Roland Garros: el Federer más frágil

A diferencia de 2011, Djokovic vuela hacia su primera final parisiense tras vencer (6-4, 7-5 y 6-3) a un Federer sombrío. Sólo Nadal separa al serbio del Grand Slam.

Roland Garros: el Federer más frágil
Djokovic celebra su triunfo sobre Federer en París.

Tras la tormenta, el espanto. Esto es París. Aquí la arena retrata dudas y miedos como si fueran puñales en la espalda. Aquí, entre remolinos de roja tierra, hasta los genios tocan fondo. Pues Roger Federer salta a la Philippe Chatrier con el corazón en un puño. Le incomoda el viento, que formula malos consejos. También la lentitud de la pista, húmeda tras el paso de la lluvia. Y delante, Novak Djokovic, el número uno del mundo. Todo esto pesa en su raqueta. Tanto como para precipitarse en campo abierto (desperdicia hasta cuatro ventajas en los dos primeros sets) con errores incomprensibles (hasta 46 computó). Al final, ahogado en el riesgo, sucumbe (6-4, 7-5 y 6-3) e invita al serbio a la gran final del domingo. Allí espera Rafael Nadal y la historia. Djokovic está a una victoria de ser el primer jugador en 41 años en encadenar los cuatro grandes (desde Rod Laver en 1969). A un triunfo de ser leyenda.

“Solo espero que esta final sea más corta que la de Australia (5h53m)”, explica ‘Nole’ sobre la cita oceánica, el duelo decisivo más largo de la historia de los grandes. “Sé que para conseguir el Grand Slam debo jugar increíble porque Nadal está a un nivel impresionante. Hoy ha jugado hoy muy bien (6-2, 6-2 y 6-1 a David Ferrer) y es el favorito para la final”, continúa. Sus palabras reflejan satisfacción. No tanto sus golpes. Ante Federer no compitió como acostumbra. Vivió en el caos propuesto por el suizo, que tan rápido cogía aire (‘break’ para 3-2) como derrochaba su fortuna. De hecho, en el segundo parcial, el campeón de 16 grandes siempre concedió su servicio una vez rompía las defensas de Djokovic. En definitiva, cuatro rupturas en seis disposiciones en la línea de saque, una barbaridad.

Todo esto obedecía al plan propuesto por Paul Annacone, el entrenador que lleva los designios de Federer como en su día hizo con Pete Sampras: puntos cortos, desgaste mínimo. Buscó continuamente el revés del balcánico, aunque chocó contra una barrera. Djokovic lo ponía todo en pista (17 errores no forzados, pocos), forzando al suizo a golpear descolocado. Así desaprovechó la oportunidad (sacó con 5-4) de igualar la batalla. Así se despidió sin apenas levantar los brazos, anulado al servicio (56% de puntos con primeros) al conceder hasta siete ‘breaks’ en todo el encuentro.

Este resultado constata una realidad. A punto de cumplir 31 años, Federer lleva más de 29 meses sin levantar un grande (Australia en 2010) y un año desde que disputó su última gran final. Aún juega con varita, pero no le basta a cinco mangas. Es ahí donde se compite con piernas. Donde se decide con cabeza. El reino que un día fue suyo y que hoy se disputan con la voracidad de los elegidos Djokovic y Nadal. Ambos, los verdaderos señores del circuito.