios de personas, que pasaron algún tiempo por este lugar, para que nos cuenten su experiencia. J.G.R, un joven chileno, que se encuentra todavía en situación irregular, nos relata su experiencia. “Aquí pasamos mucha hambre, mucho frio, la comida era mala, había días que nos servían agua con sal”, nos dice con cara de horror. También tiene palabras para las condiciones sanitarias en las que se encuentra el lugar, motivo de queja de asociaciones como Médicos del Mundo. “Hay gente que está enferma y no llaman al médico. Muchos tienes que hacer sus necesidades en sus habitaciones, porque por la noche no dejan ir al baño”, nos dice ahora con un tono de enfado.

Del mismo modo conseguimos un testimonio facilitado por ACOBE (Asociación de Cooperación Bolivia-España). Logramos hablar con un interno nigeriano que acaba de ser detenido por falta de documentación, y encerrado en el CIE de Aluche. Emeka E. lleva 17 días interno, y su estado es de confusión total. No entiende qué hace “preso”, piensa que se han equivocado, y que su encierro se debe a un problema con su nombre. “Yo no he hecho nada” le dice al trabajador de ACOBE. Esta frase la repite constantemente, piensa que así le van a soltar. No es consciente de que su encierro en el CIE de Aluche, se debe que no tiene la documentación.

Redadas de inmigrantes

Pero, ¿es suficiente no tener documentación para estar encerrado 60 días? Hablamos para ello con Javier Carequinha, un miembro de la asociación de Brigadas Vecinales, grupo que defiende “la observancia de los derechos humanos”. Este nos dice que el hecho de no llevar documentación, supone “una falta administrativa, que se sanciona de forma ordinaria con una multa”. La misma versión sostiene Marta Martínez Sierra, perteneciente a SOS Racismo Madrid, quién en una entrevista para la cadena independiente MDCTV, dice que “es una infracción de la ley de extranjería, pero no es un delito, lo mismo que puede ser una multa de un coche”.

Estas asociaciones han iniciado una gran lucha de protesta, para evitar que se produzca esta situación de “ilegalidad“por parte del Estado. Puede parecer que para la localización de inmigrantes en situación irregular, se utilicen grandes investigaciones para encontrarlos. La realidad nuevamente es diferente, ya que el inicio de toda esta situación se produce todos los días, en las llamadas “redadas”. No se tratan de redadas contra la prostitución ilegal, ni contra los narcotraficantes, como vemos en muchas ocasiones en los medios de comunicación. Son acciones en las que unos cuantos agentes de policía se sitúan en lugares estratégicos de paso de inmigrantes, para pedir la documentación, y así conseguir la detención de algunos de ellos. Este proceso ha sido denunciado por diversas asociaciones como “ilegal” y sobre todo “racista”, ya que a la hora de pedir la documentación, utilizan un criterio basado en los rasgos étnicos de las personas. Javier Carequinha, nos dice que esta situación hace que en nuestro país se produzca “un racismo institucional”.

Las desavenencias entre SUP y Ministerio de Interior respecto a las redadas han sido continuas, ya que una gran cantidad de agentes de policía no están contentos con esta situación

El tema de las redadas contra los inmigrantes, ha traído varios problemas al Ministerio del Interior, que fue acusado de programar cupos semanales para la detención de personas extranjeras, obligando a la policía a intensificar estas redadas, y sus posteriores detenciones. Al parecer, estas informaciones sobre los cupos semanales de detención, la filtró a la presa, el SUP (Sindicato Unificado de Policía), que no ve en su totalidad con buenos ojos, estas acciones. Así en enero de este año, Alfredo Pérez Rubalcaba, por aquel entonces ministro de Interior, aseguraba que “redadas no hay, porque las prohíbe la Constitución”, diciendo desde su Ministerio que los 3.321 extranjeros que fueron expulsados en 2010 por estar en situación irregular, fueron localizados en operativos antiterroristas o en controles de alcoholemia. Las declaraciones de Rubalcaba trajeron mucha polémica, y fueron contestadas por José María Benito, portavoz del SUP, quién dijo que “es una rotunda mentira que no existan las redadas”. Además aseguraba que eran “imposibles” las cifras que aludía el Ministerio de Interior, para los extranjeros localizados por causas de terrorismo o alcoholemia.

Las desavenencias entre SUP y Ministerio de Interior respecto a las redadas han sido continuas, ya que una gran cantidad de agentes de policía no están contentos con esta situación. En muchos casos las consideran “una pérdida de tiempo”, ya que sólo el 9% de los detenidos en las redadas acaba expulsado finalmente, según fuentes del SUP. Para este sindicato de policías, el Ministerio del Interior sólo “busca aumentar las estadísticas de detenidos a final de año”. De esta manera vemos como el internamiento de extranjeros en estos CIEs, por medio en gran parte de las redadas, no está bien visto en muchas ocasiones por los agentes de policía.

El malestar policial no sólo se refleja en estas redadas. Como aludíamos antes, los CIEs se encuentran regulados por policías, que tienen la función de controlar el funcionamiento de estos centros. Miguel Ángel Fernández, secretario de Acción Social del SUP, en una entrevista para la cadena MCDTV, asegura que “se necesita mucho más personal para ocuparnos en condiciones de los centros, ya que por ejemplo, el de Madrid está superando los 200 internos, y sólo tenemos 8 policías”.

Conseguimos hablar con un policía que trabaja en el CIE de Aluche. C.M.R, prefiere no dar su nombre, pero nos dice que “no es una situación cómoda, sobre todo para los jóvenes, a los que les gusta estar en la calle, y no aquí, trabajando como funcionarios de prisiones”. Entonces, ¿Es una prisión, y no un centro de internamiento? le pregunto. C.M.R no responde…

Maltrato y torturas dentro de los CIEs

La versión de incomodidad policial, pierde cierta legitimidad, ante las graves acusaciones que ha habido de maltratos por su parte en estos centros. De esta manera un amplio y elaborado  informe publicado en 2009 por la CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado), se hacía eco de diversos casos de “abuso y torturas” dentro de estos centros, asegurándose que el 40 % de los internos de los CIEs,  habían sufrido algún tipo de trato negativo. Nuevamente el Ministerio del Interior, encabezado por Rubalcaba, salió al paso de tales acusaciones y pidió al CEAR “las pruebas”, ya que consideraba muy grave “decir que la Policía maltrata a los inmigrantes”. Sin duda es necesario para una acusación así de grave, una gran cantidad de pruebas, que en el informe CEAR, podemos observar en forma de un gran número de testimonios. Relatos que nos confirma personalmente M.J.U, una mujer que prefiere esconder incluso su nacionalidad y edad. Ella trabaja como funcionaria en el CIE de Aluche, y nos dice “haber visto cosas muy fuertes”, pero sobre todo alude a una “falta de sensibilidad por parte de algunos policías”.

 “A los jóvenes, lo que les gusta es estar en la calle, y no aquí, trabajando como funcionarios de prisiones”. Entonces, ¿Es una prisión, y no un centro de internamiento? le pregunto. C.M.R no responde…

Lo cierto es que el informe CEAR, no es el único toque de atención a España, por la situación que se produce en los CIEs, y  en las redadas a los inmigrantes. En marzo de este año, el Comité de Naciones Unidas para la Discriminación Racial, pidió al gobierno español “tomar medidas efectivas para erradicar la práctica de controles de identificación basados en perfiles étnicos y raciales”. Además se mostró “preocupada” por la situación de los extranjeros en los CIEs. Un año antes la Comisión Europea contra el racismo y la intolerancia, pidió a las autoridades españolas “asegurar que la detención en los centros de internamiento se lleve a cabo en todos los casos de conformidad con la ley, y sin discriminación por motivos de raza, color, idioma, religión, nacionalidad y origen nacional o étnico”.

Ya en nuestro país, las voces de diversas asociaciones y grupos a favor de los derechos humanos han sido muy grandes, consiguiendo al menos en junio de este año, que se deje a la Cruz Roja atender a los internos. Del mismo modo el defensor del pueblo, ha estado siguiendo la situación de estos centros con especial preocupación, y también  en junio de este año, pedía el cierre de los CIEs de Algeciras y Málaga, ya que “no reúnen las condiciones mínimas”. Incluso en 2010, Gabriel Fernández Rojas, viceconsejero de inmigración de la Comunidad de Madrid, pidió al Ministerio del Interior, acabar con las redadas, al considerar que son “indebidas y fuera de toda ley”. El viceconsejero añadía que “las detenciones de extranjeros por meros indicios sin ser sospechosos de ningún delito no tiene cobertura legal en nuestro ordenamiento”.

Es difícil aferrarse a la objetivad en un tema así de grave, en la que la libertad del individuo se ve privada por la no posesión de un documento. No se duda de que las autoridades tengan razón al decir que se debe controlar la situación de la inmigración. Pero no es menos verdad, que la forma de hacerlo no es la correcta según los datos mostrados, y sí el lector se conmueve con la historia o simplemente rechaza lo dicho y piensa que es pura propaganda, se le invita a ir un día a unos de estos centros para que compruebe por si mismo cuál es la situación actual. Es seguro que se sorprenderá nada más ver esos barrotes de los que hablábamos, pero al menos tras su visita podrá volver libremente a su casa, y disfrutar de una dulce velada en familia. Desgraciadamente algunos se quedarán en celdas, esperando con ganas su salida de este lugar, en el que entraron por el único hecho de no poseer un simple papel. Otros, como M.R.E o J.R.G, ya han salido y se encuentran hoy en día trabajando en nuestro país. Ambos en situación irregular. Ellos no muestran su cara, no dan su nombre, tienen miedo, se “han ganado el respeto con maltrato”. Sólo de pensar en volver a pisar el CIE, les hace temblar. Ellos no cometieron ningún delito, pero parece que eso ya no es escusa…