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US Open: Ferrer evita la jugarreta de Tipsarevic

US Open: Ferrer evita la jugarreta de Tipsarevic

David Ferrer se impuso al serbio por 6-3, 6-7(5), 2.6, 6-3 y 7-6(4) y se clasificó para las semifinales del US Open.

David Ferrer disputará por cuarta vez en su carrera unas semifinales de Grand Slam. El tenista alicantino, en un partido que tuvo de todo, se clasificó para la penúltima ronda del US Open tras derrotar al serbio Janko Tipsarevic en cinco apretadísimas mangas, por 6-3, 6-7(5), 2-6, 6-3 y 7-6(4). Los aficionados que copaban las asientos de la Arthur Ashe, donde no cabía un alfiler, vieron un espectáculo sin parangón que viendo el cartel del encuentro casi nadie podía siquiera imaginar.

Desde que se puso en juego la primera pelota, ambos mostraron su carta de presentación, idéntica en su esquema y diferente en su ejecución. Tanto Ferrer como Tipsarevic trataron de basar su fortaleza en el juego desde el fondo. En perfecto estado de revista en el tema físico los dos, las diferencias se basaban en el golpeo, buscando David su característico golpe liftado y profundo y siendo Janko el que arriesgaba siempre un poco más debido a su estilo, algo más directo y sensiblemente más plano.

Los primeros compases fueron de total alternativa en el marcador En un primer set de tanteo, Tipsarevic empezó por delante pero reaccionaría pronto Ferrer, quien tardó unos minutos en encontrar sensaciones pero dominó con claridad en cuanto lo hizo, llevándose así el parcial inicial. Los cañones se calentaron de cara al segundo set y esto se reflejó en el marcador. Nadie pudo quebrar a su adversario y se llegó a una muerte súbita donde sorprendentemente fue el serbio, quien más había sufrido durante la manga, el que se llevó el gato al agua por 7 puntos a 5. Igualdad y vuelta a empezar, como si de un partido a tres sets se tratase.

El tercer set parecía seguir los derroteros de la manga anterior, pero entonces llegó el bajón anímico y físico de David. El de Jávea cedió su saque tras un larguísimo quinto juego y tuvo que ser atendido por problemas en una uña del pie, que le sacaron del partido y dieron una ventaja capital a Tipsarevic, quien con cuatro juegos consecutivos se ponía un set arriba. No le duró sin embargo demasiado la ventaja al número 2 de Serbia, que desperdició al comienzo del cuarto acto dos bolas de break que olían a victoria y terminó pagándolo caro, aunque ni él se imaginaba cuánto. 

El momento de la verdad

David se hizo con el cuarto set y su confianza aumentó al instante. Ante el vendaval que se le venía encima, Tipsarevic optó por un vital tiempo médico para ser atendido de sus tobillos, que de rebote le benefició enfriando a Ferrer. Solventó el serbio un inicio tormentoso (15-40) y tomó rápido la delantera, llegando a ponerse 4-1 y 0-30 al saque de David, con pie y medio en las semifinales. Entonces, cuando todo parecía perdido, llegó el Ferru. El hombre de hierro se creció como pocas veces, y como si de un calcetín se tratase dio la vuelta a la situación. Dejando las piernas para llegar a cada pelota y el alma, el corazón y la garganta a la hora de golpear, solventó su saque. Ni una gota de esfuerzo quedaba en el motor del de Jávea, que acompañaba cada golpeo con un desgarrador grito, cada vez más prolongado, señal inequívoca de que iba a entregarse hasta que no pudiese tenerse en pie.

Los gritos de Ferrer retumbaron en todo Nueva York Pronto las quejas veladas hacia su entrenador y hacia el arbitraje, entrando en erupción su carácter volcánico por causa de los múltiples errores del juez de silla y de los líneas, se tornaron en gritos de ánimo. "¡¡Vaaaaaaa!!" se debaja la voz el de Jávea al mantener su servicio. "¡¡Vamos!!", exclamaba al viento, enrabietado, al recuperar el break y levantaba el puño al conseguir el 4-4. Pero su hambre no se saciaba con las migajas, y siguió directo a la yugular de Tipsarevic, quien contra las cuerdas -dos bolas de rotura para David en el noveno juego- pedía de nuevo la asistencia del fisioterapeuta por un calambre. Ganaba la silla el serbio con apuros y cojeando ostensiblemente, pero tras un vendaje 'milagroso' volvió a correr con más energía aún que antes, y amarró como pudo el 5-4.

La situación fue bochornosa, parándose el juego sin llegar al descanso y por calambres, lo que la ATP -en teoría- no permite. Ante Nadal, Federer o incluso gente de inferior escalafón esto no hubiera sucedido, pero parece que el alicantino no tiene ante los jueces el statu quo de otros. Pero no abrió la boca David, que se dedicó a jugar y a sobreponerse al cansancio, a las triquiñuelas e incluso la red, que por si fuera poco también se puso en su contra. Nada impidió al actual número 5 del mundo llegar al tie-break definitivo, donde se iba a decidir todo.

Quizás fuera injusto que tras 319 puntos se decidiera un duelo de titanes en la lotería del tie-break, pero no era el momento de la justicia sino del tenis. Aferrados los dos con uñas y dientes a sus saques, ninguno quería dar su brazo a torcer. Ambos volaban por el tapete azul de la Arthur Ashe, ignorando los más de 270 minutos previos de batalla y aclamados por un público que, rendido a sus pies, les dedicó una sonora ovación justo antes del comienzo de la muerte súbita. Comenzadas las hostilidades, apenas vimos un mini-break que cayó del lado del español, muy fino forzando el error de revés de Tipsarevic y sirviendo con 5-4. No desaprovechó la ocasión y facturó el 6-4 con un ace, no antes de pensar que el punto había sido para Tipsarevic y lanzarse a por el juez de silla, pidiendo perdón al instante a todo el público, que se tomó la situación con humor.

El despiste fue fugaz, y no impidió que Ferrer facturase a la primera el encuentro, logrando por cuarta vez en su carrera el acceso a las semifinales de un Grand Slam, segunda ocasión que lo hace en Nueva York. La final del US Open está a un paso, y solo Juan Martín del Potro y Novak Djokovic pueden detenerle. Pase lo que pase, David ya ha hecho con creces sus deberes. ¡Que siga lo bueno!