Copa Davis: Almagro pone a España en ebullición

El murciano, volcánico, pone a España con una ventaja capital de 2-0.

Copa Davis: Almagro pone a España en ebullición
Almagro se mostró tan entusiasta como siempre en su encuentro ante John Isner | Foto: Joaquín Bilbao.

Punto de partido para Nicolás Almagro, el quinto, en la pista montada en el Parque Hermanos Castro de Gijón. Intercambio potente y sin miedos por parte de ambos, que termina con Isner enviando una bola larga por la línea de fondo y el murciano resbalando hasta dejarse caer sobre el polvo de ladrillo, a la par que la pelota aterriza fuera de los límites reglamentarios. Nico estalla de alegría, el público con él e Isner agacha la cabeza y entristece el semblante. Victoria trabajada desde lo más profundo del alma del murciano, derrota honrosa del norteamericano que se vació y luchó en condiciones poco propicias. Pero en todo duelo hay vencedores y vencidos, y en este caso el resultado ha sido positivo para la Armada.

Pero hasta que se definió la contienda, cuatro horas y dieciséis minutos después de que la bola empezase a volar por encima de la red, hubo tiempo para todo. Un carrusel de sensaciones, un tiovivo de golpes en el que Almagro siempre fue, para bien y para mal, el que determinó el devenir del encuentro. Presa de su carácter volcánico, cada vez más domado con el paso del tiempo pero siempre presente, porque si no fuese así Nico no sería Nico, él marcó la pauta a seguir. Su contrincante, todo un número 10 del mundo y principal baza individual de los Estados Unidos, tenía claro el guión a seguir para poder presentar batalla, lanzándose en busca de un juego directo. Todo a cara o cruz. Almagro, siempre valiente, olvidó cualquier táctica y se echó adelante aceptando sin pestañear el envite del gigante yankee. El resultado no pudo ser mejor para sus intereses, logrando rápidamente un break en el tercer juego que defendió sin problemas para hacerse con la primera manga.

Nico cortocircuitó y dejó escapar un segundo set que tuvo en la mano La raqueta del número 2 español humeaba, dictaba siempre el tempo. Le evitaba sufrir al saque y le regalaba opciones al resto, como en el séptimo juego donde tuvo tres pelotas de rotura que no supo aprovechar. Al instante el humo, como por arte de magia, voló de su raqueta a su cabeza. Esa que tantos disgustos le ha dado volvió a jugarle una mala pasada, se puso a pensar en la oportunidad desaprovechada y se olvidó durante un par de minutos de jugar, tiempo suficiente para que Isner sacara el látigo a pasear y, con su impresionante envergadura, empezase a atemorizar con el drive hasta consumar el empate a un set.

Con el encuentro otra vez igualado, un panorama nuevo se dibujaba. Repetía registros Almagro con otro break tempranero y parecía volver a escaparse de manera definitiva al terminar por apuntarse el tercer set, pero seguían quedando recovecos por explorar. En uno de esos el murciano se perdió y entró en barrena. Como si de un déjà vu se tratase, volvió a dejarse arrastrar por sus fantasmas. Seis bolas de break desperdició en el cuarto set y una sola concedida le resultó indefendible por partida doble. Ni pudo contestar a la potencia desmesurada de Isner ni quiso hacerlo, enfadado consigo mismo y con el mundo. Hábil para evitar la rabieta, Corretja le envió rápidamente a vestuarios para que su cabeza se tomase un respiro.

El breve descanso vino de perlas a Almagro, quien bien aleccionado por su capitán templó gaitas. Más paciente pero sin perder ni un ápice de tensión ni de potencia en el golpeo, comenzó a mover como no había hecho antes a Isner, a quien los 8'23 metros de la línea de fondo se le hacían, recorridos de cabo a rabo una y mil veces. interminables. Almagro se desnudaba e iba con todo al ataque, con John amarrado a su saque como única garantía de supervivencia. Así avanzó un set final sin muerte súbita en el que su fortaleza mental se puso a prueba.

Olvidando lo pasado, superó un mal momento en el quinto juego -dos bolas de break en contra- y remó hasta que Isner empezó a acusar el esfuerzo. Amenazó al americano en el décimo juego con tres bolas de break de fogueo desactivadas con saques inverosímiles, pero no perdió la paciencia Nico y encontró recompensa en el siguiente juego al resto. Con el alma, volcado y restando saques a 220 kilómetros con una maña magistral exigió siempre una bola más a Isner, empresa para la que no ha nacido el gigantón que, más tarde de lo esperado y cuando el respetable se impacientaba, terminó por entregar la cuchara tras un ejercicio fabuloso de lucha contra la superficie, el público y el propio Almagro. Caída con honor, pero caída que otorga a España una ventaja importantísima de 2-0. Este sábado, el dobles. Primera oportunidad para sellar la clasificación a la final.