Wimbledon: Federer sigue siendo el rey

El tenista helvético se coronó por séptima vez campeón de Wimbledon al derrotar en la final al ídolo local Andy Murray por 4-6, 7-5, 6-3 y 6-4 - Roger rompe prácticamente todos los records posible con este triunfo - Murray vuelve a defraudar en una gran cita.

Wimbledon: Federer sigue siendo el rey
Roger Federer besa el trofeo que le acredita como vencedor en SW19.

Tal y como rezan los famosos versos de Luis Miguel, Roger Federer ha vuelto a demostrar que sigue "siendo el rey". El tenista helvético se ha proclamado esta tarde campeón de Wimbledon por séptima vez al derrotar por 4-6, 7-5, 6-3 y 6-4 al escocés Andy Murray. En su escenario preferido, ese en que se presentó irreverente derrotando a Pete Sampras en 2001 para terminar confirmándose como amo y señor del tenis moderno en 2003, empezando un reinado inexorable que se ha hecho siempre más fuerte en las verdes pistas del All England Lawn Tennis and Crocquet Club, ha vuelto a brillar como nunca.

Y eso que el inicio no fue el esperado. Roger comenzó frío, errático y visiblemente nervioso, cuando se presuponía que el miedo atenazaría antes a Andy Murray que no al suizo, quien disputaba nada menos que su vigésimo cuarta final de Grand Slam. Pero fue a él a quien la presión le llevó a sumar un error tras otro, desde el primer juego en que empezó cediendo su servicio, hasta el décimo en que vio cómo el número 4 mundial, tan virgen de éxito en Wimbledon como sediento de un triunfo que ya se antojaba vital, le ganaba el primer set en tres citas en una final de Grand Slam. La grada empujaba sin cesar a Murray, y sus piernas le llevaban con ligereza a alcanzar cualquier bola para exigir siempre un golpe más a una raqueta demasiado fría como era en este inicio la de Federer, que se fue a la silla con un set abajo tras nada menos que 16 errores no forzados. Demasiados para toda una final de Wimbledon.

El panorama empezó a cambiar en el segundo set. Conforme las nubes cubrían poco a poco el cielo de Londres, Roger crecía en su juego y las dudas viajaban al otro lado de la pista, donde Murray trataba de cercenar la resurrección del suizo. Con un tenis más agresivo, plasmado en sus frecuentes subidas a la red donde desplegó un tenis de muchos quilates, opuesto al basado en el músculo que había planteado desde la línea de fondo, el escocés buscaba varias su esquema inicial para el cual Federer parecía ir encontrando remedio. Su giro táctico estuvo a punto de darle frutos, sin embargo desaprovechó dos bolas de break en el undécimo juego (15-40) que, a la postre, fueron el punto de inflexión del encuentro. A partir de ahí la confianza de Federer aumentó, y prueba de ello fue el modo en que terminó llevándose el set. Todo apuntaba al tie-break con el escocés al saque (6-5 y 30-30) pero entonces apareció la muñeca de Sir Roger. Con dos dejadas, sublime la primera y sin calificativo posible por lo nunca visto de la belleza de la segunda, rompía el servicio y el alma de un Murray que volvía a torturarse por la oportunidad perdida.

Los errores no forzados de Roger Federer al comienzo del encuentro habían cobrado ya sentido. Mereció la pena no solo por haber encontrado al fin su juego, sino por el modo en que lo hizo. Recordando e incluso superando por momento su mejor versión de siempre, y fiel a su técnica de vencer por ahogamiento y no ceder al juego ramplón o defensivo, empezó a obtener frutos. Pero cuando mejor estaba el suizo, con 1-1 y 40-0 en el tercer parcial  llegó la siempre molesta y habitual lluvia londinense. Y con ella, la necesidad de parar el encuentro para que el techo se cerrase y el juego pudiera continuar. Momento para que Federer no perdiera la sintonía con su raqueta y Murray, quien debía haber sido el más beneficiado por el parón, tomase aire, recuperase fuerzas y motivación y saliese al verde con la misma motivación que en el primer set.

Federer acrecentó su dominio tras el parón Apenas 45 minutos después, los hombres de blanco, que no veremos así en los Juegos Olímpicos donde se quebrará la tradición de jugar en este escenario de blanco casi impoluto, volvían a la pista con energías renovadas pero el mismo guión. El dominio de Federer se acentuaba, mientras Murray había perdido el ritmo de bola y no lograba recuperar sus sensaciones. Empezó a hacer la goma el escocés y esta rompió en el sexto juego, cobrando el a la postre ganador del encuentro una ventaja clave en forma de break, que hizo buena al no dejar escapar la rotura conseguida para facturar así, con más facilidad de la prevista, el tercer set y quedarse a un paso de la gloria. 

Cada vez más cómodo en un escenario que es casi el salón de su casa, Roger Federer se permitió, con el colchón del set de ventaja, dar un auténtico recital en el cuarto y definitivo parcial. Salvó la única situación comprometida del set en su primer juego al saque, y empezó la lección. Como si de un profesor se tratase, enseñó a la Centre Court todo su amplísimo catálogo de golpes. Primeros saques increíbles, derechas, voleas, dejadas y, como no, magistrales golpeos con su revés a una mano, tumba en sus días grises y escalera al Olimpo en las faneas más brillantes. Como la que firmó hoy, rubricada en el ecuador del cuarto set con un break que Murray trató de evitar con todo lo que tuvo en su mano, pero fue imposible parar a un Federer que ejerció un dominio insultante. Que 16 títulos después, cuando el escocés envió la devolución al pasillo en la segunda bola de partido, se tiró al suelo y rompió a llorar como si estuviera consiguiendo su primera victoria.

Roger rompe la mayoría de records pendientes y recupera de facto el número 1 de la ATP Porque hoy Federer no solo tenía ansia de ganar por estar, como todos los grandes, enfermo de sed de victoria. En su fuero interno afloraba una tremenda rabia, y unas ganas ingentes de demostrar a todos aquellos que le criticaron, vilipendiaron y dieron por muerto que, por suerte para el mundo del tenis, queda Roger para rato. Con su 17ª victoria en Grand Slam y séptima en Wimbledon, Roger iguala y supera los pocos records que tenía pendientes. Igualará las 286 semanas al frente de la ATP de Pete Sampras, y en dos semanas será líder en solitario de esta estadística, se convierte junto al propio tenista estadounidense en el único campeón 7 veces en la hierba londinense en la era Open y, lo más importante de todo, recupera el número 1. Exactamente 2 años y un mes despúes, el expreso de Basilea recupera un trono que perdió en la teoría pero no en la práctica. Porque Federer jamás ha dejado de ser el mejor tenista del mundo. ¡ENHORABUENA SIR ROGER!