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Davis: Almagro pide paso

Davis: Almagro pide paso

El murciano, espoleado por su gran año, se ha convertido en el eje sobre el que pivota el proyecto de Corretja.

Nada como la diplomacia para cerrar heridas lacerantes. Fue en Melbourne Park, allá por enero. Por entonces, Álex Corretja, el flamante capitán español de Copa Davis, viajó a la otra punta del mundo con un objetivo claro: frenar la anunciada desmantelación del equipo campeón liderado por Rafael Nadal, David Ferrer y Feliciano López y favorecer la progresiva renovación del bloque nacional. Preservar para asegurar el éxito, como lo han sido las cinco Ensaladeras alcanzadas desde el año 2000. Pero todos ellos renunciaron a esta primera petición. Ya saben, año olímpico, cansancio, objetivos individuales… Corretja comprendió. Pasó al plan B. En una de las pistas exteriores estaba Nico Almagro entrenándose. Esperó paciente, escuchó sus sensaciones pasadas (abandonado, llegó a decir que “no sería convocado incluso renunciando las 400 mejores raquetas del país”) y le propuso al murciano el papel de líder de la nueva ‘Armada’. “Fue fácil. Me entendí con él en 10 segundos. Tenía un dolor en la barriga que debía sacar de dentro”, cuenta el ex tenista. Hoy, meses después de aquello, hablamos del héroe que ha llevado a España a las semifinales que disputará desde este viernes (12.00 horas/La Primera) en Gijón ante los Estados Unidos. A un paso de la novena final de la historia.

Pues Almagro ha sido el verdadero protagonista en las eliminatorias pasadas. En Oviedo sumó dos cómodas victorias ante Kazajstán, al igual que en Marina d’Or en cuartos de final frente a Austria. Actuaciones todas que hablan de un tenista diferente. Muy alejado de su versión ciclotímica de años pasados. “Simplemente es regularidad. Antes quería vivir demasiado deprisa, pensar en el futuro. Ahora me gusta llevar el ritmo en los partidos. Eso es un cambio. Es madurez. Situaciones vividas, unas felices, otras amargas”, comenta. Son los golpes que presenta el camino. Muchos los sufrió hace unos años cuando se sintió ignorado por la federación (RFET) y por los anteriores capitanes españoles Emilio Sánchez Vicario o Albert Costa. Se veía preparado para asumir el reto de la Davis más allá de eliminatorias sin trascendencia (primeras rondas ante Perú y Suiza en 2008 y 2010). Incluso quería huir de estereotipos como “tenista loco”, “algo lento” y “con gran potencial” que siempre le perseguían.

Por eso comenzó a trabajar en 2011 con José Perlas, un sabio del banquillo. Bajó de peso, mejoró su capacidad aeróbica y su movimiento lateral por la pista. O lo que es lo mismo, se profesionalizó. Así avanzó rápidamente en el ránking, alcanzando el pasado verano por primera vez el ‘top-10’. Pero algo fallaba. Huérfano de la arcilla, Almagro no alcanzó grandes resultados lejos de la superficie sobre la que ha levantado sus 12 títulos. De ahí que decidiera apostar a principios de la presente temporada como entrenador por Samuel López, de la academia Equelite de Juan Carlos Ferrero, en Villena. “Necesitaba estar con los míos, tener algo más de paz. Tengo un buen equipo humano a mi alrededor y, en especial, a Ferrero, que me está ayudando mucho”, continúa. Todos cambios que han ido puliendo un carecer indomable. Es el Nico de siempre. El que grita y clama al cielo. Pero más cerebral. Un competidor con más armas que sus potentes brazos.

Y la transformación ha sido inmediata. A falta de dos meses para que se cierre el telón a una nueva campaña, suma más victorias (52-17) que en ningún año desde que se profesionalizara en 2003. Ya no tiembla en cemento o hierba. Ni siquiera cuando compite por su país en suelo ajeno, como demostró al alcanzar los cuartos de final en los Juegos Olímpicos de Londres. Ahora, el número 12 del mundo es un seguro sea cual sea el obstáculo. Poco importa que esté delante John Isner, el número uno estadounidense, quien viene de vencer a domicilio sobre tierra a Roger Federer o Jo-Wilfried Tsonga. O que arrastre problemas en el hombro desde el pasado Roland Garros. Almagro no quiere irse y pide paso hacia su primera final en la Davis, allí donde tantas veces ha visto al resto de sus compañeros fotografiarse con la gloria. Es su momento. Como lo supo Corretja cuando le sedujo con palabras hace unos meses.