Djokovic se corona en Shanghái

El serbio se impone en la final de Shanghái a Murray en un duelo apasionante por 7-5, 6-7(11) y 3-6.

Djokovic se corona en Shanghái
Djokovic celebrando un punto ante Murray (Reuters).

Un oro olímpico y un Grand Slam pueden cambiar la carrera de un tenista. Dar un giro en su cabeza y crear una comodidad y una seguridad antes inexistentes. Sin embargo, y como puede ocurrirle hasta al mejor tenista del momento, cerrar un encuentro nunca es tarea fácil. Más si cabe si enfrente tienes a un hambriento Novak Djokovic que llega a la final del Masters 1000 de Shanghái sin ceder un solo set y tras ser campeón en Pekín. Ese jugador que maravilló al mundo el pasado año y que hoy ha sobrevivido a una dura batalla al imponerse en la final al escocés Andy Murray en tres sets por 7-5, 6-7(11) y 3-6.

El alto nivel que se pudo vislumbrar en cada punto disputado de la primera manga no se pudo reflejar en el servicio. Ambos tenistas tuvieron que hacer frente al lastre del saque (hasta los juegos finales del primer parcial no consiguieron meter en pista más del 50% de primeros servicios). Si a esto le añades el aliciente de que en la pista se encuentran dos de los mejores restadores del circuito, se pueden dar casos como el de hoy: llegar al 4-4 con tres 'breaks' por cada lado. Fue Djokovic el que puso fin a cuatro juegos seguidos de rupturas (4-5). Pero Murray se sentía cómodo y confiado, como en semifinales ante Roger Federer. El escocés obligó a Djokovic a subir a la red, donde el serbio no encontraba el sitio. Pero la decepción del de Belgrado llegó al ceder nuevamente su saque cuando servía para asegurarse el 'tie-break'. Falló tres bolas “fáciles” y lo pagó con su raqueta, que no acabó precisamente bien. Murray no falló a continuación y cerró un más que salvaje primer acto.

La normalidad sí se presentó en la segunda manga, donde ambos mejoraron su servicio y evitaron la sucesión de rupturas. Todo anduvo tranquilo hasta el séptimo juego, donde Murray, más constante que el serbio, quebró el servicio de Djokovic y posteriormente lo consolidó (5-3). Pero ni el oro olímpico ni el US Open le ayudaron a la hora de cerrar el partido. Los nervios y la presencia de Novak al otro lado de la pista inquietaron al escocés, que desperdició una bola de partido y le dio al número dos del mundo la oportunidad de alcanzar el desempate. El de Belgrado no la desaprovechó. Ahí, en la muerte súbita, es donde se vivió otra batalla. La emoción y la exaltación se reflejaban en la cara de todos los aficionados, que vieron como Andy desperdiciaba hasta cinco bolas de partido antes de ceder por un tanteo de 11-13.

Comenzó el tercer y definitivo tercer set. Andy Murray trató de abstraerse de las innumerables oportunidades de las que había dispuesto para no llegar a esta situación. Y lo hizo. Ofreció todo lo que aún tenía guardado, pero Djokovic estaba crecido. Sabía lo que le había costado llegar a esta tercera manga y no iba a dejar pasar la oportunidad de alzarse con la victoria. Lanzado, con ganas y unas piernas a prueba de bombas, Djokovic quebró el servicio de Andy en el séptimo juego. Consolidó la rotura y puso ventaja de por medio (3-5). No tuvo que esperar a su servicio para sellar el triunfo. Al resto, ante un ya mermado Murray, Djokovic terminó de coronarse por primera vez en su carrera en Shanghái.