Un infierno para Nadal

El balear, incómodo sobre la tierra azul, pierde (6-3, 3-6 y 7-5) ante Verdasco y amenaza con no volver a Madrid si la organización no rectifica.

Un infierno para Nadal
Verdasco celebra su victoria sobre Nadal en Madrid.

Sol en el cielo y dudas en la tierra. Rafael Nadal Parera se dispone a servir en el tercer set (5-2) para cerrar su pase a cuartos de final en Madrid. Todo parece de cara. Se compite en arcilla. Y al otro lado de la red está su víctima predilecta, Fernando Verdasco, aquella que se arrodilla cuando cruzan miradas (13-0 en duelos particulares). Pero algo sucede. Un temor medio sepultado coge fuerza. Desde la irrupción de Djokovic, Nadal vacila para cerrar los partidos. Así, encogido, se deja llevar, cede cuatro 'breaks' seguidos y pierde (6-3, 3-6 y 7-5) tras tres horas y diez minutos sobre el infierno azul. Esa superficie que está lejos de ser tierra.

"No fui suficientemente bueno para adaptarme a las circunstancias", explica el mallorquín, que llevaba hasta la fecha 22 triunfos consecutivos sobre arcilla (desde que perdiera en la final en Roma de 2011). "No he podido sentir la pelota ni moverme. El juego es totalmente distinto al que venimos jugando. Incluso he sufrido amagos de dolor en la cadera. Lo tengo claro, no pienso asumir riesgos el año que viene. Si no cambian la pista, borraré el torneo de mi calendario. No es una rabieta, para mí es una desgracia. Ahora me voy a Roma con mucha desconfianza tras el buen trabajo realizado en las últimas semanas", continúa. 
 
Para Nadal, en ningún momento se juega en tierra. El calor (30 grados) ayudaría en tales condiciones a su liftado, describiendo botes endemoniados. No es en este caso. Sobre el océano madrileño sus bolas se quedan cortas, sin mordiente. Arranca sin chispa (0-2) y vive sin filo en su raqueta. Tras una hora de choque sigue perdido (2-5) y con el servicio fuera de control (apenas sumó el 42% de puntos). Ahogado en los errores no forzados (computó 38, demasiados), trata de revivir en la trinchera. Sin ritmo, propone más al resto que al saque. Se coloca rápidamente (4-1) en el segundo parcial más por cabeza que por juego. En definitiva, por instinto.
 
"Vamos Fer, que sólo hay uno", se oye desde la grada. Verdasco contribuye a la causa de Nadal. Le teme y le respeta. Tanto como para cometer tres dobles faltas consecutivas. Al final, su carácter ciclotímico le obliga a reaccionar cuando más cerca se ve del abismo. Hasta dos veces sirvió Nadal para acceder a cuartos de final y en ambas se impuso la potencia del madrileño. Ya se sabe, sólo encuentra la calma en el caos. "No tengo palabras. Siento mucha felicidad después de todas las veces que he intentado ganarle y he fracasado", resume Verdasco al borde de las lágrimas.
 
Ahora, el camino que plantea la tierra azul de Madrid le encamina hacia una nueva batalla. Está Tomas Berdych en cuartos de final (doble 6-1 al francés Gael Monfils), pero también la herencia tras haber derribado a Nadal sobre tierra. Es el quinto hombre que lo consigue desde 2005 (antes fueron Andreev, Federer, Soderling y Djokovic) y el primer español. Y, posiblemente, el verdugo de una tierra azul maldita e incomprensible para todos. Incluso para el mejor jugador que jamás la haya pisado.
 
OTROS RESULTADOS.
 
Octavos de final.
 
Alexandr Dolgopolov (UCR/N.16) a Jo-Wilfried Tsonga (FRA/N.4), 7-5, 3-6 y 7-6(2).
 
Juan Martín del Potro (ARG/N.10) a Marin Cilic (CRO), 6-2 y 6-4.
 
Tomas Berdych (RCH/N.6) a Gael Monfils (FRA/N.12), 6-1 y 6-1