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Mil veces Federer

El suizo vence a Del Potro en su partido número 1.000 como profesional y accede en Australia a sus trigésimas semifinales en un grande. Nadal o Berdych, su próximo rival.

Mil veces Federer
Del Potro figura cabizbajo con Federer en plano largo en Australia.

El fuerte calor (35 grados) cocina las piernas de Juan Martín del Potro mientras trata de frenar a la tormenta. Son los cuartos de final del Abierto de Australia y se agarra a la pista al discutir a golpe de maza (4-4) con Roger Federer, la tempestad con raqueta. Fijo como un peñón, su brazo armado siembra el caos. Pero, en movimiento, su voz tiembla. Así, entre cortados y cambios de altura, el argentino termina sucumbiendo (6-4, 6-3 y 6-2) ante el número tres del mundo, un devorador de récords. Suma 1.000 partidos en el circuito (814 victorias), más de dos millares de sets (2.002) en la buchaca, 233 triunfos en Grand Slam (el máximo histórico junto a Jimmy Connors) y 30 semifinales en las cuatro grandes plazas. Cotas propias de gigantes.

“Estoy muy feliz por cómo jugué el partido”, comenta feliz el helvético; “las condiciones no eran fáciles. Juan Martín le pega muy duro a la pelota. Pero lo sabía y fui capaz de moverle”, resuelve. Y no sólo eso. Además de los citados cambios de altura, Federer construyó su fortaleza con su revés paralelo, tan grácil como letal. Lo aplicó hasta en tres ocasiones para saldar al resto (con 5-4 a favor) el primer set. Lo alternó con un ‘drive’ que no tuvo réplica, que con altas temperaturas lanza mortero. Incluso lo usó como escudo frente a las acometidas de Del Potro, finalmente ahogado. Así, con la precisión de los elegidos, el suizo cerró por la vía rápida (con una ruptura al inicio de cada parcial) un encuentro que se antojaba agotador. Y con 38 golpes ganadores. Intratable.

Ahora, en semifinales (espera al vencedor del duelo entre Rafael Nadal y Tomas Berdych), su ambición le desplaza hacia nuevas marcas. Más títulos de Grand Slam (lleva 16), el oro olímpico o incluso su regreso al número uno del mundo. Algunos pensarán que es tarde a sus 30 años. Que su talento natural está limitado con la potencia de las nuevas generaciones. Que sus días de gloria son un vago recuerdo de las 1.000 tardes junto a él. Se equivocan. “Siento que estoy listo para lo que se avecina”, avisa. Será mejor que le crean.

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