Nadal: “No debo perder pista”
El balear, letal en su rush final ante Berdych, admite que sus opciones en semifinales frente a Federer pasan por un juego agresivo y dominante.
Sobre la noche oceánica estallan los pelotazos de Tomas Berdych en armonía con los gritos de Rafael Nadal Parera. El primero martillea con tiros cargados de electrodos, el segundo sobrevive en la trinchera. El español vive anclado tres metros por detrás de la línea de fondo, contra la valla. Ahogado, no se atreve a dar un paso al frente, a poner minas en vez de tratar desactivarlas. Son las dudas de final de 2011, aquellas que hablan de un jugador predecible. Pero entonces, cuando el abismo asoma inmisericorde (7-6, 6-5 y bola de set para el checo), todo cambia. Ya no juegan las cabezas, lo hacen los corazones. “Necesitaba encontrar soluciones para atacar su servicio. Hasta ese momento trataba de devolver la bola y disputarla como pudiera. Luego fui agresivo, busqué ganar el punto”, comenta el número dos del mundo. Y lo hizo. En el territorio de las emociones, Nadal prevalece. Remonta (6-7, 7-6, 6-4 y 6-3), recuerda cuál es su fortaleza y se cita con Roger Federer en semifinales. En suelo reservado a gigantes.
“Nos conocemos muy bien. Sé que saldrá a jugarme otra vez muy agresivo, como lo hizo en el Masters de Londres (perdió Rafa por 6-3 y 6-0, bajo techo). Tengo que estar más vivo de piernas, más agresivo y jugar con intensidad desde el principio”, recuerda el balear, que sabe que al aire libre, con el viento suspirando malos consejos, tiene más posibilidades ante el suizo. “Mi única opción es jugarle de tú a tú, sin perder pista. Si estoy en una posición negativa desde el primer intercambio, encontrará golpes ganadores con facilidad. Tengo que hacer que sienta que para ganar los puntos tiene que golpear a la pelota bastantes veces bien”, resume experto. Y con razón. Nadie ha vencido más al maestro (16-9 en duelos personales). Ni siquiera en pista dura sin la protección de los elementos (4-1).
Pero, cómo se puede transmutar el miedo en determinación tan de repente. Cómo Nadal pasa de ser presa a lobo hambriento en un par de golpes. “Simplemente, con mentalidad adecuada. Los cambios que trato de implantar en mi juego (con una raqueta más pesada que suministre potencia) están siendo bastante satisfactorios, y eso que apenas he tenido tiempo para ejercitarlos. La idea es automatizar cuanto antes el cambio y, partidos como los de esta tarde ante Berdych, ayudan mucho. Me dan confianza”, concluye.
Ahora, es el momento del análisis. Si Nadal juega anclado sobre la línea de fondo, en la zanja de los valientes, tiene motivos para la esperanza. Desde aquí su brazo gobierna, sus rivales corren de lado a lado, empapados de esfuerzos. Sobre esta posición ataca la bola siempre en franquía, nunca hacia atrás, aprovechando la aceleración de su palanca. Sólo así podría vencer a Federer y aspirar a levantar un segundo entorchado en Melbourne Park (como en 2009) que se antojaba imposible hace unas semanas. Sólo así puede revertir la tendencia con Novak Djokovic, su bestia negra. Cierto que su reconstrucción aún está a medio camino. Pero se ve preparado para todo. Se lo dice su corazón.



