Una roca bajo techo
Federer desarbola a Del Potro para alzar su primer título de la temporada en Róterdam. Suma 24 victorias consecutivas sobre cemento indoor.
“Cuando he saltado a la pista era tan sólido como una roca”. Las palabras de Roger Federer, lejos de la petulancia, se propagan sin resistencia al aire por cada recoveco del Ahoy Arena, la central cubierta del ATP 500 de Róterdam. Lo hace mientras su rival en la final, el argentino Juan Martín del Potro, pierde su mirada hacia la techumbre metálica, como el que sabe identificar que se encuentra en territorio hostil. Bajo estas circunstancias, sin viento ni sol que intermedien en el juego, Federer vive en su particular refugio. Se mueve con agilidad renovada y sus golpes pierden el óxido que le debilitan en la intemperie. Así, incontenible, arranca rompiendo con todo (5-0) hasta que sella por 6-1 y 6-4 su primer título de la temporada, el cuarto en apenas unos meses tras los firmados en Basilea, París y la Copa de Maestros de Londres.
Porque protegido por una cúpula, el ex número uno del mundo no sufre restricciones. Incluso sana heridas. Tras un comienzo de campaña dubitativo después de caer en semifinales en el Abierto de Australia ante Rafael Nadal y, más sorprendente, tras ceder dos puntos en Copa Davis frente a Estados Unidos en casa y sobre arcilla, el suizo había viajado a Holanda con el objetivo de enderezar el rumbo. “Sabía que tenía que hacer algo para volver a coger impulso”, analiza con satisfacción. Lo mismo hizo en la final. Con Del Potro (1,98 metros) rehabilitado para la guerra, Federer alternó el cerebro con el mazo, castigando con bolas cortadas el espinazo del tandilense. Le negó el paso al resto (salvo las siete bolas de ‘break’ de que dispuso) y evitó cualquier desenlace a golpe de pistola, donde predomina la potencia del albiceleste.
“He jugado a un gran nivel de principio a fin. En el segundo set las cosas se pusieron más difíciles. Por fortuna pude romper (en el quinto juego), porque sabía que si le dejaba entrar en el partido el desenlace habría sido muy diferente. He tratado de evitar que golpeara con la facilidad. Estoy contento de que todo haya salido a la perfección”, comenta el de Basilea, que también se coronó como campeón hace siete años en su última comparecencia en Róterdam. Ahora, con la proximidad de la primavera y los primeros Masters 1000 de la campaña (en Indian Wells y Miami), Federer se encarama al miedo del terreno abierto. Allí donde su tenis pulido se ve erosionado por los elementos. Donde su dureza parece resquebrajarse.



