Novak el desconcertante
El tenista serbio llega a la final habiendo dejado muchas dudas durante su andadura en Melbourne.
Tercer capítulo. No han tenido suficiente en Londres y Nueva York, por lo que Novak Djokovic y Rafael Nadal se han vuelto a citar en Melbourne para cerrar el primer Grand Slam de la temporada. Djokovic acude a la cita temeroso. No es el mismo tenista hambriento, dominador e irreverente que deslumbró en 2011. Pero sigue ganando como entonces, y eso le da el crédito suficiente como para ser el favorito en las quinielas.
Durante estas dos semanas, especialmente en la que aún transcurre, ha mostrado sus debiildades casi tanto como en todo el curso pasado. Hemos vuelto a ver su versión más errática, ha vuelto a atascarse en momentos como el set cedido a Hewitt o como durante medio partido ante Murray. Pero Djokovic sigue despertándose cuando está entre la espada y la pared. El carácter ganador que ha adquirido en 2011 sigue acompañándole donde quiera que va, y la sola escucha de su nombre hace temblar a cualquiera.
También ha parecido en estos pasados días cansado físicamente... pero no de ganar. Jamás ha cansado la victoria, tan sabrosa como adictiva, y Djokovic se ha enganchado a ella irremisiblemente. Aún extenuado, es incapaz de venirse arriba, de ceder la iniciativa, de ser uno más. Nole es el número 1. Lo demuestra a cada golpe, lo sabe y lo hacer saber cuando conecta un tiro imposible, se golpea el pecho y eleva al cielo su índice. Ese índice que le ayuda a empuñar la raqueta posiblemte con más magia del circuito. Raqueta con la que ejecuta esas defensas imposibles a las que llega con sus piernas, pesadas en el pasado y ligeras como plumas en la actualidad. Con la que dicta el tiempo del partido, que discurre a su antojo. Parece mentira que esa misma mano se dedicara otrora a romper raquetas; mucho mejor que siga rompiendo almas y records.
Mañana le espera uno de los retos más difíciles de su carrera, sino el que más. Dicen, y con razón, que lo difícil no es llegar, sino mantenerse. Y si duro fue el trabajo que se terminó conviertiendo en tres títulos de Grand Slam, más aún lo será la defensa de todos los trofeos que añadió el pupilo de Marian Vajda a su vitrina el pasado año. Toda la presión en sus hombros. El año pasado escribió en Australia su nombre en letras doradas por segunda vez. "No hay dos sin tres", piensa Djokovic, buscando una nueva conquista con el apetito intacto y el corazón poniendo lo que sus pulmones no alcancen a dar. Suerte Nole.



