Siete veces Nadal

El balear, sempiterno, se impone (7-6(1) y 7-5) al mejor Ferrer en un duelo histórico y alza su séptimo Godó. Cuarto traspié del alicantino en la final barcelonesa.

Siete veces Nadal
Nadal levanta su séptimo Conde de Godó.

En la arena del Real Club Tenis Barcelona, el drama y la gloria. Y dos luchadores, Rafael Nadal y David Ferrer, dos de los mejores bailarines sobre tierra. Cuando uno embiste con fuego el otro responde con hielo. Cuando uno se arrima al abismo el otro le tiende la mano. Son dos diablos, pero también amigos. “Muy bien David”, se oye desde el otro lado de la red tras un punto encajado. Es un duelo al límite, de arañazos y supervivencia. De dudas y zozobra. Y allí, en el terreno de las sensaciones, Nadal siempre prevalece. Lo hace con ritmo (arrancó con 0-2 adverso), reviviendo bolas imposibles (levantó cinco bolas de set con 5-6 en el primer parcial) y castigando las piernas de un Ferrer que se agarra a la pista como nunca. Y que pierde (7-6(1) y 7-5) nuevamente (cuatro finales sin premio) mientras Nadal se fotografía con la historia con su séptimo Godó en sus brazos.

Sin embargo, este fue el título más exigente de los firmados por el balear desde que inaugurara en 2005 su dictadura (sólo interrumpida en 2010 por incomparecencia) en la Ciudad Condal. Y es que, en esta ocasión, Ferrer cambió el pico y la pala por el mazo. Sus derechas lacerantes dieron paso a otras más directas, más profundas. Incluso se atrevió a organizar emboscadas en la red con voleas que tanto le angustian. Su táctica, más propia de pistas rápidas (3-3 con Nadal en estas condiciones), cuajó de inicio (0-2), llegando a oler la sangre en cada resto. De hecho, tuvo hasta cinco opciones de cerrar la primera manga con 5-6, aunque no certificó ninguna. “Por favor, hombre”, gritaba a la par que mordisqueaba las pelotas.

La respuesta a esta sangría no estaba en su raqueta. Ni siquiera en su corazón de piedra. Residía en la cabeza de Nadal, esa que le convierte en un tenista especial. Con múltiples vidas. Esa que le rescata cuando se ve arrinconado, que le devuelve el papel de dominante para vencer en el posterior desempate y para encauzar la marcha en el segundo set (3-1 y servicio). Incluso que le rescata después de verse contra las cuerdas (Ferrer sirvió con 4-5 a favor) por segunda vez. Toda una coreografía de fuerzas. De estrategias y puntos decididos por sufrimiento y paciencia. De detalles.

Una batalla que hizo justicia a sus protagonistas. Nadal, que precisamente hoy cumple 10 años como profesional, es el mejor jugador sobre tierra en la actualidad. Sus cifras así lo reflejan: seis Roland Garros, ocho Masters 1000 en Montecarlo y ahora siete Trofeos Conde de Godó que totalizan un registro de 34 en esta superficie (lejos del récord con 45 de Guillermo Vilas). Y Ferrer, que probablemente sea el segundo, es consciente de ello. Aunque no desistirá. “Me siento orgulloso de mis cuatro finales (2008, 2009, 2011 y 2012, todas con el mallorquín). Seguiré luchando para buscar la guinda”, comenta. Eso seguro.