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Roland Garros: la tierra parisina vale un billete para la hierba inglesa

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Roland Garros: "La armada española" más allá de Nadal

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Roland Garros: Nadal, Djokovic y la historia

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Nadal buscará derribar su último muro

El español Rafa Nadal intentará resarcirse de las derrotas del pasado año derrotando al serbio Novak Djokovic en la final del Abierto de Australia.

Nadal buscará derribar su último muro
Nadal buscará derribar su último muro

París, Francia. Rafa Nadal cae de rodillas. Tras un vistazo al cielo agacha la cabeza. Llora.  Una vez más lo ha conseguido. Ha mantenido su corona en Roland Garros proclamándose campeón. Siguiente estación, Wimbledon. El español aprieta el puño y mira a la grada diciendo: ¡Aquí estoy yo! Nadal había alcanzado la última ronda del torneo británico. Elevó los dos brazos al cielo y gritó ¡Vamos!, cuando selló su pase a la final del Us Open. Exactamente los mismos gestos que expresó el pasado jueves tras superar al genio Roger Federer.

Djokovic: La bestia negra de Nadal
 
Mira al horizonte. Ahí está, tumbado sobre el cemento. Nadal siente decepción. Caminando sin ganas, sabedor de que su esfuerzo no ha sido suficiente, se acerca a la red para esperar a que llegue su rival, el vencedor, el que se acerca corriendo para recibir la felicitación del tenista al que acaba de superar por sexta vez consecutiva. Esa mirada fría hacia la cara del serbio en mitad de pista tras el partido, es la que refleja la impotencia de un Nadal que caía una vez más ante el serbio. Indian Wells, Miami, Madrid, Roma, Wimbledon y ahora el Us Open. ¿Habíamos perdido al mejor Nadal?
 
Nadal nunca se fue
 
Nadal afronta ahora en Australia su cuarta final de Grand Slam consecutiva. Un dato histórico, sin duda, que llega después de muchas dudas. El 2011 fue año de desconfianza. Una desconfianza para la que el español no nos dio motivos. Tras perdurar mucho tiempo en la cumbre, la pérdida del trono mundial fue algo muy difícil de asimilar. Esto, sumado a la impotencia del español cada vez que se veía las caras con Djokovic, hizo pensar a más de uno que Nadal ya no era el mismo que deslumbraba al mundo años atrás. Su gran andadura hasta alcanzar la final del Abierto de Australia ha abierto los ojos al aficionado que los cerró sin motivo alguno, meses atrás.
 
Un cambio que posibilita la victoria
 
Nadal nunca se fue, pero acabó el pasado año consciente de que tenía que cambiar algo para derrocar al serbio. El español no es un tenista al que le baste dar un mínimo. Tiene presente como obligación propia, el dar lo máximo para estar arriba. Las armas desplegadas en el 2011 no bastaron y, tras la Copa Davis, Nadal empezó a planear un cambio de juego. Un cambio pensado única y exclusivamente para regresar al número uno mundial. Para no volver a ceder ante el serbio. Y es esto es lo que diferencia a un verdadero profesional de un tenista conformista. El segundo escalafón no es válido para un Nadal decidido a recuperar el trono perdido.
 
Tres gramos más de peso a la cabeza de su raqueta. Esta fue la primera decisión que tomó Nadal. La adaptación se planteaba costosa en un principio, sin embargo, los resultados no se han hecho esperar. El de Manacor ha cambiado su juego para ser más agresivo, atacar con la derecha y aprovechar así el aumento de la potencia en su golpe. No ha dejado de lado la defensa que siempre le ha caracterizado y que tantos nervios causan al rival. Sin embargo, la primera opción del español ahora es mover al rival de lado a lado, dominar con su derecha y acercarse a red sin temor para cerrar de forma rápida y con solvencia cada punto. Nadal espera, con estos cambios, poder superar al serbio, que tantos problemas le causó la pasada temporada.

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