Dolgopolov instaura la anarquía en el Ágora

El tenista ucraniano acaba frustrando los planes de Jurgen Melzer, que cayó por 6-4 y 6-2 en una hora y catorce minutos. Dolgopolov será el opositor de David Ferrer en la final del Open de Valencia.

En el Ágora de Valencia se prepara la disputa de un encuentro incierto. En un deporte de choque de estilos, objeto de estudio de los estrategas, surge un hombre cuya máxima es jugar por diversión y batallar en cada punto como de su raqueta fluyan las ideas. La imprevisión, una pesadilla para el rival. La anarquía, su tarjeta de presentación. La asombrosa calidad técnica y táctica, el sustento de lo anterior para que dentro del caos reine la voluntad del jugador que lo incita. Él es Alexandr Dolgopolov, y hoy ha obtenido el pase a la final del Open de Valencia a costa de un Jurgen Melzer que se ha visto atrapado en la pista e incapaz de desarrollar las virtudes de su juego, cayendo por 6-4 y 6-2 en una hora y catorce minutos.

Después de perder precisamente ante Melzer en Pekín y romper con su entrenador, Dolgopolov ha encontrado en Valencia la paz necesaria con su raqueta, desarrollando un juego demoledor bajo la supervisión de su padre, su nuevo instructor. Campeón del torneo de Washington esta campaña -junto con el de Umag en 2011, sus dos únicos trofeos-, mañana tendrá ante David Ferrer una oportunidad única para enterrar los colapsos mentales que le han hecho ser conocido también por su irregularidad y por ser una eterna promesa de cara a un 'top ten' para el cual es más que apto.

El partido arrancó con ambos jugadores acertados al servicio, situación que poco a poco se iría abriendo. Con el paso de los puntos, Dolgopolov comenzaba a desmontar el juego plano que desde el fondo de pista planteaba el veterano Jurgen. El ucraniano forzó a su rival a jugar dentro de la pista, rompiendo el ritmo a un Melzer que se veía atacado por golpes cortados profundos y cortos, pelotas francas que luego volvían a la velocidad del rayo y bolas a baja altura que luego volaban altas, endiabladas. Bajo esta coyuntura, Alexandr consiguió entrar en una espiral de errores que le acabó favoreciendo. Rompió a Melzer y acto seguido le rompieron el servicio a él. En el siguiente juego, se sucedió la tercera rotura consecutiva, sufriendo Melzer el acoso y derribo de un Dolgopolov que parecía haber recobrado la estabilidad en su tenis. Abanderado en un servicio rápido en su ejecución, difícil de leer, veloz y efectivo (85% de efectividad con el primer servicio), el ucraniano adquirió la ansiada distancia en el marcador que poco después le daría el primer set.

En el segundo set no hubo ningún punto de inflexión que cambiara la tónica del encuentro. En el primer juego Dolgopolov consiguió romper a Melzer, que cada vez se mostraba más nervioso e incómodo sobre la pista, bordeando la desesperación. Reflejo de ello es la baja efectividad que mostró con su servicio en el segundo acto del encuentro -colocó únicamente el 36% de las pelotas en juego con su primer servicio, que paradójicamente acabó siendo menos efectivo que el segundo-. Y es que Melzer, cada vez que recogía la mercancía proporcionada por los recogepelotas, golpeaba las bolas al suelo con violencia, intentando liberarse de unas malas sensaciones que le persiguieron hasta el último punto, no sin antes volver a encajar otra rotura de servicio -tanto él como Dolgopolov no fueron capaces de defender ningún punto de quiebre-.

Marcel Granollers, defensor del título en Valencia, ya se vio desarticulado por Alexandr: "en ningún momento me he sentido cómodo, su juego me ha molestado mucho", reconoció al perder, declaraciones que resumen sensaciones presentes este sábado en el rostro de Melzer. Verdugo también de Filippo Volandri y del cañonero Gilles Muller, este domingo Alexandr tendrá la oportunidad de instaurar la anarquía de nuevo en el Ágora de Valencia, hecho que le ayudará a poner orden en su cabeza. Aparente contradicción, es esa antítesis la que alimenta a un jugador único en un tenis donde cada vez reina más la potencia y el físico.