Wimbledon: Murray doblega a Baghdatis y hace soñar al público inglés

Andy Murray logra alcanzar los octavos de final tras ganar a Marcos Baghdatis por 7-5 3-6 7-5 6-1 en un emocionante y disputado encuentro - El público inglés vibró con Andy y se mostró en total sintonía con él - El próximo oponente del británico será Marin Cilic

Todos los presentes en la Pista Central se ponen de pie y aplauden eufóricamente. En el centro de la pista el escocés Murray saluda al público. Acaba de ganar su partido de tercera ronda contra el chipriota Marcos Baghdatis en cuatro disputadas mangas. El marcador definitivo es de 7-5 3-6 7-5 6-1 tras 3 horas y 13 minutos de partido, y la hora local marca las 11:02 pm, bastante tarde. Demasiado tarde, de hecho. El partido ha sido disputado en sus últimos instantes bajo la amenaza que marca la legislación del ayuntamiento de Merton: no se puede jugar a tenis más allá de las 11 de la noche, ya que los servicios de transporte público y autoridades deben tener una hora límite para poder dar por acabado el día en el All England Club y transportar a los aficionados a sus respectivos hogares. Esta vez el protocolo inglés fue un poco flexible y permitió a Murray certificar su victoria un par de minutos fuera de tiempo, ya que el partido debió haber sido suspendido con el 5-1, tal y como el juez de silla advirtió a Andy cuando el 4-1 se colocaba en el marcador del cuarto y último set.

El partido empezó ya tarde, más allá de las 7 pm hora local, después de haberse disputado sobre la Pista Central dos vibrantes y largos partidos (el S.Williams-Zheng y el Roddick-Ferrer). Baghdatis, con menos presión y exigencia en su actuación, empezó jugando un tenis muy agresivo que buscaba ganar los puntos dentro de la pista. Por contra, Andy Murray se mostraba conservativo, jugando un tenis defensivo desde el fondo de pista y aliándose con su golpe cortado. Esta coyuntura favoreció que Baghdatis tomara la iniciativa de los golpeos, aunque sin la suficiente determinación como para materializar su superioridad en una rotura de servicio. A medida que transcurrían los juegos parecía que Murray iba liberándose de las ataduras iniciales autoimpuestas en su forma de jugar, y fue con el 5-5 en el marcador y con Baghdatis al servicio cuando el escocés pudo conseguir la primera rotura de servicio del partido y llevarse el primer set al servicio por 7-5.

En el segundo set empezó Murray más fuerte que su adversario, que había quedado mermado mentalmente tras comprobar que los golpes planos que contra otros rivales serían winners eran neutralizados por el tenista de Dunblane, gracias a sus grandes habilidades físicas. No obstante, Baghdatis acabó encontrando el juego de inicios de partido, y Murray acusó la presión de ir por delante en el marcador. El chipriota pudo conseguir el break que le llevó a adjudicarse la segunda manga por 3-6.

Entre el segundo y el tercer set se cubrió el techo de la Pista Central para dar respuesta a la necesidad latente de iluminación artificial. Este parón parecía favorecer al escocés, pero Baghdatis rompió el servicio de Andy Murray poco después de empezar la tercera manga y se puso por delante en el partido por primera vez. Ese fue el punto de inflexión del partido: en ese momento Andy Murray definitivamente dejó atrás su juego conservador y adoptó una estrategia mucho más ofensiva. Por contra, Baghdatis perdió ese libre albedrío que le había permitido llegar a tomar las riendas del encuentro, acusando la presión que le producía el ir por delante en el enfrentamiento. Lo que siguió a ese instante, parece un ritual protocolario: Murray recuperó la rotura de servicio, hizo otra más y se adjudico el tercer set otra vez por 7-5.

El cuarto y definitivo set acabó siendo un paseo militar: el público dio alas al tenista británico, que había encontrado su nivel de juego habitual. Baghdatis no tiró la toalla pero no pudo evitar encajar un doloroso 6-1 y decir adiós al torneo de Wimbledon. Se pudo ver como Murray fue de menos a más, acabando el partido a un espléndido nivel.

Una de las curiosidades del partido, dignas de remarcar, fue las múltiples veces que la pelota extra que guardan los tenistas en el bolsillo cuando sirven se salió del pantalón de Andy Murray y obligó a repetir el punto. Tan angustiosa era la situación que Murray decidió jugar sin bola extra en el bolsillo. Más tarde, en las declaraciones post-partido, dijo: "Sentía como si la pelota siempre estuviera cayéndose de mi bolsillo, por lo que decidí tener una sola pelota. Era molesto. Estoy echando las culpas a los shorts, el incidente no fue por culpa mía".

Ahora Murray espera en la siguiente ronda a Marin Cilic, que ganó un épico partido ante Sam Querrey por 7-6 6-4 6-7 6-717-15. Tres tie breaks y un quinto set interminable que harán que Cilic pueda estar, aparte de orgulloso por su gran victoria, más fatigado de lo que debiera de cara al choque que vivirá el próximo lunes contra la gran esperanza británica. Y es que hay que recordar que desde 1936 no gana un tenista británico el torneo de Wimbledon (el último fue Fred Perry) y desde 1938 que ninguno llega a la final (el último fue Bunny Austin). Si el año pasado se quedó cerca de llegar a la final (cayó en semifinales ante Rafael Nadal), este año, con el de Manacor fuera del torneo y con un Murray en sintonía con el público local, parece cada vez más probable que Murray pueda por fin alcanzar la final de Wimbledon y romper la mala racha que los tenistas locales atraviesan en el torneo más importante de Gran Bretaña. Murray quiere por fin conseguir un Grand Slam, y esta probablemente sea una buena ocasión.