Djokovic - Ferrer: En busca del tercer sacramento
Serbio y español se ven las caras (9:30, Canal+ y Eurosport) en busca de un billete para las semifinales.
A partir de las 9:30 hora española se dirimirá el duelo entre Novak Djokovic y David Ferrer por ver quién es el segundo de los semifinalistas de este Open de Australia. Todas las luces apuntan al serbio, tan apabullante en esta primera semana como en el pasado curso, pero es imposible descartar así como así al Ferru. El gladiador de Jávea buscará dar la sorpresa como hiciera el pasado noviembre en el Masters de Londres, donde arrolló en una demostración de poderío al balcánico dejándole hacer apenas cuatro juegos.
Pero quien verdaderamente conoce el potencial del español es precisamente el propio Novak Djokovic. El serbio es consciente de las dificultades que este duelo puede entrañarle, y tras las dudas que dejó a la hora de cerrar el partido ante Hewitt no puede titubear mañana ni un solo instante. Tendrá que volver a hacer ejercicio de su impecable dominio desde el fondo si no quiere llevarse ningún susto, sabedor de que a la mínima duda el látigo de Ferrer, ejecutado con su derecha impávida, puede herirle de muerte. Porque Ferrer no va a ser un convidado de piedra, toda vez que parece haber superado sus problemas de muñeca. El de Jávea se juega aquí 360 puntos (el pasado año avanzó hasta las semis) importantes para conservar su posición en el ranking, y deberá defenderlos con uñas y dientes habida cuenta de la dificultad de repetir un 2011 de tanto nivel como el que realizó y del acercamiento de hombres importantes como Tsonga o Del Potro.
Pero no es menos suculento el botín que Nole defiende en Melbourne, donde ganó el pasado curso poniendo las bases de una temporada divina. De este modo, uno y otro buscarán el tercero de los sacramentos: la confirmación. Djokovic, para demostrar al mundo que es el auténtico número 1 del presente y del futuro; Ferrer, para hacer bueno el dicho torero de que "no hay quinto malo". Pese a la humildad de que siempre hace gala el bueno de David, que se autodenominó en más de una ocasión como "el peor top ten de la historia", él mismo es consciente del nivel al que viene rayando en los últimos meses, y su hambre de triunfo no tiene fin.
En resumen, mañana la Rod Laver Arena acogerá un espectáculo digno de unos cuartos de final de un Grand Slam. Un enfrentamiento de dos jugadores opuestos en su estilo pero iguales en corazón y en momento de forma. La apuesta por el talento contra la garra elevada a su máxima expresión. El pronóstico está claro: ganará el tenis.



