La evolución del guerrero

Ferrer, impecable al servicio toda la semana, funde a Dodig (6-4, 6-7(5) y 6-1) y avanza a su cuarta final en Valencia. Melzer o Dolgopolov le separan de su sexto título en 2012.

La evolución del guerrero
Ferrer vuelve a la final de Valencia tras su título de 2010.

Bajo la cúpula metálica del Ágora, una transformación: David Ferrer, ese hombre de piernas infinitas, alcanza con sufrimiento su séptima final del año en Valencia (6-4, 6-7(5) y 6-1 a Ivan Dodig) con más argumentos de los que propone su expediente. Está la lucha y el espíritu del guerrero, ambos facturados de serie. Pero también el trabajo a media pista, aquél que mide su desarrollo como tenista. Porque el alicantino, a sus 30 años, ya no fija su destino sólo al ritmo. Ahora altera las fórmulas, sirve con fuego (74% de efectividad) y hace fortuna en la red. En definitiva, amplía su radio de acción. Así se explican sus cinco títulos en lo que va de 2012 sobre tres superficies tan dispares como la tierra (Buenos Aires, Acapulco y Bastad), el cemento (Auckland) o la hierba (Hertogenbosch). Así se mide su grandeza.

Y es que ya se sabe, no se progresa, se evoluciona. En el caso de Ferrer, su cambio se entiende desde los números. Nunca acumuló tantas victorias en una misma temporada (66). Ni tantos buenos resultados en Grand Slams (llegó a cuartos de final en todos, siendo semifinalista en Roland Garros y US Open). Esta experiencia le sirvió ante Dodig. El croata, aunque de cuna bosnia (Medjugorje), es un peligro con tarjeta de presentación tras sorprender el pasado año en Montreal a Rafael Nadal. No al principio, pues Ferrer le erosionó con peloteos interminables. Rompió en blanco (4-3) y siguió fiel a su táctica, alternando la pluma con el martillo.

Todo cambió mediada la segunda manga, en la que Dodig apuntaló sus opciones al saque. Cogió confianza (2-5) y jugó a la ruleta, tan letal como disparatado (5 dobles faltas) en la propuesta. Este descontrol le sirvió a Ferrer para coger aire (5-5) y para reprogramar el plan de ataque. No de primeras, ya que desaprovechó hasta tres nuevas opciones de ‘break’ en un juego que se prolongó hasta la eternidad (más de 20 minutos). Ni en el desempate, finalmente del lado del balcánico por hambre y voluntad. Sino en un último set que se decidió por el peso de la lógica: cuando son los pulmones los que deciden, Ferrer siempre prevalece.

De este modo, el número cinco del mundo dispondrá de una oportunidad inmejorable para volver a triunfar en Valencia (como en 2008 y 2010), en su casa. En la final espera el vencedor del duelo entre Alexandr Dolgopolov y Jurgen Melzer. Pero también algo más, la culminación como un jugador multipista. Porque poco le importa la superficie propuesta. O que la suerte se decida al aire libre o bajo techo, allí donde la atmósfera acelera las pulsaciones y los golpes en un compás vertiginoso. No a este Ferrer evolucionado. No a este guerrero.