Djokovic ruge de nuevo

El serbio, desconocido en los duelos a fuego, rompe una racha de cinco derrotas consecutivas ante jugadores del Top-4 tras vencer a Murray en la final de Shanghái.

Djokovic ruge de nuevo
Djokovic ya suma 70 triunfos en lo que va de 2012 (Getty Images).

Más que un recurso es un canto a la vida. Todo sucede al borde del despeñadero. Andy Murray, el hombre del momento, traza un globo fantástico que le acerca al título (marcha 7-5, 5-4 y 30-0) en la final del Masters 1000 de Shanghái. La lógica le sonríe. Las sensaciones, también. Pero un golpe detiene el tiempo. Allí, arrinconado, Novak Djokovic responde con una Gran Willy (por Guillermo Vilas), un tiro de espaldas entre las piernas que le insufla el ánimo perdido. Que le transforma para sortear hasta cinco bolas de partido en contra en un choque de alto voltaje. Y que le recuerda tras remontar (5-7, 7-6(11) y 6-3) en 3 horas y 21 minutos el desenlace de su agonía. Pues desde que cayera en al final de Roland Garros ante Rafael Nadal el pasado mes de junio ha encadenado cinco derrotas consecutivas ante los cuatro mejores del circuito (0-1 ante el balear, 0-2 con Roger Federer y 0-2 con Murray). Cinco cicatrices que aún le atormentan cuando echa la vista atrás.

‘Nole’ promedia un 38% de triunfos sobre el Top-4 frente al 85% de 2011 Los continuos varapalos, como la final en Roland Garros (donde pudo convertirse en el primer hombre desde Fred Perry en 1969 en encadenar los cuatro grandes), la pérdida del número uno en Wimbledon, los Juegos Olímpicos o la final del US Open le acosaban con fuerza cuando saltaba a la pista. Hasta le habían magullado el carácter, que por un momento pareció conformista con las circunstancias. A diferencia de 2011, cuando barrió en cualquier superficie propuesta, desde la primavera se ha visto rebasado en tierra batida por Nadal y en hierba por Federer y Murray. Incluso sobre cemento, allí donde más lucen sus armas, ha terminado sucumbiendo ante la eclosión del británico, campeón hace un mes en Flushing Meadows. Un retroceso que se explica desde los números. En la pasada temporada cuajó un 85% de victorias frente al Top-4 y un balance de 10-1 en finales. En la presente, un 38% de triunfos y una marca de 5-5 en los domingos decisivos. Fulminante.

Ahora, en cambio, parece haber hallado las soluciones para salir de este agujero negro. Tras sufrir su último revés en Nueva York viajó a Belgrado para vendarse las heridas físicas y anímicas. La receta es la misma a la que recurre desde 2010: refugiarse con los suyos y seguir las directrices de Igor Cetojevic, el gurú y nutricionista que le ha moldeado en cuerpo y alma. En su rutina de trabajo incrementó los ejercicios en el gimnasio en detrimento de la raqueta, la cual se limitó a rutinas con el servicio y la volea. Y todo con un objetivo: fortalecerse de cara al tramo final del año y evitar así el descalabro de 2011, cuando llegó con el hombro y las piernas agotadas. Y, sobre todo, retomar su jerarquía en el ránking, la cual tantea al situarse a escasos 195 puntos de Federer.

“Estoy concentrado en este final de temporada”, explica ‘Nole’, que sabe que volvería al número uno del mundo siempre y cuando mejore las tímidas prestaciones (semifinales en Basilea, cuartos en París-Bercy y tropiezo en la fase de grupos en la Copa de Maestros) bajo techo que protagonizó la pasada campaña. “Tengo que jugar bien en los próximos torneos ‘indoor’. Mi mayor reto en este momento es volver a ser el número uno del mundo. Esta victoria es una inyección de confianza enorme, pero tengo que tratar de seguir igual de consistente para poder optar a ello. Aún me queda mucho por hacer”, continúa el serbio.

Djokovic defiende 560 puntos hasta Londres; Federer, 3.000 En realidad, esta pugna que mantiene con Federer por acabar la temporada como número uno del mundo es más ficticia que real. Apenas defiende 560 puntos por los 3.000 del suizo, que salió campeón de las tres últimas citas en 2011. Eso, unido a la amplia ventaja que disfruta en la clasificación anual (2.155 puntos), le sitúa a Djokovic en una posición privilegiada para acabar nuevamente el año en lo más alto. Algo que no le preocupa en exceso al genio de Basilea. “Está claro que me encantaría acabar el año como número uno, pero no es mi principal objetivo. Lo que deseo realmente es acabar tan fuerte como el año pasado. Sé que si venzo nuevamente en Basilea, París-Bercy y en Londres podría tener una oportunidad para retenerlo. Veremos qué sucede. Daré todo lo que tengo”, sostiene Federer.

Tras Shanghái llega entonces la etapa decisiva del calendario. Sin Nadal, aún en el laboratorio por sus maltrechas rodillas, la gloria se decidirá desde la tricefalia actual. Por tradición, Federer manda (29 victorias consecutivas) bajo el peso de una cubierta. Por inercia, Murray muerde más que nunca. Y por situación, Djokovic asoma con el colmillo tan afilado como cuando azotaba el circuito con mano de hierro. Lleva 81 partidos este año, más que nadie. Pero poco importa. Sabe que ya no duda en la batalla. Ahora ruge.